| Eduardo Torres*
El Diario de Hoy
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Tras el recuento por parte del Tribunal Electoral de México del 9% de registros electorales de la elección presidencial del 2 de julio, quedando aún pendiente un recurso de ley por resolver --sobre si el Presidente Fox o grupos empresariales interfirieron de manera ilegal en las elecciones--, Felipe Calderón está a horas plazo de ser declarado presidente electo de México, pues el plazo para resolver vence el próximo miércoles 6 de septiembre.
El respetado Tribunal Electo-ral, ante lo cerrado del resultado y las sostenidas denuncias de fraude generalizado realizadas por Andrés Manuel López Obra-dor, decidió hace unas semanas realizar un conteo parcial en los lugares que, a su juicio, había razón para hacerlo.
Según “The New York Times”, quien ha tenido acceso al informe dado a conocer este lunes, no se encontraron pruebas de fraude generalizado, como ha venido planteando el populista miembro del Partido de la Revolución Demo-crática (PRD), pero si “que habían muy pocos errores para cambiar los resultados”.
“Nadie debería pedirle a López Obrador que conceda (que admita su derrota) antes de este fallo (del próximo miércoles). Sin embargo, es hora de que él le ponga fin a las protestas y prometa respetar la decisión final del tribunal”, editorializó “The New York Times”, en relación al relajo y las “acciones de calle” que sus más fervientes seguidores han venido realizando con regularidad a inmediaciones del Zócalo.
Nacido en Tepetitán, municipio de Macuspana, Estado de Tabasco, López Obrador, de 53 años de edad, licenciado en ciencias políticas y administración pública de la Universidad Autó-noma de México, con 30 años de carrera política, parece ser que no se ha dado cuenta de la desgastada que se está dando con el desafío a la institucionalidad de su país, por un sueño que pudo llegar a ser pero no fue.
Encabezando las encuestas por espacio de años, el punto en México fue por largo tiempo si este candidato populista, con tremendo apoyo en la gigantesca metrópoli, iba a ser izquierda de credenciales democráticas cuestionadas tipo Hugo Chávez, o de sólidas credenciales democráticas tipo Lula o Michele Bachelett.
“Por sus hechos los conoceréis”, dirán algunos; “gallina que come huevo, ni que le quemen el pico”, dirán los otros. La verdad es que la naturaleza exacta de López Obrador, de cuestionadas credenciales democráticas, es la que con claridad ha salido a luz en estas ocho semanas transcurridas desde la elección del 2 de julio. De buena se está salvando México, nuestro hermano mayor.
De 44 años, abogado por la Escuela Libre de Derecho, con maestría en Adminis-tración Pública por la Universi-dad de Harvard y maestría en Economía por el Instituto Tecno-lógico Autónomo (ITAM), Felipe Calderón apoyó actividades del Partido de Avanzada Nacional (PAN) desde niño, del cual su padre fue uno de sus fundadores.
Padre de tres hijos tras 12 años de casado con su esposa Margarita, fue secretario juvenil y luego secretario general del PAN. Ha sido diputado federal, llegando a ser coordinador parlamentario y antes de lanzarse a las primarias de su partido fue secretario de Energía del Presidente Vicente Fox. Contra todo pronóstico derrotó al ungido por Fox en las internas del PAN y de manera reñida, muy reñida --”The Wall Street Journal” compara su resultado con las elecciones presidenciales de 2000 en los Estados Unidos entre Bush y Gore”--, estaría a horas plazo de ser declarado presidente electo de México. ¡Vaya hazaña!
El principal desafío, en lo que según “The Wall Street Journal” es la transición de México hacia la democracia y el libre mercado, se centraría en el problema de inseguridad que se vive en ese país y en cómo impulsar al México pobre (del DF hacia el sur) hacia el del primer mundo (del DF hacia el norte). Prudente y sabia elección la de los hermanos mexicanos.
*Director Editorial de El Diario de Hoy.

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