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| Visita. El candidato estuvo en las oficinas de
El Diario de Hoy, donde compartió su visión. |
| Perfil |
Eduardo Montealegre tiene 51 años y cuatro
hijos.
Estudió una licenciatura en economía en la Universidad
Brown, Rhode Island, EE.UU. Luego cursó una maestría
en Harvard.
Se ha dedicado a la banca durante una década. En Nueva York
llegó a ser vicepresidente de la firma Shearson Lehman Hutton.
Después fundó en Miami una compañía de
asesoría financiera.
Fue ministro de la presidencia, en 1991, en el gobierno de Arnoldo
Alemán. Luego fue nombrado canciller.
En el mandato de Enrique Bolaños, ejerció como ministro
de Hacienda. También fue secretario de la Presidencia y Coordinador
del Gabinete.
Fue expulsado del partido de Alemán por oponerse al control
que ejerce el ex presidente, que cumple una condena por corrupción. |
Ciro Granados
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Eduardo Montealegre no le tiembla la voz cuando sostiene que si Daniel
Ortega llega a la presidencia de Nicaragua, el gobernante de Venezuela
y aliado del sandinista, Hugo Chávez, tendrá un pie en Centroamérica.
Una bota de expansión populista.
Como candidato a la presidencia de su país por la Alianza Liberal
Nicaragüense y adversario del eterno aspirante al cargo, Montealegre
advierte que si su rival se sienta en la silla del Ejecutivo, los efectos
se harán sentir en El Salvador.
¿Cómo? Fácil: Ortega sería una puerta de entrada
para el chavismo a la región y tendría los brazos abiertos
del FMLN, socio tradicional de Ortega y del venezolano.
En Nicaragua, las encuestas se mantienen en un cerrado margen. El aspirante
de la Alianza, que ayer visitó El Diario de Hoy, espera que los
números cambien cuando el elector esté solo, frente a su
conciencia y a la papeleta.
“Esta es la elección más importante desde la llegada
de Violeta Chamorro; aunque, ahora tenemos a un Chávez, con ideología
izquierdista pero con los recursos que nunca tuvo Fidel Castro”,
comenta.
Esos recursos le permiten al venezolano enamorar conciencias. A Nicaragua
le ha tocado el son de venderle combustible barato, lo mismo que intentaría
hacer con alcaldes del FMLN en El Salvador, y con el mismo método
de crear empresas mixtas que comprarían derivados de petróleo
para pagarlos en 25 años.
La propuesta electoral de Montealegre, sostuvo, se ancla en la oferta
de empleo, derivado de la inversión, y que el crecimiento económico
“macro” pueda permear hacia la clase más necesitada.
Sin embargo, la lucha se prevé cerrada. Y de ahí la advertencia.
Cerrada porque los votos que tenía el fallecido candidato Herty
Lewites, disidente del sandinismo, se han marchado hacia las trincheras
de Ortega y le han sumado un 5% extra.
Lo de la intromisión chavista, en palabras del político,
va más allá. “Ortega también apoyaría
al FMLN”, dice. Sus palabras se pueden contrastar con las diversas
ocasiones en que el candidato del sandinismo ha asistido a eventos farabundistas,
y viceversa.
Punta de lanza
El aspirante de la Alianza, que se mantiene en cerrada lucha con Ortega
en los sondeos de opinión, asevera que apuesta a la memoria para
romper el hechizo de los números.
“Al nicaragüense se le recuerda el holocausto sandinista”,
explica, antes de añadir que el votante ha escuchado muchas ofertas,
pero que ahora tiene un mayor nivel para calificarlas.
En la lucha por la presidencia, cuyas elecciones serán el 5 de
noviembre, Montealegre se identifica con el pensamiento de los mandatarios
del Istmo. “Los presidentes de Centroamérica lo que buscan
es estabilidad... con Ortega, lo que habría es agresión”.
Los demás candidatos no le preocupan. Sus baterías están
apuntadas contra el populismo que, dice, promueve su archirrival.
A la oferta populista, que Montealegre define como cantos de sirena, también
le pone otro mote candente: “Son confites en el infierno”.
Comentario
Estabilidad regional |
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Nicaragua, a diferencia
de El Salvador, sabe en carne propia lo que significa tener un gobierno
de tipo socialista, como el que presidieron los sandinistas en la
década de los ochenta.
El desastre económico y social fue tan grande, que en los últimos
tres gobiernos, presididos por Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán
y Enrique Bolaños, la tarea principal ha sido reconstruir el
país y alcanzar los niveles que se tenían hace 20 años.
En buena parte de esta labor de reconstrucción —que sin
duda alguna ha afectado directamente a los más pobres de Nicaragua—
ha tenido que ver el ahora candidato Eduardo Montealegre, quien está
en una cerrada disputa por la presidencia con el sandinista Daniel
Ortega.
Montealegre se encuentra estos días en El Salvador, y durante
su visita a El Diario de Hoy dejó claramente planteada su decisión
de continuar con el proceso de reactivación de la economía
nicaragüense creando más y mejores fuentes de trabajo.
Y es que no puede ser de otra manera. Tal como lo dice el dirigente
liberal, las falsas promesas de los populistas, como lo hace nuevamente
Ortega con el apoyo del gobernante venezolano, Hugo Chávez,
los llevarían de nuevo al desastre económico.
Aunque, no solo se trata de la reactivación, sino también
de afrontar la corrupción en que ha estado involucrado tanto
el ex presidente Alemán como Ortega.
A sabiendas de que el combate a la corrupción requiere mucho
trabajo, decisión y valentía política, que dice
poseer el candidato Montealegre, lo importante es que la gestión
de este liberal garantiza la estabilidad en la región y evita
que manos extrañas, ideas populistas promovidas desde el chavismo
enfrasquen a Centro América en una nueva zona de tensión,
como padeció durante la década de los setenta y ochenta.
En Nicaragua, tal como aseveró Montealegre, la disputa no es
entre izquierda y derecha, o entre los antisistema y los defensores
del sistema, sino entre el régimen anterior de caos y desastre
representado por Ortega, y las fuerzas progresistas que buscan el
crecimiento económico y la erradicación de la extrema
pobreza por medio de programas sensatos y de futuro. |

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