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Historias desde lo profundo del mar

Un barco hundido cerca de la playa Los Cóbanos, Sonsonate, ya es parte de la mitología local. Cuatro apasionados por la historia de este navío cuentan sus experiencias con este pasado poco conocido. S.S. DOUGLAS


Publicada 4 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

MORENA AZUCENA
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

Entre los arrecifes
Un cardumen se pasea por la cámara de combustión. El barco se ha ido deteriorando con el tiempo. Foto EDH

Las cinqueras resuenan desde las barracas que aguardan a los turistas. Las aguas ondean tranquilamente en la arena blanca y pedregosa.

Los restos de algas, conchas y otros moluscos se balancean al son de las olas y salen tímidamente a orilla. Es un día agostino muy soleado y caluroso en Los Cóbanos, una playa cercana al Puerto de Acajutla, Sonsonate.

La mirada hacia el horizonte es obligada. A lo lejos se avistan los cargueros y lanchas que buscan langostas, pescados y otras especies que abundan en la zona.

Los hombres de mar no son difíciles de encontrar en esta playa. Óscar Peraza, mejor conocido como Óscar Magallón, es uno de ellos. Su apodo es el superlativo de Fernando de Magallanes, el navegante portugués que recorrió todo el Océano Pacífico.

Magallón, quien tiene un negocio de cocteles y renta de equipo de buceo, no tiene necesidad de un GPS o brújula para guiar a los que deseen bucear entre los coloridos arrecifes. “Para verlos es mejor en el verano, hoy no, la visibilidad es mala”, indica el experto buceador quien luce un bronceado natural.

Pero no sólo se sabe de “pe a pa” los mejores puntos donde hay abundancia de pólipos y otras especies, él conoce algo más de Los Cóbanos: los restos del S.S. Douglas, un barco que se hundió en 1890, según documenta Roberto Suárez, quien sigue la pista del barco desde el 2000.

Para hablar de ello, Magallón se acomoda en su hamaca, deja las sandalias en la arena y fija su mirada al mar. “Es un barco viejísimo. Fue uno de los primeros barcos que venían aquí, era de vapor de esos que ocupaban carbón”, dice mientras se mece. “Ya está bien despedazado. El tumbo lo ha ido quebrando”, añade.

Magallón conoció el barco hace veinte años, justo cuando aprendía a bucear. Años después de este primer contacto, encontró una campana en la que aparecía grabado el nombre del barco. “Pesaba como unas 37 libras… nunca pensé que era una campana estaba bien aterrada, entonces con unos amigos la despegamos y la sacamos”, relata.

De sistema híbrido
Este es un dibujo hipotético del S.S Douglas, una embarcación construida en Inglaterra en 1872. Foto EDH

En ese entonces, el pescador reconoce que no dimensionaba la importancia histórica de las piezas del S.S. Douglas; por eso decidió vender la campana a una persona que interesó por ella.

Ahora lamenta esta acción pues sabe que estos objetos tienen valor cultural. Similar opinión tiene de la tubería de bronce y cobre que sirvió para la circulación de combustible la cual terminó siendo chatarra.

Magallón está consciente de que estas piezas son importantes para los arqueólogos que estudian el patrimonio subacuático.

Ernesto Ramírez, el buzo que reencontró el barco apoya esta idea. “Estos barcos tienen que estar allí para los estudios y porque son símbolos de nuestras costas”, señala.

Al rescate

Los pescadores que lo vieron hace veinte años no son los únicos que oyeron las voces de esta mítica embarcación. En el 2000, el arquitecto Roberto Suárez buceó junto con Ramírez para indagar más en esta historia anclada bajo las aguas.

Con sus propios recursos se dio a la tarea de investigar y documentar a través de fotografías y dibujos arquitectónicos.

Así, averiguó que su hundimiento ocurrió el 10 de febrero de 1890, cuando llevaba un cargamento de 10 mil sacos de café oro hacia Hamburgo, Alemania.

Según Suárez, el barco colisionó frente a Punta Remedios a doce millas del Puerto de Acajutla, un lugar que, desde tiempos prehispánicos ha sido importante para el comercio y la pesca.

También documenta que al momento de la tragedia, los tripulantes fueron llevados de emergencia a Los Cóbanos. Y por la colisión con las piedras ubicadas en la playa, el barco se quedó en ese punto y se sumergió a 24 pies de profundidad.

