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| Avance criminal. Según la policía,
el delito de extorsión no figuraba en las estadísticas
de hace diez años. Ahora, la realidad es otra. Foto
EDH |
Primera Entrega
Investigaciones
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El poder adquirido ha permitido a las maras imponer en varias rutas a
un marero como supervisor.
De esa forma saben cuál microbús no trabajó, qué
motorista debe entregar la “renta” o a quién deben
exigirle y cuánto debe pagar con base en lo recaudado durante cierto
periodo.
Los mareros que en un tiempo algunos transportistas usaron en su favor,
bien para acosar a la competencia o para encargarles microbuses para tener
repuestos al alcance, se han convertido en azote para todo el sector.
Esa es la tesis de las autoridades.
Extorsiones, robo y quema de unidades, asesinatos de empleados y eliminación
de competencias son actividades ejecutadas por mareros dirigidos por otros
que han alcanzado poder económico, al pasar de ser los mandaderos
de empresarios deshonestos a manejar los hilos del hampa.
La Fiscalía y la Policía ilustran sus afirmaciones con tres
casos investigados recientemente: tres mareros dueños de microbuses
de la Ruta 140, y otros dos sujetos que tienen microbuses en la Ruta 41-D
y en la Ruta 45-B, aunque de estos últimos no hay datos fehacientes
de que sean pandilleros.
Algunos mareros hoy son propietarios de unidades que han comprado con
el mismo dinero producto de la extorsión, afirman las autoridades.
El caso de Fredy Landaverde, apodado Tábatha, es un ejemplo de
que “del mismo cuero salen las coyundas”, aseguran, aludiendo
a las cinco unidades que tiene en la 140.
Según los investigadores, Tábatha comenzó robando
microbuses de otras rutas para abastecer de repuestos a la cooperativa
de un reconocido microbusero.
En el mundillo de los transportistas es un secreto a voces, aunque no
falta quien diga que las unidades las compró con ayuda de parientes
que viven en Estados Unidos, país que hace poco más de un
año lo deportó.
Procesado por robo de microbuses
Tábatha no sería diferente al caso de dos microbuseros de
la 41-D y 45-B que compraban microbuses robados, delito por el que actualmente
están encarcelados. Landaverde fue capturado a finales de julio
bajo cargos de robo de autos. Le hallaron partes de dos Hi-Ace con registro
de robo.
Sin embargo, un juzgado de paz de Ilopango lo puso en libertad condicional,
pese a que, según la Fiscalía, habían suficientes
pruebas contra él.
En la ambición de mantenerse fácilmente en la ruta, los
mareros, también eliminan la competencia. La presa fácil
son aquellos que tienen una o dos unidades y que han logrado atemorizar.
A estos les imponen cantidades elevadas (lo bastante como para que no
pueda pagarla o sostenerse mucho tiempo) como “renta” so pena
de robar o quemar la unidad.
Así, cuando la carga se vuelve insostenible, los que están
tras bambalinas, ordenan el robo para desmantelarla, o bien la quema.
Así se surten de repuestos, eliminan competencia y ganan terreno
en la cooperativa.
“Esto ya se volvió un problema de seguridad nacional”
Para el diputado pecenista, Antonio Almendáriz, el problema de
delincuencia que vive El Salvador ya se volvió un problema de seguridad
nacional.
Según Almendáriz, un coronel retirado, por eso quieren que
la Asamblea Legislativa declare un “estado de grave perturbación
del orden público”.
Con ello, se suspenderían algunas garantías constitucionales
y las autoridades encargadas de investigar los delitos, podrían
echar mano de las escuchas telefónicas como medio de prueba.
“Los narcotraficantes con el dinero que tienen pueden (comprar tecnología
para) intervenir las llamadas telefónicas a celulares o fijos.
La única que no lo puede hacer es la autoridad”, sostiene
el político.
Almendáriz dice que las autoridades no pueden contra las maras
y que prefiere no imaginarse el rumbo que pueden tomar.
Según el pecenista, la evolución criminal y financiera que
tienen las maras representa un peligro incluso para la democracia, pues
con el dinero acumulado de las actividades ilícitas, no está
lejos el día en que, como suele hacerlo el narcotráfico,
financien campañas políticas de personas que puedan responder
a sus intereses.

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