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Advierte peligro si Ortega llega al poder

Populismo. El candidato a la presidencia de Nicaragua opina que la injerencia de Hugo Chávez es inminente si Daniel Ortega llega al poder. El FMLN, dice, gozaría también del apoyo chavista.


Publicada 8 de septiembre de 2006 , El Diario de Hoy

Visita. El candidato estuvo en las oficinas de El Diario de Hoy, donde compartió su visión.
Perfil
Eduardo Montealegre tiene 51 años y cuatro hijos.

Estudió una licenciatura en economía en la Universidad Brown, Rhode Island, EE.UU. Luego cursó una maestría en Harvard.

Se ha dedicado a la banca durante una década. En Nueva York llegó a ser vicepresidente de la firma Shearson Lehman Hutton. Después fundó en Miami una compañía de asesoría financiera.

Fue ministro de la presidencia, en 1991, en el gobierno de Arnoldo Alemán. Luego fue nombrado canciller.

En el mandato de Enrique Bolaños, ejerció como ministro de Hacienda. También fue secretario de la Presidencia y Coordinador del Gabinete.

Fue expulsado del partido de Alemán por oponerse al control que ejerce el ex presidente, que cumple una condena por corrupción.
Ciro Granados
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Eduardo Montealegre no le tiembla la voz cuando sostiene que si Daniel Ortega llega a la presidencia de Nicaragua, el gobernante de Venezuela y aliado del sandinista, Hugo Chávez, tendrá un pie en Centroamérica. Una bota de expansión populista.

Como candidato a la presidencia de su país por la Alianza Liberal Nicaragüense y adversario del eterno aspirante al cargo, Montealegre advierte que si su rival se sienta en la silla del Ejecutivo, los efectos se harán sentir en El Salvador.

¿Cómo? Fácil: Ortega sería una puerta de entrada para el chavismo a la región y tendría los brazos abiertos del FMLN, socio tradicional de Ortega y del venezolano.

En Nicaragua, las encuestas se mantienen en un cerrado margen. El aspirante de la Alianza, que ayer visitó El Diario de Hoy, espera que los números cambien cuando el elector esté solo, frente a su conciencia y a la papeleta.

“Esta es la elección más importante desde la llegada de Violeta Chamorro; aunque, ahora tenemos a un Chávez, con ideología izquierdista pero con los recursos que nunca tuvo Fidel Castro”, comenta.

Esos recursos le permiten al venezolano enamorar conciencias. A Nicaragua le ha tocado el son de venderle combustible barato, lo mismo que intentaría hacer con alcaldes del FMLN en El Salvador, y con el mismo método de crear empresas mixtas que comprarían derivados de petróleo para pagarlos en 25 años.

La propuesta electoral de Montealegre, sostuvo, se ancla en la oferta de empleo, derivado de la inversión, y que el crecimiento económico “macro” pueda permear hacia la clase más necesitada.

Sin embargo, la lucha se prevé cerrada. Y de ahí la advertencia. Cerrada porque los votos que tenía el fallecido candidato Herty Lewites, disidente del sandinismo, se han marchado hacia las trincheras de Ortega y le han sumado un 5% extra.

Lo de la intromisión chavista, en palabras del político, va más allá. “Ortega también apoyaría al FMLN”, dice. Sus palabras se pueden contrastar con las diversas ocasiones en que el candidato del sandinismo ha asistido a eventos farabundistas, y viceversa.

Punta de lanza

El aspirante de la Alianza, que se mantiene en cerrada lucha con Ortega en los sondeos de opinión, asevera que apuesta a la memoria para romper el hechizo de los números.

“Al nicaragüense se le recuerda el holocausto sandinista”, explica, antes de añadir que el votante ha escuchado muchas ofertas, pero que ahora tiene un mayor nivel para calificarlas.

En la lucha por la presidencia, cuyas elecciones serán el 5 de noviembre, Montealegre se identifica con el pensamiento de los mandatarios del Istmo. “Los presidentes de Centroamérica lo que buscan es estabilidad... con Ortega, lo que habría es agresión”.

Los demás candidatos no le preocupan. Sus baterías están apuntadas contra el populismo que, dice, promueve su archirrival.

A la oferta populista, que Montealegre define como cantos de sirena, también le pone otro mote candente: “Son confites en el infierno”.

Comentario
Estabilidad regional
 
Nicaragua, a diferencia de El Salvador, sabe en carne propia lo que significa tener un gobierno de tipo socialista, como el que presidieron los sandinistas en la década de los ochenta.

El desastre económico y social fue tan grande, que en los últimos tres gobiernos, presididos por Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños, la tarea principal ha sido reconstruir el país y alcanzar los niveles que se tenían hace 20 años.

En buena parte de esta labor de reconstrucción —que sin duda alguna ha afectado directamente a los más pobres de Nicaragua— ha tenido que ver el ahora candidato Eduardo Montealegre, quien está en una cerrada disputa por la presidencia con el sandinista Daniel Ortega.

Montealegre se encuentra estos días en El Salvador, y durante su visita a El Diario de Hoy dejó claramente planteada su decisión de continuar con el proceso de reactivación de la economía nicaragüense creando más y mejores fuentes de trabajo.

Y es que no puede ser de otra manera. Tal como lo dice el dirigente liberal, las falsas promesas de los populistas, como lo hace nuevamente Ortega con el apoyo del gobernante venezolano, Hugo Chávez, los llevarían de nuevo al desastre económico.

Aunque, no solo se trata de la reactivación, sino también de afrontar la corrupción en que ha estado involucrado tanto el ex presidente Alemán como Ortega.

A sabiendas de que el combate a la corrupción requiere mucho trabajo, decisión y valentía política, que dice poseer el candidato Montealegre, lo importante es que la gestión de este liberal garantiza la estabilidad en la región y evita que manos extrañas, ideas populistas promovidas desde el chavismo enfrasquen a Centro América en una nueva zona de tensión, como padeció durante la década de los setenta y ochenta.

En Nicaragua, tal como aseveró Montealegre, la disputa no es entre izquierda y derecha, o entre los antisistema y los defensores del sistema, sino entre el régimen anterior de caos y desastre representado por Ortega, y las fuerzas progresistas que buscan el crecimiento económico y la erradicación de la extrema pobreza por medio de programas sensatos y de futuro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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