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Punto de vista
¿Qué dicen ellos?

Así son los jóvenes. Gracias a su edad, estrenan sus ojos y su intelecto ante una sociedad que quizá les presenta sólo algunas de sus facetas.
Su espíritu emprendedor les llevará a hacer lo que crean justo y conveniente

Publicada 2 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Mayora Re*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Esta semana asistí a una mesa redonda, organizada por Fusades. Se trataba de ampliar y discutir las conclusiones de un estudio acerca diversos aspectos de la realidad nacional. Era la quinta de esas reuniones, y en esta ocasión se discutió acerca de las relaciones entre capital político y capital social; es decir, la situación --sus causas y consecuencias-- de las relaciones entre nosotros mismos y nuestras instituciones públicas y privadas, como condición para alcanzar el desarrollo y la paz.

Me acompañaron cincuenta alumnos de último año de bachillerato. En un foro colmado por ilustres personalidades: políticos, analistas, pensadores, periodistas, personeros de gobierno, empresarios, etc. Los jóvenes causaron sensación, buenas sensaciones.

Se trataba de que oyeran, vieran y saborearan el modo en que se estudia y comenta la realidad del país. Que aprendieran a dialogar, a respetar la opinión contraria, a analizar y a criticar constructivamente. Como me decía una ex ministra presente entre los asistentes: “Ya pasó la época de la memoria, ahora hace falta oír todas las posturas y aprender a tomar parte”, y creo que se alcanzó el objetivo.

Presto mi pluma y dejo que ellos escriban. Federico apunta: “Se habló de política y economía, pero según mi punto de vista no se dieron soluciones”; Carlos añade: “Lo que más me gustó fue que se hiciera referencia directa a nosotros (los jóvenes) y cómo debemos ser responsables y cambiar lo que no lograron las generaciones anteriores”; Leonardo: “Pienso que habría sido más positivo si en lugar de estar discutiendo sobre las causas de los errores (...) se hubieran enfocado no tanto en el capital social sino en la esencia de éste: en nuestra gente y sus problemas”.

La opinión de David me parece iluminadora acerca de los frutos de la actividad: “Pienso que antes del martes estaba dentro de la categoría de esos para quienes la situación política y social del país es poco menos que irrelevante. Nunca me había sentado a ver las noticias de televisión o leer despacio los periódicos. Pero ahora ya no puedo seguir igual. He visto realidades que voy a tener que enfrentar muy pronto y me preocupo, pero también me intereso. Pienso que ya no veré la televisión ni los periódicos de la misma forma que hasta ahora lo he hecho”.

Jaime aprendió a sacar colusiones interesantes, básicas para la construcción del capital social: “Los errores pasados se cometieron y es importante no volverlos a cometer, quedarse en lamentos o en echar culpas. Es necesario aprender por qué sucedieron las cosas para que no vuelvan a pasar”. Alfonso es optimista: “Pude ver que se tiene confianza en el país, unidad y concordia entre quienes luchan por construir el capital social y político”.

Luis enfocó las cosas con una perspectiva de compromiso: “Aunque todos hubieran estado equivocados, todos tenían un punto en común: querer sacar adelante a El Salvador (...) Me di cuenta de que hay muchas cosas que se están haciendo mal, pero no podemos esperar que “otros” las saquen adelante. Nosotros --yo--, tenemos --tengo--, la responsabilidad de no permanecer pasivos”.

Las citas reflejan mucho del espíritu e idealismo que caracteriza a la juventud. ¿Quién ha dicho que nuestros adolescentes son pasivos y aburridos? Es verdad que del dicho al hecho hay mucho trecho, pero también es verdad que en los testimonios (forzosamente escasos por motivos de espacio) transcritos, se refleja mucho de lo que cosecharon en esas horas: optimismo, confianza, afán de hacer las cosas bien.

Se les descubrió un mundo adulto en el que más temprano que tarde estarán inmersos. Pienso que cuando se habló en la charla que abrió el evento de que era necesario “amar el porvenir”, para los que todos los días nos dedicamos a la enseñanza, la frase no fue abstracta, y fue fácil poner a ese porvenir rostros y nombres concretos.

Así son los jóvenes. Gracias a su edad, estrenan sus ojos y su intelecto ante una sociedad que quizá les presenta sólo algunas de sus facetas. Su espíritu emprendedor les llevará a hacer lo que crean justo y conveniente; por eso es tan importante apoyarse en ellos, creer en ellos, darles las herramientas, competencias y actitudes necesarias. Por eso es vital la educación.

*Ing. Industrial, Dr. en Filosofía y columnista de El Diario de Hoy.
carlos@mayora.org

 

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