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Paro a la delincuencia
El clamor de la gente

Una democracia donde existe libertad para la pornografía, la prostitución, la droga, la delincuencia de todo tipo, y donde la burla de la ley es muy amplia, una democracia así es una democracia enferma

Publicada 4 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Luis Fernández Cuervo*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

LEscribí el lunes pasado con un humor ácido sobre el terrible problema de la inseguridad ciudadana. Hoy voy en serio. ¡Señores del gobierno, alerta! Denle la máxima diligencia, inteligencia y fuerza, para resolverlo. Es un hecho claro que la delincuencia ha progresado.

Además, ahora están poniendo en práctica el sistema propio de Al Capone. Ya no es pedir la “cora” por pasar. Ahora es “el impuesto”, en gruesa cifra de dólares, que le exigen a comerciantes, profesionales, buseros, etc. La extorsión da muy buenos resultados. Ya tienen de qué vivir con el mínimo esfuerzo y el máximo desprecio de la gente pacífica.

La gente está muy harta, algunos verdaderamente desesperados. ¿Qué gente? Todos, pero principalmente la que no tiene guardaespaldas, la que tiene que desplazarse en autobús, la que tiene que convivir con los mareros en la misma colonia. Cuanto más desprotegida, más desesperada.

Cuando le hablan o le escriben a uno con confianza, todos son partidarios de instaurar la pena de muerte para los criminales, “no como la actual, sólo para los inocentes”. En situaciones así, surge el riesgo de que algunos vuelvan al procedimiento tipo “Sombra negra”. De hecho ya ha ocurrido en algunos puntos pequeños del país.

Por supuesto la gente con mentalidad de FMLN --no tengo por qué saber si tiene carnet de es partido-- aprovecha, con tono de odio, para mandarme su mensaje de siempre: la culpa es de ARENA y de los ricos. La pobreza crea la delincuencia. Pienso que eso es verdad sólo en parte: la pobreza y miseria mental, sí, esa sí crea la delincuencia o la fomenta, y no es exclusiva de un estrato social.

La democracia es muy buena cuando se comparten, por todos, los principios morales eternos, la buena educación y el respeto a la ley. Por eso no les extrañe que una situación como la que vivimos no sólo hace pensar en la pena de muerte, legal o por grupos anónimos. También hace añorar, a la gente más sencilla, la solución tipo “un buen hombre fuerte que ponga orden”. Todavía se encuentra gente añorando aquí al general Martínez.

Viví la guerra civil española en la parte roja, en Madrid, donde decir “adiós” en vez de decir “salud” podía ser causa de muerte. Y viví parte de mi niñez y juventud bajo la dictadura del general Franco. En esa época, a una hermana mía una extranjera le preguntó en Madrid que “hasta qué hora se podía caminar por las calles”. Mi hermana se quedó sorprendida de esa pregunta. Su respuesta fue la lógica: “Hasta la hora que usted quiera”. La delincuencia era mínima. La mayor parte de los maleantes estuvieron en el bando contrario, en el perdedor, y o estaban muertos, o en la cárcel, o en el exilio.

Ya estando en Chile, en sus mejores años de democracia, yo hablaba con chilenos que volvían de “la España de Franco”. Todo eran elogios. Lo habían pasado de dulce. La gente era alegre, generosa, servicial, acogedora. Comprobaban una especie de hidalguía en gente sencilla que a los chilenos les sorprendía. Habían ido con la curiosidad y el temor de salir de una estupenda democracia para meterse en una vilipendiada dictadura.

Lo que experimentaban, en la vida corriente, era una alta vitalidad y mucho humorismo sobre Franco y su “dictablanda”, sobre el que corrían, de boca en boca, miles de chistes. ¿Por qué, si aquí vivimos en una democracia somos más apagados y cautelosos --me decían algunos chilenos-- y allí, con una dictadura, la gente es más vital, más suelta, y tan acogedora? Creo que porque se venía saliendo de un infierno antirreligioso donde ser católico era pena de muerte, y ahora, por contraste, se vivían muchos principios éticos propios del cristianismo.

Esto que escribo ¿es un elogio o petición de dictadura? Desde luego que no. Ni siquiera es un elogio de la dictadura de Franco. Es señalar que, la mayoría de la gente valora “su libertad” en lo inmediato: seguridad en su casa y en la calle, sin delincuencia; paz, serenidad y amabilidad en la convivencia, respeto fuerte a la ley --¡incluyendo las del tráfico!--; seguridad en su trabajo y moralidad pública. Por eso en las democracias bien asentadas, la gente se preocupa poco de la política y el porcentaje de los que votan es bajo, cuando esas cosas marchan bien.

Una democracia donde existe una gran libertad para la pornografía, la prostitución, la droga, la delincuencia de todo tipo, y donde la burla de la ley es muy amplia, una democracia así es una democracia enferma. Hay peligro de muerte.

Lo que define decisivamente a una democracia es el imperio de la ley. Así lo entendían los griegos de la época de Pericles. Así lo ha entendido siempre el cristianismo. Por tanto eso es lo primero que hay que mejorar. ¿Protección de testigos? Sí, ¡y también de jueces!

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy.
lfcuervo@telemvil.net

 

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