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Cirugía con música

Operación. Las melodías pueden ser un punto de debate entre el equipo quirúrgico y la ayuda práctica


Publicada 6 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

The New York Times
DANIEL J. WAKIN
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

Modernos beneficios. Hasta los más expertos cirujanos han adoptado la música en su práctica. Foto EDH

“Sombras Blancas”, de Coldplay, se escuchaba como un murmullo en el fondo. Un médico residente cortó el tejido cerca del riñón. “Waterloo”, de Abba, fue la siguiente canción.

Al otro lado del corredor, un reciente jueves por la tarde, el doctor William B. Inabnet, un cirujano endocrino, se preparaba para abrir el cuello de un paciente. Su iPod tocaba “La traviata”, de Verdi. “¡Locura, locura!”, cantaba la soprano Anna Moffo. Un monitor del corazón sonaba a un ritmo distinto, como un metrónomo fuera de tiempo.

Escalpelo, sutura y iPod

Era un día normal en el Hospital Presbiteriano de Nueva York en Manhattan. Allí la música llena la sala de operaciones gran parte del tiempo, como lo hace en otros hospitales. Al igual que la mayor parte de la vida moderna, la cirugía ha adquirido una banda sonora, ya sea de Sinatra o Vivaldi, Mozart o Bob Marley, “La Bohemia” o los Beatles. Los cirujanos afirman que los relaja, enfoca su atención y los ayuda a pasar el tiempo.

La mención del tema en las revistas médicas se remonta hasta hace 50 años, y un creciente cúmulo de investigaciones demuestra leves beneficios para el paciente y para el cirujano.

La música puede convertirse en un sutil punto de debate entre el equipo quirúrgico o una ayuda práctica. El ruidoso rocanrol es bueno para las operaciones de rutina, Mozart para las más delicadas. Incluso hay un género llamado “música de cierre”: sonidos ásperos para suturar.

Muchas salas de operación están equipadas con aparatos de música, aunque los iPods parecen ser el sistema favorito.

Debido al gran número de médicos que son músicos aficionados, la presencia de la música en el lugar de trabajo de un cirujano es natural.

El primer amor del doctor Inabnet es el jazz: John Coltrane, Miles Davis, Ella Fitzgerald, Billie Holliday. Cuando tiene operaciones difíciles, prefiere bandas vivaces: los Red Hot Chilli Peppers, por ejemplo. “Esa es buena música para el páncreas”, comenta. “Es un órgano que respeto enormemente”.

En general, el cirujano titular, la persona de mayor jerarquía en la sala de operaciones, decide la lista de canciones. El siguiente en importancia suele ser el anestesiólogo. Cualquier miembro del equipo tiene poder de veto si la música se vuelve un distractor o interfiere con el diálogo.

La música que requiere de concentración, como la de Mahler, es rara. Cuando surgen tensiones, la música suele ser apagada.

La opinión de los anestesiólogos es muy importante, ya que deben escuchar las pulsaciones emitidas por su equipo.

Estudios

En un sondeo de 200 anestesiólogos publicado en 1997 por la revista británica Anaesthesia, 72 por ciento de los consultados dijeron que se tocaba música de manera regular en sus salas de operación. Aproximadamente 26 por ciento creía que la música “reducía su vigilancia” e interfería con la comunicación. La mitad creyó que la música es un distractor cuando se topan con un problema.

En una carta a la Revista Médica de Australia, el doctor Richard H. Riley, de Perth, recordó que debemos permanecer alertas y no permitir que los avances en la tecnología de entretenimiento interfieran con la atención a los pacientes”.

Sin embargo, por lo menos cinco estudios publicados en la última docena de años muestran beneficios para los cirujanos y pacientes propiciados por la música, o al menos el hecho de que ésta no causa daño alguno. Uno halló que los cirujanos podían hacer caso omiso de la música durante tareas complejas y que fueron más rápidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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