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| Amenaza. La quema de unidades tiene un trasfondo
más allá de la extorsión: eliminar la competencia.
Foto EDH |
| Lea
además |
| La
evolución |
Primera Entrega
Investigaciones
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
¿Qué haría si usted tiene un negocio y las maras
le dicen que a partir de hoy tendrá que dar empleo a uno de sus
miembros en el área contable para tener más control de sus
ingresos y, de acuerdo a eso, calcularle la “renta” que deberá
pagarles?
Hasta ese extremo han llegado las pandillas, al menos en el sector de
transporte público.
Eso ocurre en varias rutas de microbuses en las que, incluso, hay pandilleros
que ya son dueños de unidades, según investigadores de la
Fiscalía y la Policía.
Hay casos en que éstos están tras las extorsiones al sector
transporte, algunos yendo más allá: sacando de la competencia
a otros propietarios, a quienes les roban o les queman las unidades.
En la Ruta 140 las pandillas tienen a “supervisores” como
empleados, así controlan las finanzas de la cooperativa y evitan
que empresarios evadan la “renta”.
¿Y qué tal si mañana al amanecer encuentra bajo su
puerta un manuscrito donde le digan que a partir de ese día pagará
cierta cantidad de dinero por su seguridad?
Comunidades enteras, como Las Palmas, tienen varios meses de estar pagando
“renta”. En esas colonias, la extorsión es un negocio
que funciona como una empresa que se pasa entre manos de familiares o
grupos de mafiosos.
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| Imputado. Carlos Rivas, Chino Tres Colas, es
el líder de la mara 18 que extorsionaba a transportistas en
el Parque Libertad, según la Fiscalía. Foto
EDH |
Por ejemplo, si los hombres caen presos, son las mujeres, sean hermanas
o convivientes, las que se quedan al frente y, pistola en mano, recogen
todos los sábados los diez, quince o más dólares.
De esta manera, las extorsiones se han convertido en un monstruo jineteado
por las maras y otros grupos, que crecieron ante la mirada indiferente
de las autoridades y de la población en general.
Ahora, muchos han puesto el grito en el cielo y piden un bloque común
contra esa quimera, que para muchos es ya un problema de seguridad nacional
y no simplemente de seguridad ciudadana.
La seguridad pública, la economía y hasta la misma democracia
estaría en peligro, según políticos, empresarios
y víctimas de extorsiones consultados por El Diario de Hoy.
Supuestos líderes del hampa con quienes El Diario de Hoy conversó
dejaron entrever cuán grande es el problema y las cantidades exorbitantes
de dólares que las maras se agencian para costear la manutención
de parientes de pandilleros presos y los jugosos honorarios que dan a
los abogados particulares que los defienden.
Pero el peligro no queda ahí, sino que los afluentes de dinero
que tienen las mafias pandilleras a través de las extorsiones podrían
darles el poder económico de financiar campañas políticas
y filtrar aún más las instituciones estatales, acrecentando
así su capital relacional.
Algunos gobiernos locales ya tienen entre sus concejales a miembros de
pandillas plenamente identificados como tales, según la Policía
Nacional Civil.
Una epidemia
De las extorsiones pocos se escapan. Hasta oficiales de alto rango de
la policía pagan considerables sumas para mantener funcionando
sus pequeños negocios.
Y de acuerdo con Elena de Alfaro, presidenta de la Cámara Salvadoreña
de Comercio, los chantajes los sufren desde empresas transnacionales hasta
familias humildes que se sostienen con un salario mínimo.
Según de Alfaro, las mafias de extorsionistas han ampliado tanto
su “mercado” que hasta los salvadoreños que vienen
de Estados Unidos a visitar a sus parientes son “renteados”
por las maras.
Según el diputado Antonio Almendáriz, del Río Paz
al Goascorán y de El Poy hasta La Herradura, las maras y otros
grupos se están llenando los bolsillos de dinero, a pesar de los
esfuerzos policiales.
