Mirella Cáceres
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
 |
| Memorable. Las audiólogas Marisol Acosta (primer plano) y Beatriz de Caballero hacen llegar los primeros sonidos a Erick Luna. Foto
EDH
VER GRAFICO |
Hasta hace dos años, Erick Luna percibía apenas unos sonidos del mundo exterior. Con la ayuda de una prótesis, alcanzaba a oír las vibraciones de la música estridente y el ruido de una compactadora en sus jornadas de trabajo como ingeniero eléctrico al servicio de la compañía Cel.
Las melodías románticas de José José, Luis Miguel y Roberto Carlos, que tanto le gustaba escuchar, habían quedado grabadas únicamente en su memoria. Tampoco volvió a reconocer la voz de su esposa, la de sus padres y la de sus compañeros de trabajo.
Para sobrevivir en el mundo de los oyentes, recurrió a la lectura de los labios. Hasta aprendió a conducir su vehículo en un solo carril para no interferir el tráfico.
Ese esfuerzo de adaptación de este hombre, moreno y corpulento, comenzó a los ocho años, cuando el silencio empezó a ganar espacio en su vida, como lo había hecho años atrás con su padre y tres tíos.
Con dificultades sobrellevó los estudios de educación básica en la escuela del barrio Santa Anita de San Salvador.
La falta de recursos de sus padres limitó la posibilidad de asistir a mejores controles médicos y a tratamientos para afrontar la discapacidad con garantías.
De aquel tiempo, su madre, Hilda de Luna, todavía recuerda los momentos en que Erick ponía alto el volumen de la televisión.
A los 15 años, el joven había perdido la audición y, desde entonces y durante 27 años, dependió de unos aparatos auditivos.
Quien piense que entonces empezó el declive de un hombre está equivocado. Erick sacó una ingeniería y pronto empezó a trabajar.
La esperanza de recuperar la audición nunca la perdió, no así la capacidad de escuchar que llegó un momento que fue nula. Un día, los doctores Juan Bautista y Beatriz Caballero le explicaron las bondades del implante coclear, un dispositivo electrónico que estimula el nervio auditivo para recuperar la audición.
El pasado 1 de julio, el ingeniero cruzaba la puerta del Hospital de Ojos y Oídos. Gracias a un seguro médico y el apoyo de la autónoma Cel, donde trabaja, reunió los $24 mil que cuesta el implante.
 |
|
Cirugía En la operación perforan un hueso del oído antes de colocar el implante. |
Dos días antes de la cirugía, Erick era presa de la incertidumbre. “Tengo un poco de temor, pero es mayor mi deseo de escuchar”.
La operación comenzó a las 7:00 a.m y, cuatro horas después, Erick salía anestesiado y con el aparato en su oído izquierdo.
Durante un mes guardó reposo. Erick, con veinte libras de menos de peso pero más animado, se presentó de nuevo a la clínica, esta vez para que le probarán la eficacia del implante.
Muy atento, leía en los labios las indicaciones que le dan las audiólogas Beatriz de Caballero y Marisol Acosta, la representante de la firma Boston Scientific, compañía que vende estos implantes y supervisa su colocación. Una vez le colocaron el procesador de sonido en la oreja de Erick, con la ayuda de un computador, programaron las frecuencias de sonido.
“Es un momento muy emocionante porque es cuando estos pacientes poslinguales (que no nacieron sordos) vuelven a escuchar las voces de sus parientes”, comentó Beatriz Caballero mientras enviaba los primeros sonidos hasta el implante interno del oído.
¿Qué escucha?, preguntó Acosta. “¿Me están mandando unos sonidos agudos?, respondió Erick, como cerciorándose del funcionamiento. La percepción y la discriminación que hacía del sonido despertó sonrisas de satisfacción en las especialistas.
