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Ojushte: Harina y madera

Segunda entrega. Es una especie nativa que puede dar alimentos de buena calidad.

Publicada 5 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Vigoroso. Del ojushte se aprovechan las semillas, madera y resistencia al viento. Foto EDH

Alonso Rivera
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Tiene más vitaminas y proteínas que el maíz, trigo o soya. Es una especie nativa muy promisoria y nuestros antepasados la usaban como base alimenticia.

Sin embargo, pocos salvadoreños aprovechan las bondades del ojushte (Brosimun terrabanum).

Los estragos de la deforestación y contaminación ambiental y sus consecuencias en plantaciones de granos básicos, deben motivar a buscar opciones alimenticias lejos de cultivos que fácilmente son afectados por inundaciones o sequías.

“Esto podrá provocar la muerte de los cereales y por ende la escasez de alimentos como el pan y las tortillas”, piensa el Ingeniero Mariano Villatoro, del Instituto Agrícola San Andrés.

Es por ello que docentes y alumnos de ese centro de estudios han efectuado investigaciones sobre alternativas alimenticias y concluyen que junto al árbol de pan, el ojushte es una de las mejores opciones.

“Redescubrir” el ojushte como fuente de alimentos es importante, piensa el Ing. Villatoro. La semilla de este árbol es rica en aminoácidos como la lisina; contiene zinc, hierro, ácido fólico, potasio, niacina, riboflavina y otros nutrientes.

Es bajo en grasa y alto en proteínas y vitaminas. Su semilla puede ser base de harinas, pero también se come sancochada con sal, limón y queso o se usa como base de sopas, horchatas, tortillas, galletas, postres, puré y muchas otras formas.

El ojushte fue un pilar nutricional para nuestros antepasados y puede serlo para las nuevas generaciones. “Nos corresponde hacer el puente generacional cultivándolo “, indica el Ingeniero Villatoro.

Plantarlo es garantizar harina que se puede ofrecer con facilidad en mercados locales o encontrar potenciales de exportación.

Además se contará con fuertes barreras rompevientos y se estimula la reproducción de muchas especies animales silvestres.

La siembra no requiere de muchos cuidados

En Usulután hay plantaciones de éste árbol que también se reproduce de forma silvestre en el bosque El Imposible, de Ahuachapán.

El Ing. Mariano Villatoro explica que cada ejemplar puede alcanzar 30 metros de altura. Se recomienda para proteger mantos acuíferos o como barrera rompevientos.

Se siembran 200 árboles por manzana y cada uno dará 150 libras de semilla por cosecha.

Su raíz es vertical y puede alcanzar hasta 20 metros de profundidad, por lo que soporta inundaciones o sequías, característica muy deseable en una fuente productora de harinas que sustituya a los cereales.

La madera de éste árbol es excelente para realizar “encofrado”, en la industria de la construcción y para elaborar comederos de granjas.

El área de investigación del Instituto San Andrés ha propagado masivamente esta especie, por su rentabilidad y bondades nutricionales. También palo de pan, tempisque, matazano y otras especies nativas.

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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