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Vigoroso. Del ojushte se aprovechan las semillas,
madera y resistencia al viento. Foto EDH
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Alonso Rivera
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Tiene más vitaminas y proteínas que el maíz, trigo
o soya. Es una especie nativa muy promisoria y nuestros antepasados la
usaban como base alimenticia.
Sin embargo, pocos salvadoreños aprovechan las bondades del ojushte
(Brosimun terrabanum).
Los estragos de la deforestación y contaminación ambiental
y sus consecuencias en plantaciones de granos básicos, deben motivar
a buscar opciones alimenticias lejos de cultivos que fácilmente
son afectados por inundaciones o sequías.
“Esto podrá provocar la muerte de los cereales y por ende
la escasez de alimentos como el pan y las tortillas”, piensa el
Ingeniero Mariano Villatoro, del Instituto Agrícola San Andrés.
Es por ello que docentes y alumnos de ese centro de estudios han efectuado
investigaciones sobre alternativas alimenticias y concluyen que junto
al árbol de pan, el ojushte es una de las mejores opciones.
“Redescubrir” el ojushte como fuente de alimentos es importante,
piensa el Ing. Villatoro. La semilla de este árbol es rica en aminoácidos
como la lisina; contiene zinc, hierro, ácido fólico, potasio,
niacina, riboflavina y otros nutrientes.
Es bajo en grasa y alto en proteínas y vitaminas. Su semilla puede
ser base de harinas, pero también se come sancochada con sal, limón
y queso o se usa como base de sopas, horchatas, tortillas, galletas, postres,
puré y muchas otras formas.
El ojushte fue un pilar nutricional para nuestros antepasados y puede
serlo para las nuevas generaciones. “Nos corresponde hacer el puente
generacional cultivándolo “, indica el Ingeniero Villatoro.
Plantarlo es garantizar harina que se puede ofrecer con facilidad en mercados
locales o encontrar potenciales de exportación.
Además se contará con fuertes barreras rompevientos y se
estimula la reproducción de muchas especies animales silvestres.
La siembra no requiere de muchos cuidados
En Usulután hay plantaciones de éste árbol que también
se reproduce de forma silvestre en el bosque El Imposible, de Ahuachapán.
El Ing. Mariano Villatoro explica que cada ejemplar puede alcanzar 30
metros de altura. Se recomienda para proteger mantos acuíferos
o como barrera rompevientos.
Se siembran 200 árboles por manzana y cada uno dará 150
libras de semilla por cosecha.
Su raíz es vertical y puede alcanzar hasta 20 metros de profundidad,
por lo que soporta inundaciones o sequías, característica
muy deseable en una fuente productora de harinas que sustituya a los cereales.
La madera de éste árbol es excelente para realizar “encofrado”,
en la industria de la construcción y para elaborar comederos de
granjas.
El área de investigación del Instituto San Andrés
ha propagado masivamente esta especie, por su rentabilidad y bondades
nutricionales. También palo de pan, tempisque, matazano y otras
especies nativas.
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