“Hola hijo, me oís”, lo saludó doña Hilda. Era la primera vez en muchos años que lo hacía a su lado y no enfrente como se colocaba siempre para que le leyera sus labios. En el rostro de Erick apareció un poco de confusión; oía las voces, pero le costaba interpretarlas porque le llegaban con un especie de eco.
 |
|
Garantía. Juan Caballero es asistido por otro cirujano, traído por la compañía Boston Bionic. |
Las audiólogas le explicaron que no se trataba de que escuchara igual que cuando era niño. “Sí, sé que mi cerebro se irá acostumbrando al aparato”, respondió satisfecho de la experiencia.
Los doctores Juan Bautista y Beatriz Caballero coinciden en que este tipo de implantes son más ventajosos cuando se realizan a una edad temprana, antes de los cinco años, porque los niños mejoran el lenguaje oral.
“Imagínese todo el desarrollo que tendría un niño si desde pequeño se le da esta oportunidad”, reflexiona la doctora de Caballero.
Con ese fin y, a sabiendas del elevado costo del implante, ambos especialistas tienen adelantado el proyecto de una fundación para canalizar fondos con los cuales subsidiar estas operaciones en el país a los niños de escasos recursos.
Cuatro adultos y un menor se han sometido a esta técnica en el país. “Contesto el teléfono, oigo música,... he vuelto a nacer”
Marta de Morales padece sordera profunda, un grado de discapacidad tal que le impide oír algo aunque se le grite; sin embargo escucha, y lo hace gracias a la tecnología de un implante coclear en su oído derecho.
 |
|
Activa. Marta analiza muestras de drogas terapéuticas. |
El 23 de julio de 2002, esta laboratorista del Seguro Social se convirtió en la tercera persona del país en recurrir a este tipo de implante. Desde entonces, dos más han seguido sus pasos.
“Ahora platico con los pacientes, contesto el teléfono y oigo la música. Es como haber nacido de nuevo”, afirma esta señora.
Los ojos llorosos con los que termina la conservación delatan un presente feliz que sólo se entiende cuando rememora un pasado difícil en medio de un mundo de silencio.
Los problemas de audición comenzaron en su oído izquierdo hace 18 años.
“Cuando perdí mi audición por completo, pensé en renunciar porque creí que no iba a poder desempeñar mi trabajo”, cuenta Marta.
La razón era simple. La naturaleza de su ocupación le obliga a comunicarse con los pacientes cuando saca las muestras de sangre.
El apoyo de su esposo no le faltó y no se quedó sólo en palabras. El fue quien le enseñó a leer los labios.
Su jefa y compañeras le convencieron de que no todo estaba perdido. “Le hablábamos de frente para que ella nos leyera los labios, le ayudábamos a comunicarse con los pacientes.
Le hicimos sentir que seguía siendo parte del equipo de trabajo”, comenta Sonia Nuila, una compañera, quien recuerda que “pronto se adaptó”.
El ánimo de volver a escuchar siempre lo tuvo presente y en ese recuerda al ingeniero Luna. “Aquí en el país me sometí a una operación, el médico me prometió que escucharía con la prótesis, pero no fue así”, recuerda Marta.
Más tarde se dio cuenta que le engañó. En Estados Unidos, donde unos parientes le llevaron a una clínica para que la evaluaran, unas radiografías revelaron que no había prótesis.
En esa clínica conoció por primera vez acerca de los implantes cocleares aunque le sugirieron que se realizara las pruebas de audiometría en el país.
Tiempo después leyó acerca del primer implante en El Salvador, la cirugía que le permitió volver a escuchar. “El objetivo del implante es dar información auditiva a personas con sordera de tipo sensorial, bilateral (en ambos oídos), de severa a profunda”
Juan Bautista Caballero
Especialista en implante coclear
“Una vez colocado el implante, el paciente sigue una terapia de rehabilitación. Si es adulto para recuperar el lenguaje, si es niño para aprenderlo”
Beatriz de Caballero
Audióloga

|