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Salvajismo latinoamericano

Estos demagogos odian el capitalismo porque éste exige un verdadero Estado de Derecho, el manejo transparente de los fondos públicos, austeridad en el gasto, reducción de impuestos, disciplina monetaria

Publicada 2 de septiembre de 2006, El Diario de Hoy

Porfirio Cristaldo Ayala*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Asunción.- El presidente argentino Néstor Kirchner, bastión del neopopulismo, aprovechó la Cumbre del Merco-sur en Córdoba para elogiar la solidaridad, defender su vetusta política estatista y censurar el “salvaje” neoliberalismo causante de la desgracia latinoamericana. Por increíble que parezca, buena parte de los argentinos apoya estos disparates que, en los últimos 60 años, convirtieron a uno de los países más ricos y prósperos del mundo en uno de los más atrasados.

Kirchner alabó la participación de empresas estatales y condenó el “lucro salvaje” de las empresas extranjeras. Un ejemplo es el grupo francés que tenía la concesión del servicio de agua potable y saneamiento en Buenos Aires, ahora operado por la estatal AYSA. Parece olvidar que, mediante la privatización de los años 1990, se consiguió que más de 3 millones de familias fueran conectadas a la red de agua potable. El 85% de las familias con nuevas conexiones viven en los barrios más pobres de la ciudad.

La absurda crítica de Kirch-ner se debe, en parte, a que las tarifas de agua subieron con la privatización. Este aumento, sin embargo, se registró sólo para los usuarios privilegiados que ya tenían conexiones a la red y no para los más pobres que se abastecían comprando agua en tambores a un costo diez veces mayor. El grupo empresarial francés pagaba impuestos y carecía de los subsidios y exenciones de las empresas estatales.

Kirchner y sus colegas aseguran que “la inversión pública es fundamental allí donde no llega el mercado”. ¡Absurdo! En los años 90, los países debieron dar en concesión el suministro de agua potable, teléfonos, electricidad, ferrocarriles, aeropuertos, puertos y autopistas porque las empresas privadas eran las únicas que podían llegar donde la empresa estatal nunca antes había llegado, por no poder realizar grandes inversiones o no tener interés en los muy pobres.

En América Latina, 58 millones de personas no tienen acceso a agua potable debido a la incapacidad de las empresas estatales, a pesar del “compromiso con el pueblo” del que se llenan la boca Kirchner, Evo Morales, Castro, Chávez, Lula y Nicanor Duarte. La ausencia de otros servicios públicos e infraestructuras es parecida. Las estatales no lo proveen ni dejan que la empresa privada lo haga.

La competencia entre las empresas privadas generalmente impide el “lucro salvaje”. En cambio, la “corrupción salvaje” en las obras públicas y en las compras y contrataciones del Estado es irremediable. El lavado de dinero y narcotráfico producen “sobornos salvajes”, pero lo que más hunde a los pueblos latinoamericanos es la “explotación salvaje” de los países más fuertes a los más débiles, como ocurre con Brasil y Argentina en contra de Paraguay y Uruguay.

Chávez podría dictar cátedra sobre su “ataque salvaje a la libertad de prensa”, Castro sobre su “represión salvaje” a sus opositores, Morales sobre las “confiscaciones salvajes”, Lula sobre el “proteccionismo salvaje” en el Mercosur y Duarte sobre la “corrupción salvaje”, pero no lo hicieron.

Estos demagogos odian el capitalismo porque éste exige un verdadero Estado de Derecho, el manejo transparente de los fondos públicos, austeridad en el gasto, reducción de impuestos, disciplina monetaria, apertura de la economía y el fin del favoritismo y la corrupción. Para el populismo, tales políticas liberales serían un suicidio, pues destruirían su nutrida clientela política, sustento de la “democracia salvaje” de sus gobiernos.

*Presidente del Foro Libertario. © www.aipenet.com

 

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