Suárez puso en práctica sus conocimientos profesionales. Fue así como realizó un dibujo arquitectónico en la que detalla las partes que actualmente presenta. Durante el proceso, estimó que el casco metálico pesa 1372 toneladas brutas. Asimismo determinó que mide 239.8 pies (72.8 metros) de largo por 32.4 de ancho.

El arquitecto destaca que el barco fue construido en 1872 por la compañía inglesa Denton para la naviera G.Pymam y Co.

Tres años después los ingleses lo vendieron a Alemana Cosmos Line y es rebautizado bajo el nombre de “Sakkarah”.

Estos datos son los únicos que Suárez ha podido recabar. Él asegura haber intentado rastrear por Internet a las compañías navieras, pero muchas de ellas no tienen registro de las bitácoras del barco. A pesar de ello, sigue en la búsqueda de datos que puedan brindarle más pistas.

Y mientras espera más datos que enriquezcan el hallazgo, él y Ramírez han rescatado algunos objetos. Así, bajo la tutela de Concultura, mantienen en custodia escotillas, botellas, tornillos, platos, tenedores y otros enseres.

El museo, el sueño

Los sueños de estos hombres de mar son visionarios. Suárez y Ramírez coinciden que este patrimonio puede ser la carta de presentación de esta playa sonsonateca. Por eso han pensado que la mejor manera de compartir estas piezas ante el público sería a través de un museo.

Suárez sostiene que la comunidad se beneficiaría con este proyecto ya que generaría un desarrollo turístico y cultural.

Pero más allá de esto, Ramírez considera que el S.S. Douglas es una de las razones para que el turista regrese a Los Cóbanos, porque “es una de las playas más bonitas de El Salvador y que tiene una historia por contar”, finalizó.

Mitos acuáticos

Nadie sabe a ciencia cierta cómo el S.S Douglas y El Chirigón se hundieron en Punta Remedios, Los Cóbanos, Sonsonate. Hasta el momento, los investigadores no han encontrado una crónica o un documento que detalle ambas tragedias ocurridas en el siglo XIX. Pero a falta de una explicación histórica de estos sucesos, la mitología local se ha encargado de buscarle una respuesta.

“Dicen que en la zona del faro se varó un capitán que traía un tesoro. Dicen los viejitos que puede estar enterrado en cualquier parte de Los Cóbanos”, relata Óscar Magallón.

Este experimentado pescador también relata que existió un barco de madera que perteneció a piratas.

Ernesto Ramírez también conoce algunas leyendas. Entre ellas destaca la de un lugar llamado “La Perla”. Se dice que allí se hundió un velero que era dirigido por bucaneros. La gente asegura que para tratar de salvarse, estos misteriosos personajes tuvieron que tirar todos los objetos al mar.

Otra de las versiones que se manejan es que en una de las embarcaciones habían encontrado una espada de oro.

Por su parte, el pescador Mario Campos sabe que en Los Cóbanos hay por lo menos cuatro barcos hundidos. El Júpiter, que encalló hace unos diez años, es uno de ellos. “Fue a descargar al muelle pero se topó con las piedras y se arruinó. Tuvieron que alquilar lanchas para sacar las cosas. Se tardaron un mes para salvar todo”, cuenta.
Júpiter era un pequeño mercante que tenía unos 60 pies de largo y era de Panamá.

Siluetas en lo profundo

Roberto Suárez realizó esta planta arquitectónica o vista superior. La gráfica muestra cómo se encuentra actualmente el S.S. Douglas, un barco de origen inglés que se accidentó en Los Cóbanos

- 1. Fuselaje. Así luce el huso o armazón de esta embarcación que tenía un sistema híbrido (vapor y viento).
- 2. Cardán. Articulación mecánica que permite la transmisión de movimiento de rotación en direcciones diferentes. Suárez registró en esta fotografía un detalle de esta parte importante del barco.
- 3. Hélice. Es un conjunto de aletas helicoidales que al girar alrededor de un eje producen una fuerza propulsora.
- 4. Ancla. Instrumento de hierro con ganchos que sirven para asegurar las embarcaciones aferrándose en el fondo del mar.
Fuente: Diccionario Pequeño Larousse.

