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Apuntan a barcos de pesca

Los 18 quelonios muertos, hallados en 20 días, estaban en cuatro playas de Ahuachapán. Para el país, es el mayor daño ecológico desde la marea roja. Los pescadores consultados atribuyen las muertes a los barcos camaroneros que no estarían usando las redes TED, que protegen a estos animales.


Publicada 3 de septiembre de 2006 , El Diario de Hoy

Hallazgo. Dos niños observan la tortuga encontrada el 31 de agosto en la playa Garita Palmera. Foto EDH
Alejandra Silva
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Más de medio año después de que la marea roja provocara una catástrofe ecológica sin precedentes con la muerte de más de 200 tortugas, estos animales siguen muriendo en las costas salvadoreñas y no precisamente por la ingestión de esas algas tóxicas.

En Bola de Monte, Garita Palmera, El Porvenir y la Barra de Santiago, cuatro playas de Ahuachapán, la amenaza parece tener otro origen, esta vez vinculado con el ser humano.

En apenas 20 días, entre el 10 y el 31 de agosto, han aparecido 18 tortugas muertas. Todas ellas son de la especie golfina, conocida por la demanda comercial de sus huevos.

El hallazgo fue hecho por un grupo de pescadores, organizados por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), que colaboran para preservar los ejemplares.

En todos los casos y para todos los entrevistados, la sospecha es la misma: mueren por asfixia al ser capturadas por las redes de los barcos camaroneros. Casi siempre que divisan embarcaciones, comentan los pobladores, aparecen tortugas muertas en la playa.

Para los lugareños, que viven de la venta de los huevos, el impacto es importante toda vez que hace más difícil la recuperación de una de una especie que ya está amenazada.

“Lo peligroso aquí es el equipo del barco. Además de que no respetan los límites que tienen para rastrear (mariscos) que deben ser 20 millas adentro”, asegura Candelario Arriola, del caserío Playa Bola de Monte, cantón Garita Palmera, en San Francisco Menéndez, Ahuachapán.

En esta parte de la costa encontraron cuatro especies expulsadas por el mar entre el 10 y el 15 de agosto.

En el mismo periodo, Antonio Villeda, guardarecursos del MARN, le comentó a Arriola que, en Barra de Santiago, la marea arrastró a otros seis quelonios.

El 20 de agosto, esta vez en Garita Palmera, los pobladores “tropezaron” con seis ejemplares más, distribuidos en dos puntos de la playa: en la bocana de Garita y frente al cementerio. La más reciente apareció el 31 de agosto en avanzado estado de descomposición.

A dos kilómetros de Garita Palmera, en la playa El Porvenir, los pescadores encontraron otra en esa misma fecha. Y otra más en la Barra de Santiago.

Fredy Vivas, presidente de la cooperativa de pescadores En Porvenir, avisó a las autoridades del hallazgo de las tortugas.

Celina Dueñas, técnico de la gerencia de Recursos Biológicos del MARN, asegura que el examen morfológico, realizado a las especies encontradas en los primeros días de agosto, no fue revelador.

“Examiné a las seis tortugas (en Barra de Santiago) y ninguna tenía fracturas de aleta, ni de cráneo, ni en el caparazón”, dijo la experta.

Dueñas notó que un ejemplar de hembra tenía una perforación en la parte ventral; otra, una cortadura.

Sin embargo, la carne estaba descompuesta y no pudo determinar si fue producto del proceso de putrefacción o se trataba de una herida que dañó el tejido.

La bióloga no tiene indicios suficientes para determinar la causa de muerte. Eso sí descarta que otros animales las hayan matado y que se pueda deber a una toxina como en la marea roja.

La teoría del daño que provocan los barcos camaroneros, cuando las tortugas quedan atrapadas en sus redes, no la descarta. “No lo puedo comprobar, pero la gente dice que vieron cinco barcos y a ellos les atribuyen la muerte, pero no estuve”.

Según el Centro de Desarrollo Pesquero (Cendepesca), un total de 80 embarcaciones camaroneras tienen autorización para explotar aguas salvadoreñas, siempre con el Dispositivo Excluidor de Tortugas (TED, por sus siglas en inglés). Apenas 23 faenaron en 2005 por la crisis que afecta a la captura del camarón.

En otras ocasiones, los inspectores de Cendepesca han sospechado que los camaroneros sellan las salas TED para evitar que se escape parte de la pesca del camarón y, obviamente, las tortugas.

Candelario Arriola lo tiene más claro. “Aquí no usan la TED porque no les abunda la pesca”, asevera este veterinario jubilado.

Un refugio para las tortugas

Pendientes. Dos pescadores buscan restos de tortugas. Foto EDH

Candelario Arriola tiene 26 años de dedicarse a la pesca artesanal en el Caserío Playa Bola de Monte, en San Francisco Menéndez, Ahuachapán.

En 1996 es cuando empieza a preocuparse por trabajar en la preservación de las tortugas marinas.

En ese año comenzó con un tortugario, una granja construida para anidar los huevos de tortuga lejos de los depredadores y a salvo de quienes los comercian.

En 2005 tuvo que suspender el trabajo cuando el salitre acabó con la malla ciclón que cercaba el corral. Los postes de cemento fueron derribados por la marea.

Sin embargo, hoy inicia la labor con nuevos bríos.

Todas las noches, la gente que en su mayoría vive del comercio de huevos de estos animales, los extrae mientras los expulsa la tortuga.

El trato es así: una docena la dejan en la granja, el resto es para la venta. “Aquí no hay forma de que se queden con alguno de más porque yo les extiendo un recibo, donde dice cuántos les quedaron. Si la policía les encuentra unos de más, se los decomisan”, asegura Candelario, quien espera reabrir la granja la otra semana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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