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La Nota del Día
No deben continuar las concesiones a dedo

La voz pública afirma que casi todas las contrataciones para efectuar obras o brindar servicios se conceden a dedo a compañías controladas por un único proveedor

Publicada 5 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Otorgar a dedo compras y contratas de entidades públicas es una de las mayores fuentes de corrupción en el mundo, aunque las grandes y pequeñas empresas también padecen la plaga.

La generalización del robo, desde los que arrebatan bolsos hasta las comisiones que vendedores o clientes pagan a ejecutivos de empresas y funcionarios públicos, parece el signo de los tiempos. Las empresas, se dice, tienen que ganar mucho dinero para resistir el permanente robo de ingresos, activos y hasta pequeños objetos, incluidos el jabón de los servicios y los lápices.

El tema que ahora nos ocupa es el de las licitaciones públicas, tanto las efectuadas por los gobiernos centrales, como las que llevan o no llevan a cabo municipios y entes autónomos.

Y si bien abundan casos de prácticas viciadas en ministerios y oficinas gubernamentales, lo que sucede en las alcaldías, sobre todo en aquellas controladas por comunistas, pone los pelos de punta.

Comencemos por qué las alcaldías pretenden gozar de una “autonomía” que supuestamente les coloca por encima de los entes fiscalizadores del Estado. Y al no ser sujetos de auditorías ni estar obligados por ley a cumplir con las regulaciones que aplican a la compra de bienes y servicios, hacen fiesta con los dineros de la gente.

Lo vimos cuando el ex alcalde Silva anuló un contrato para recoger y procesar basura, firmando otro, sin que mediara concurso, con mafiosos canadienses. Y ahora está el caso de la compra de camiones a China, algunos de los cuales, se dice, correrán el riesgo de quedar embancados por falta de repuestos y servicio.

Esto, sin embargo, es la punta del “iceberg”. La voz pública afirma que casi todas las contrataciones para efectuar obras o brindar servicios se conceden a dedo a compañías controladas por un único proveedor. Y por la “autonomía” no se puede impedir que continúe el saqueo a los pobres vecinos de dichas comunidades, que de manera puntual siguen votando en favor de quienes los despluman.

Dios castiga a los malvados

Por doquier hay desvalijamientos. El sábado fue trasladado a Gotera el convicto Yomar Vallejo, culpable de manipular compras del Seguro Social en favor de medicamentos que representaba por interpósita mano. Con un grupo de sinvergüenzas exigían que sólo se compraran medicinas aprobadas por ellos y que ellos mismos vendían.

Y eso es común en el ISSS, donde un sindicato promueve la corrupción a todo nivel. Vallejo, recuérdese, es quien cometió la infamia de negar tratamiento a un niño con cáncer y además enllavó la sala para que nadie más pudiera ser atendido. Dios tarda pero no olvida.

Vamos a uno de los ardides que permiten estos actos de corrupción: en varias entidades se exige que los licitantes tengan por lo menos diez años de experiencia en suministrar los bienes y servicios que ofertan, con lo que para efectos prácticos sólo los que están en la jugada pueden participar. O, en otras palabras, la misma ley blinda los privilegios de un grupo y casi vuelve imposible que otros participen.

El primer remedio, además de tirar a la basura eso de la “autonomía” municipal, es valerse de la Internet para que el público esté plenamente informado de lo que se relaciona con las compras y contratas de entidades públicas. La transparencia es el único antídoto contra malos manejos. La transparencia es la mejor garantía que tienen los ciudadanos.

 

 

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