En voz de el Magallón

Óscar Peraza, pescador
“En ese entonces, nadie sabía la importancia del barco (S.S. Douglas). Se sacó la tubería donde circulaba el combustible. Tenía parte de plomo, cobre y bronce. Pesaba de 100 a 125 libras aproximadamente. (…) Yo me iba sin equipo sólo con un neumático y echaba los pedazos de cosas, a veces llevaba una almádena. (…) Creo que este barco se hundió en el pedrero allí por la Punta del Monte, se le rompió el casco y se hundió. Era de Inglaterra y se dirigía a Acajutla. Como antes no estaba el faro, el barco chocó con las piedras. Con los años lo
pusieron y el lugar se llamó Punta Remedios porque el remedio para evitar los hundimientos fue el faro”.

"El barco tiene historias"

Mario Campos, pescador
“Me acuerdo que había un señor que se llamaba Antonio, él sin conocer el barco hablaba de él.
Un día, un señor llamado Oscar el que le dicen Magallón descubrió el barco. (…) Empezaron a sacarles piezas para ganarse la vida.
Años después, me dijeron que llevara a don Roberto Suárez para que conociera el lugar. Entonces se interesó en Los Cóbanos y le empezó a ponerle amor hasta que compró un terreno aquí (…) Él se ha interesado en proteger el barco y en hacer un museo con algunas de las cosas que se han encontrado. Yo creo que es importante que se registren esas cosas porque son reliquias”.

"Nuestro museo acuático"

Ernesto Ramírez, pescador
“Aquí siempre se ha sabido la historia de los barcos. Pero fue en 2000 cuando nos metimos para conocerlo. Me acuerdo que la propela, el cardán, la torre y las calderas estaban intactas. Fue una gran búsqueda, se necesitaron varias buceadas (…) El barco es como un museo acuático bien interesante. (…) Creo que el barco se hundió cuando iba para Acajutla. Buscando al noreste hay unas rocas que están como quebradas. Creo que por la posición, el barco trató de regresar al muelle pero chocó y se hundió. (…) Empezaba el país, faltaban señales y tuvieron que suceder varios accidentes para que existiera CEPA y el faro.

El estudio del pasado acuático

En la historia de la arqueología salvadoreña hay un capítulo que se está escribiendo: el del estudio de los restos creados por el hombre que están bajo los cuerpos de agua (mar, ríos, lagos y lagunas).

En el pasado, sólo los petrograbados del Lago Güija en Metapán, habían sido objeto de análisis para arqueólogos e historiadores del arte.

En enero del 2005, esta rama de la ciencia dio sus primeros pasos, cuando el departamento de Arqueología de CONCULTURA invitó a dos arqueólogos argentinos, especialistas en arqueología subacuática, para que realizaran las primeras inmersiones en Los Cóbanos, El Golfo de Fonseca y otros lugares.

Así, los científicos argentinos Mónica Valentini y Javier García Cano, junto a los arqueólogos salvadoreños Marlon Escamilla y Roberto Gallardo; y los buzos Ernesto Ramírez, Roberto Suárez y Werner Mena, exploraron los restos del S.S. Douglas y del Chirigón, otra embarcación que encalló cerca de la playa ubicada en Sonsonate. En su momento, el equipo hizo un balance del estado de conservación de la estructura.

En ese entonces, Valentini manifestó a El Diario de Hoy que el barco es “una estructura llena de incrustaciones e invadida de óxido”.

A más de un año de esta primera exploración, Escamilla asegura que los estudios continúan. “Hemos continuado con la investigación bibliográfica, estamos recopilando datos del Golfo de Fonseca no sólo de la parte que le corresponde a El Salvador sino de los otros dos países que lo conforman. Por otro lado, con respecto a los barcos que están en Punta Remedios en Los Cóbanos, se ha trabajado en el registro de bienes culturales muebles subacuáticos. Se les está haciendo la ficha técnica a cada uno”, indicó.

En este documento, se detallará el estado de conservación de cada una de las piezas, las cuales son custodiadas por el arquitecto Suárez.

Paralelo a este registro, Escamilla asegura que ya poseen un mapa digital de los sitios arqueológicos subacuáticos del país. “Estamos en una fase interesante en la investigación en el sentido de que todavía estamos explorando la gama de sitios arqueológicos que tenemos como país. Necesitamos hacer más investigación a nivel exploratorio (...) Una vez que el mapa indique si se trata de barcos, o si es sitio prehispánico con cerámica o lítico tendremos el panorama más claro y así podremos implementar una investigación más puntual”, explicó. Para el arqueólogo, esta rama seguirá dando sus frutos, pues la relación agua-hombre ha sido importante desde tiempos inmemorables.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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