| Óscar Rodríguez Blanco s.d.b.*
El Diario de Hoy
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La luz del evangelio llegó a nuestro continente americano hace ya más de 514 años para fecundar, con el Espíritu Divino, el hondo sentimiento religioso que ya existía entre sus habitantes.
La fuerza del mensaje evangélico les fue haciendo comprender poco a poco que ellos eran hijos de Dios y, que como personas, tenían una dignidad humana y cristiana. Lastimosamente los métodos usados por los evangelizadores y por los primeros conquistadores no fueron los mejores.
El sustrato católico que se tiene en todo el continente es obra de sacrificados obispos, sacerdotes y misioneros laicos, que esparcieron la semilla del Evangelio.
Con el correr de los años, la búsqueda de nuevas experiencias religiosas hizo que muchas personas se desviaran de su fe y cayeran en un sincretismo religioso lleno de supersticiones.
Entre los grandes desafíos que tiene en la actualidad la Iglesia se encuentra precisamente el de purificar la fe con el anuncio claro y explícito del Evangelio, complementado con una seria formación que lleve a la vivencia de Cristo vivo.
Escuchamos con frecuencia a personas católicas que no tienen reparos en confesar que les gusta el espiritismo, la santería, la astrología, cargar amuletos y prestar atención a las personas que les dicen que el número 13 trae mala suerte y que el oír cantar a un búho, ver un gato negro, derramar la sal y pasar por debajo de una escalera, les trae igualmente mala suerte.
Hay quienes van en busca de espiritistas para que el “médium” les haga escuchar la voz de algún muerto, otros prefieren recurrir al peligroso juego de la gûija, consultar a quien les pueda leer la mano, o escuchar a un charlatán, que después de cobrar la consulta, les aconseja baños con hierbas o mirarse al espejo a la medianoche.
Existen miles de personas que creen ciegamente en los horóscopos y están ansiosos por buscar en las revistas o periódicos sus predicciones. Hay quienes buscan a los hechiceros, brujos o magos para contarles sus males, sus decepciones, enfermedades o fracasos en el amor. ¡Cuánta ignorancia religiosa existe entre nuestra gente! La causa de todo esto es la falta de una auténtica evangelización que los haga encontrarse con la Verdad plena que es Jesucristo, dueño absoluto del ayer, del hoy y del mañana. En la medida en que nosotros profundicemos la persona de Jesucristo y tratemos de vivir conforme a sus enseñanzas, se alejan también las angustias y temores que llegan a nuestra vida.
La superstición es un hecho que siempre ha existido, no es nada nuevo. La Sagrada Escritura nos habla de las antiguas prácticas de magia, adivinación, espiritismo, astrología y hechicería.
Los hebreos y los judíos estuvieron en contacto con egipcios y caldeos que practicaban la magia, con adivinos, sabios y hechiceros; la magia estaba atestada en todos los países, incluso en Israel; sin embargo, la Biblia también es clara en afirmar “que nadie practique encantamientos o consulte a los astros; que no haya brujos ni hechiceros; que no se halle a nadie que se dedique a supersticiones o consulte los espíritus; que no se halle ningún adivino o quien pregunte a los muertos” (Dt.18, 10-11 ).
La Iglesia, por otra parte, nos advierte claramente que no hay que dejarse llevar por falsos profetas que, con doctrinas llamativas y extrañas, confunden la fe de los débiles, aprovechándose de sus necesidades espirituales o materiales.
Nuestra actitud como cristianos debe ser la de clarificar nuestra fe y ubicarla en su lugar preciso. Muchas personas caen en estas situaciones por pura ignorancia religiosa, no han conocido la verdad de Jesucristo y su Iglesia. El primer mandamiento de la ley de Dios nos manda adorar sólo a Dios y reconocerle como el único creador y Salvador: “Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto” (Lc. 4, 8; Dt 6,13).
La actitud justa de un cristiano es abandonarse con confianza ilimitada en las manos de Dios, entregándole su vida, su trabajo, su futuro. El Documento de Participa-ción a la V Conferencia nos dice que Cristo es y será siempre la verdadera novedad. “Por el encuentro con Él, los seres humanos sabemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos” (DP.40). El es nuestra seguridad, es el Único que sabe nuestro pasado, presente y futuro. Si profundizamos nuestras creencias cristianas a la luz del Evangelio nos daremos cuenta que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.
*Sacerdote salesiano. osrobla@hotmail.com

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