The New York Times
CARTER DOUGHERTY
NUEVA YORK
El Diario de Hoy
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“Bien podríamos estar llegando a una situación en que los precios de los productos básicos y manufacturados aumentarán” |
-- Durante 20 años en la industria juguetera, Anthony Temple se ha deleitado con el regalo de los animales de felpa, tazas de café y figurillas baratos que vende China. Pero este año, su viaje de compras para su compañía con sede en Londres, Rainbow Designs, resultó en un duro despertar.
Al recorrer el delta del río Perla al norte de Hong Kong, Temple encontró que los aumentos de costos -- de materias primas, pero sobre todo de mano de obra -- dominaron todas las discusiones que tuvo con los proveedores.
Lejos de estar dispuestas a ofrecer menores precios que sus competidoras, las compañías chinas hablaron tan consistentemente de elevar sus precios entre 5 y 10 por ciento que
Temple, cuya compañía posee los derechos de distribución para criaturas abrazables como Paddington Bear y Jemima Puddle-Duck, se convenció de que no eran simplemente tácticas de negociación.
“Cuando llegué ahí, tenía la creencia de que China es un pozo sin fondo de productos baratos”, dijo Temple. “Cuando salí, ya no lo creía”.
Conforme la economía china avanza, se están multiplicando los signos de que el gigante asiático está empezando a refrenar su exportación de algo muy apreciado por muchos consumidores en los países desarrollados: productos cada vez más baratos.
Tendencia
Durante al menos una década, China ha dado impulso a los bancos centrales en Europa y Estados Unidos, cuya misión es combatir la inflación, reduciendo constantemente los precios sobre una amplia variedad de productos, ayudando a equilibrar la tendencia al alza de los niveles de precios al consumidor en general.
El papel de China en la desinflación global -- como se conoce a los economistas y banqueros centrales -- no va a desaparecer. Pero algunas cifras recientes, junto con la evidencia anecdótica, sugieren que la contribución de China a los precios bajos globalmente pudiera estar menguando.
Recientemente, el Banco Central Europeo prometió intensificar la investigación sobre lo que llamó el “efecto China”. Destacados funcionarios de la Reserva Federal también han empezado a hablar de ello.
En Estados Unidos, los datos muestran que los precios de las importaciones chinas, que han caído desde que empezó la recolección de datos en 2003, están nivelándose, como lo están haciendo los precios de otros mercados emergentes de bajo costo.
El precio de los productos chinos a las puertas de las fábricas ha subido en los últimos cuatro meses, según el sondeo de gerentes de compras realizado por la londinense NTC Research. Su índice estaba un poco por debajo de 50 -- un nivel que indica precios estables -- en marzo pero ahora se sitúa en 56, un pronunciado incremento para los estándares de un sondeo que regularmente se mueve en incrementos de fracciones.
Desde hace años, la galopante economía de China ha estado teniendo repercusiones en la economía global, ya que la demanda china ha elevado los precios de productos básicos críticos como el petróleo y el cobre y la compra china de valores de la Tesorería de Estados Unidos ha ayudado a mantener bajas las tasas de interés.
Expectativa
Y no todos los economistas aceptan la idea general de que los precios chinos pronto elevarán las tasas de inflación en el mundo industrializado y forzarán a los banqueros centrales a poner más duramente los frenos. Los escépticos sobre el “efecto China” tienden a enfocarse en la capacidad de China y sus clientes para adaptarse.
Conforme los costos chinos se incrementen, los inversionistas extranjeros pueden establecerse en lugares como India y Bangladesh, que están rezagados respecto de China como centros manufactureros de bajo costo. Otras compañías incursionarán en el vasto interior de China para escapar de los crecientes costos laborales en la costa.
“El arbitraje laboral global está vivo y coleando”, dijo Stephen Roach, economista en jefe de Morgan Stanley. “Aún reditúa mucho reubicar la producción y el empleo en China para mantener bajos los costos laborales”.
La ropa y los juguetes baratos que los consumidores de todo el mundo compran con aparente abandono han moderado los precios, incluso los han deprimido.
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