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Diario de Hoy
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Para apuntalar al candidato sandinista, el dictadorzuelo de Venezuela,
Hugo Chávez, anda repartiendo dinero, fertilizantes y créditos
para comprar gasolina en Nicaragua.
Valiéndose de la red de alcaldías en poder de los sandinistas,
Chávez regala urea a pequeños agricultores y está
por firmar un convenio de venta de petróleo pagadero a varios años.
Lo triste y trágico es que sin enterarse del todo, los nicaragüenses
pueden estar vendiendo su alma al Diablo en caso de que por las dádivas
salga electo Daniel Ortega, el mismo que llevó a Nicaragua a la
bancarrota en los años de la locura.
El supuesto regalo de gasolina, lo que viene a ser la carnada más
gorda en el anzuelo que muchos nicaragüenses van a morder, es una
falsedad. La OPEP, la organización de productores de petróleo,
prohíbe a sus miembros, so pena de expulsión, regalar petróleo
o ninguno de sus derivados. Chávez quedaría expulsado de
la banda que en la actualidad desvalija a la mayoría de países
del mundo.
Durante los años del sandinismo, México extendió
un crédito a Nicaragua para la compra de petróleo, que se
acumuló hasta superar la cifra de mil millones de dólares,
suma que los nicaragüenses han venido pagando. “Compre petróleo
ahora y pague después”.
El después llegó pronto y ha sido uno de los factores en
la lenta recuperación del país; lo probable es que la gasolina
sirvió para apoyar al corrupto régimen de Ortega en aquellos
años.
Chávez se ha dado a la alegre pero perversa tarea de andar regalando
lo que no es suyo, sino un patrimonio de Venezuela. En la Edad Media,
reyes, nobles y aventureros con alguna frecuencia iban por la calle tirando
monedas al populacho, las que se recogían junto a patadas, empujones
y puñetazos. Las generosidades de Chávez son malversación,
lo que eventualmente puede hacerle pasar el resto de sus días en
la cárcel, aunque ya anuncia una presidencia vitalicia como la
de su mentor Fidel Castro, ahora víctima de lo que se supone es
un cáncer terminal.
Dos corruptos tras Nicaragua
Al sobornar electorados con el dinero venezolano, Chávez es congruente
con la práctica de rigor en las dictaduras comunistas: tomar como
suyo, o “del partido”, tanto la propiedad pública como
la privada, la que se reparte, regala o usa al capricho del carnicero
de turno.
En estos momentos, como se expone en los portales digitales de la Venezuela
“bolivariana”, el régimen va a caerle encima a los
campos de golf para “hacer viviendas para los pobres” (léase
los compinches), además de que las personas en cuyas casas, de
acuerdo con las inspecciones, tengan cuartos sin uso, estarán en
la obligación de acoger familias también escogidas a dedo
por los chavistas.
Esas prácticas han transformado a la antes señorial Habana
en un gigantesco mesón, e igual pasará con Managua y el
resto de ciudades nicaragüenses de llegar al poder Ortega, el de
la gran piñata, el de la violada hijastra Zoilamérica. Los
sandinistas llegarán a robar ahora lo que no consiguieron robar
entonces.
La mano de Ortega se ha reforzado con la alianza que pactó con
un gran corrupto, Arnoldo Alemán, la yunta repugnante de la política
nicaragüense. En previas contiendas el electorado supo reaccionar
a tiempo y salvarse de lo que sería una ruina económica,
política, social y sobre todo moral: reelegir al sandinista.

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