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Palabras
El clímax de la felicidad perdida

Para los griegos el hombre era el triste animal de los placeres corporales.

Publicada 8 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Para ellos el ser humano era el “triste animal post coitum”, refiriéndose a la felicidad perdida después del orgasmo sexual (el hombre entristece luego del cisma sexual).

El mismo éxtasis que arrebata de golpe la felicidad de la entrega, la culminación del arte amatorio, el sublime espasmo de morir un poco en el amor y en el deseo.

Porque cuando pasa la felicidad carnal sólo queda lo permanente del deseo espiritual.
Después del auge, esplendor y culminación de la entrega, sobreviene el vacío.

Ya no hay más que dar, se dio todo, por tanto nada queda. Sólo el constante nacer de la inocencia y el repetitivo morir de la ilusión.

El amante viajero es aquel que se va antes que muera el amor. Es mejor para él dejar vivo el amor --aunque duela-- en vez de verlo morir. Antes que la gloria del romance pase, el amante --tránsfuga, golondrino, fugitivo, el desertor, escapado y prófugo-- huye en el primer tren.

Aprende a vencer la emisión precoz o temprana. Aprende técnicas de prolongar el gozo corporal unido al espiritual. De esa unión depende el esplendor de la alquimia del eros.

De la máxima alianza del cuerpo y del alma. Es el clímax de la felicidad perdida. La que sólo puede eternizar el deseo profundo.

(palabrasbalaguer@gmail.com)


Día a día
El conocimiento

Las estructuras del conocimiento se vuelven más y más complejas en proporción directa al tamaño de las actividades y las empresas involucradas. Es por ello que cuando se interfiere en los procesos de decisión (como sucedió en El Salvador al estatizar los bancos) el conjunto se ve severamente afectado o colapsa con estrépito.

Es lo que a corto plazo va a suceder en Bolivia y está pasando en Venezuela, que no se derrumba gracias a la enorme entrada de dinero por la venta de petróleo, pero que a la corta no podrá detener la caída.

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