| Alejandro Alle*
El Diario de Hoy
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Siendo la economía la ciencia social que estudia la forma de asignar los siempre escasos recursos disponibles para obtener la mejor satisfacción posible de las necesidades humanas, su ámbito de análisis (¡y de acción!) es mucho más amplio de lo que suele creerse.
Esto es así porque hablamos en términos genéricos de los “escasos recursos”, como por ejemplo el tiempo, y no exclusivamente del dinero (que también es escaso, obvio…), así como también de “las necesidades humanas”, que por definición siempre serán ilimitadas (quizás exceptuando a los monjes del Tibet, pero dudo que sea su caso…).
Una muestra del alcance de esta ciencia es un artículo publicado por Alan Walters, economista británico que fuera asesor de Margaret Thatcher, y figura clave del renacer económico verificado en el Reino Unido en los años 80.
La referida publicación se llamó “Una solución para el problema de las Malvinas”, islas del Atlántico Sur que desde hace muchísimos años se disputan Ar-gentina y el Reino Unido, y que inclusive ocasionaron una guerra en 1982.
Walters, profesor en la Lon-don School of Economics y en la Johns Hopkins University (un capo), que además conoció el tema de primerísima mano porque era parte del gobierno británico, aplicó en su artículo el más puro criterio microeconómico (recuerda que hace poco le hablé de macro, micro, y todo eso, ¿no?), y en resumen su posición es:
“La soberanía de las Malvinas debería decidirse por un plebiscito entre los isleños, y Argentina podría pagarles para que voten a favor de la soberanía argentina. Este pago se haría efectivo una vez que Ar-gentina gane el plebiscito (lo cual requiere 2/3 de los votos a favor), y todos los isleños cobrarían el monto establecido, independientemente de que decidan quedarse en las Malvinas o emigrar con todas sus pertenencias a cualquier lugar del mundo”.
Alguien podrá decir que eso es una “simple y vulgar compra de votos”, pero tal como acertadamente comenta el economista chileno Ernesto Fontaine, se trata en efecto de una compra…, que además es simple. Pero de “vulgar” no tiene nada.
¿O alguien puede decir que matarse miserablemente en una guerra es menos vulgar que llegar a un acuerdo económico para resolver un diferendo? Acerca de esto al final le contaré algo más… (pero no salte, y siga leyendo en orden, please).
Es muy probable que a Pedro Picapiedra también le hubiera parecido “vulgar” hacer intercambios comerciales con sus cavernícolas vecinos, pues en la primera etapa de la historia de la humanidad, darse garrotazos en la cabeza era lo normal. Es cierto, pegarle a Pablo Mármol debe haber sido bastante fácil…
El mecanismo sugerido por Walters les encarece a los isleños mantenerse en su posición de conservar la dependencia del Reino Unido, pues estarían renunciando de esa forma al cobro en cuestión.
Por su lado, el Reino Unido se vería obligado a mejorarles las condiciones de vida a los isleños, dándoles más de los que actualmente les ofrece.
Es decir, los grandes ganadores serían los isleños, que verían luchar (pero figuradamente, ya no con armas) a las dos partes…, para congraciarse con ellos.
“¡Materialismo salvaje!”, dirán algunos (¡ah, claro!, porque matarse es “espiritualismo civilizado”, ¿no?…), pero si lo pensamos bien esa es exactamente la forma en que los países, las provincias (departamentos en El Salvador), e inclusive los municipios atraen inversiones, en cualquier parte del planeta.
¿Cómo lo hacen? Con tratamientos impositivos preferenciales (es decir, pisteándolos ¡oops!), compitiendo con facilidades de infraestructura (que también representan pisto…), o propiciando la inmigración de determinado perfil de personas, como hace Canadá.
¡Ah!, ¿lo que le iba a contar? Quienes en 1982 rondábamos los 20 años de edad éramos los principales candidatos para ir a la guerra, pues en Argentina existía por entonces el “servicio militar obligatorio”, que era cumplido por alrededor del 50% de los muchachos, según el número resultante de un sorteo.
Tuve suerte, mi número no salió, y me quedé en casa…, porque sino a este artículo lo hubiera tenido que escribir desde el fondo del mar.
Es que como cantaba Boy George, el de Culture Club, “War is stupid” (y antieconómica).
¿Servicio militar obligatorio? Otro tema que también (obvio) merecerá pronto un detallado análisis…, económico.
Hasta la próxima.
*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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