El político asegura que la recaudación es incalculable y
no cree que exista la forma de deducir exactamente cuántos millones
están recogiendo.
De ese peligro surge la idea en el seno de su partido, el de Conciliación
Nacional, de que se declare en El Salvador el estado de “grave perturbación
del orden”.
Con ello estarían dando a las autoridades las herramientas que
han pedido. Una de las principales son las escuchas telefónicas
para que sean usadas como pruebas en un proceso judicial.
Tanto Almendáriz como de Alfaro avalan la implantación de
un toque de queda en aquellas comunidades más afectadas. “Qué
tienen que andar haciendo los jóvenes a las tres de la madrugada”,
se pregunta la empresaria.
Sin embargo, el Gobierno está pidiendo más que herramientas
legales y recursos para la Fiscalía y la Policía.
Piden la confianza de la ciudadanía. El presidente Elías
Antonio Saca, tanto como Rodrigo Ávila, director policial, y Astor
Escalante, viceministro de Seguridad Ciudadana, ha pedido a la gente que
denuncie a los extorsionistas sin temor.
Sin embargo, según Elena de Alfaro, la gente tiene temor de denunciar
debido a las pocas garantías de seguridad, a la impunidad y la
infiltración que las mafias pandilleras han hecho en instituciones
estatales como la Policía y otras.
Un sector que ha sido castigado por las extorsiones es tajante en decir
que no confía en la policía.
En diferentes sectores han tenido la experiencia de haber sido extorsionados
por un grupo en el que, cuando menos, había un policía liderando
la estructura.
Eso ocurrió, por ejemplo, cuando los investigadores detuvieron
a una banda de extorsionistas. Al sentirse presionado, uno de los delincuentes
delató a un policía apodado “El Garfiel”, destacado
en ese entonces en la Delegación Centro de la PNC, como integrante
del grupo.
La Fiscalía no desconoce este caso, pero ese policía, que
primero estuvo destacado en San Marcos, no ha sido investigado.
Las fuentes consultadas también se refieren al caso en que un marero
muy conocido en una colonia de San Marcos, ahora es policía. Es
por eso que piden que existan mayores controles y depuración en
la Policía.
Según el subdirector general de la PNC, José Luis TobarPrieto,
hasta el momento, la institución no desarrolla ninguna investigación
en torno a policías que estén ligados a las maras para extorsionar.
No indagan cómo las maras lavan el dinero
Cuando capturó al Chino Tres Colas, Carlos Alberto Rivas Barahona,
la policía aseguró que poseía varios autos de lujo
y varias casas.
De César DanielRenderos, El Cementerio, también se dijo
que tenía varias casas.
Igual pasa con otro pandillero de la 18, Fredy Enamorado, Tábatha,
quien, al parecer, es dueño de cinco microbuses de la Ruta 140,
según la Fiscalía.
En estos tres casos, las autoridades le han entrado por el delito de extorsión,
homicidios y robo de autos, respectivamente. De los tres citados, Enamorado
está libre por decisión judicial, aunque sigue procesado.
Diversas fuentes de la Fiscalía y Policía dijeron que a
los tres sujetos no se les investiga la forma cómo han obtenido
sus bienes. En algunos casos dijeron que “no han llegado hasta allí”
o porque “es otro equipo al que le compete indagar sobre el lavado
de dinero”.
Del Chino tres colas y el Tábatha, las autoridades aseguran que
lideran bandas de extorsionistas. Del último, aunque no hay ninguna
acusación formal por cargos de extorsión, también
las autoridades aseguran que los cinco microbuses los ha obtenido con
dineros de extorsiones o porque los ha robado y alterado sus seriales.
De Renderos, El Cementerio, fuentes de la comunidad Las Palmas aseguran
que se dedica desde el sicariato, pasando por el robo de autos hasta la
venta de drogas sin obviar la extorsión.
Así, los extorsionistas están blanqueando los dineros que
obtienen de diversas actividades ilícitas, sin correr el peligro
de perder sus bienes malhabidos y la libertad.

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