| Álvaro
Vargas Llosa*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
WASHINGTON, D.C. Mientras el mundo seguía de cerca el drama
del uranio iraní, los latinoamericanos también eran noticia
por razones nucleares. Argentina y Brasil han relanzado a lo grande sus
respectivos programas de energía nuclear y, a pesar del escepticismo
inicial de la presidenta Michelle Bachelet, Chile empieza a ponderar esa
opción.
En el caso de Brasil y Argentina, está en juego una rivalidad
antigua y tan intensa que hay chistes como éste. Un brasileño
le cuenta a un oficial que atropelló a un turista argentino y olvidó
informar a su familia. El oficial responde: “Bien hecho, habría
provocado una guerra si les avisaba. Usted es todo un pacifista”.
“Pero cuando lo enterré, el tipo gritó que estaba
vivo”, explica el compungido brasileño. “No se preocupe”,
responde el policía, “todos mienten”.
Brasil, que posee las sextas mayores reservas de uranio en el mundo, ha
inaugurado dos centrifugadoras en su planta de enriquecimiento de Resende.
Esta planta abastecerá a los dos reactores nucleares, que proporcionan
actualmente el cuatro por ciento de la electricidad. El plan anunciado
por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva potenciará significativamente
el componente nuclear de la matriz energética con siete nuevos
reactores a quince años plazo.
En la Argentina, cuyos dos reactores nucleares suministran ya el nueve
por ciento de la electricidad, el presidente Kirchner ha anunciado un
paquete de $3.500 millones que consiste en construir una tercera planta,
realizar estudios de factibilidad para una cuarta y reabrir la usina de
enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu, cerrada en 1983 tras la revelación
de que la dictadura había desarrollado un proyecto de armas nucleares.
Ambas naciones juran que sus intenciones son benignas. Las centrifugadoras
del Brasil sólo enriquecerán uranio hasta un 3,5% U235,
bien por debajo del 90% necesario para producir armamentos. Sin embargo,
ambos estamentos militares tienen antecedentes oscuros.
En los años 70, Brasil canalizó secretamente su tecnología
hacia el programa militar de “Solimoes”. Ante la presión
extranjera, el proyecto fue abandonado en 1990. Por su parte, las fuerzas
armadas argentinas desarrollaron los misiles estratégicos “Cóndor”
hasta su cancelación en los años 90. Desde entonces, los
dos países han suscrito y cumplido tratados de noproliferación
y ya no gobiernan los militares.
Apunto esto porque no existe lógica económica alguna detrás
del lanzamiento de estos mastodónticos programas de energía
nuclear. Se trata exclusivamente de una cuestión de orgullo nacional
y de una competencia de poder regional. Los problemas energéticos
podrían ser resueltos fácilmente de manera más económica.
La crisis energética argentina se debe a que el control de precios
ha provocado una sequía de inversiones en gas natural en el momento
en que el crecimiento económico ha impulsado la demanda de electricidad.
Desde 2002, la capacidad de generación de electricidad del país
se ha mantenido alrededor de los 17.000 megavatios, mientras que la economía
ha venido creciendo a paso sostenido.
A su vez, los brasileños están preocupados por la nacionalización
de los hidrocarburos en Bolivia, pues dependen de ese país para
la mitad de su consumo de gas natural. Pero el gas es todavía un
parte pequeña del “mix” energético y Brasil
ha anunciado que muy pronto logrará la “independencia”
petrolera. Gracias a una moderna tecnología, Petrobrás está
perforando yacimientos muy profundos en los campos petrolíferos
de Barracuda y Caratinga, en pleno Océano Atlántico, al
este de Río de Janeiro.
Es cierto: hay un “revival” nuclear en el mundo. Los europeos
están construyendo o renovando plantas, y Washington impulsa un
costoso esfuerzo para dar a la energía nuclear el beso de la vida.
También Rusia, India y otros países están encargando
nuevos reactores, al igual que Australia (este último con tecnología
argentina).
Los altos precios del petróleo y la limpieza de la energía
nuclear han ayudado a superar el trauma causado por el accidente de Three
Mile Island en los EE.UU. y, especialmente, el desastre de Chernobyl...
¿Cuánto durará esta nueva moda? Probablemente hasta
que algún acontecimiento lleve a la gente a decir que la energía
nuclear no es tan limpia después de todo, dado que, tras sesenta
años de investigaciones, no se ha hallado una solución perfecta
para disponer de los residuos nucleares.
Si Estados Unidos, país muy próspero, quiere desviar recursos
para subvencionar el renacimiento de la energía nuclear en el contexto
de la histeria generalizada contra el petróleo, es un lujo que
probablemente pueda solventar. Sudamérica, no.
*Director del Centro para la Prosperidad Global
en el Independent Institute. VLlosa@independent.org.

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