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| Espera. Los pasajeros con rumbo a San Martín
llegan a la parada, en el centro capitalino, para abordar el bus.
Foto EDH |
Alejandra Silva
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Son las 6:00 de la tarde; los conductores de la ruta 14, que viaja desde
San Martín hasta la capital, no quieren hacer los viajes de la
tarde y la noche. Esa disposición no escrita se repite en las rutas
20 y 24-A que circulan por diferentes colonias de Cuscatancingo.
Hace un mes, unos y otros acordaron adelantar el horario del últimos
viaje para evitar agresiones, asaltos o granjearse un nuevo grupo de extorsionistas
que les cobre por dejarlos trabajar.
La palabra tranquilidad hace tiempo que salió del diccionario del
transporte. Como cuando se subían los pasajeros, pagaban por el
viaje, entregaban el cambio y al final del día daban detalle de
los ingresos a los dueños de las unidades.
“Aquí se pueden subir en cualquier lado como pasajero y nos
arrebatan la caja del dinero. En esta parada puede estar alguno que va
a robar”, comenta Jaime Grande, con 18 años de experiencia
como motorista, pendiente de quien sube y quien viaja de la unidad.
A las 6:30 de la tarde pasa la última unidad de la 14. Hasta hace
poco, prestaba servicio hasta pasadas las 7:30 de la noche.
En lo que va del año, dos unidades han sido incendiadas por desconocidos.
Los choferes no quieren pasar a la lista de los fallecidos por negarse
al despojo.
Por el momento, 18 buses prestan el servicio, pero algunos no descartan
guardar sus unidades.
Luis Valencia, de la Cámara Tecleña del Transporte, asegura
que las rutas 101-D y 42-B, que viajan a Santa Tecla y Merliot respectivamente,
circulan hasta 7:00 de la noche.
Antes, los viajes que dejaban más ganancias o “más
jugosos”, según la jerga, eran los de las 10:00 p.m. “Pero
eso era antes”, acota Valencia.
Con la medida, Rodrigo Contreras Teos, de la Coordinadora Nacional del
Transporte (CNT), asegura que se evitan robos directos.
La cooperativa de la 24-A ha perdido 10 empleados. En la sociedad de la
ruta 20 han perecido cuatro más.
Antes, los empleados que salían tarde de sus trabajos encontraban
con seguridad más de algún microbús de la 20 parqueado
en el punto anunciando su salida. Hoy, a las 9:00 de la noche, con suerte
a las 9:30, sale el último viaje.
“Después de esa hora, la gente se va en los microbuses pirata,
pero les cobran más caro”, indicó un despacho de la
ruta 20.
Los cobradores y demás empleados de la terminal no hablan y miran
alrededor con cautela no vaya a ser que esté cerca alguno de los
delincuentes encargados de llevar la cuota: $60 diarios, un dólar
por cada unidad.
Hay unas 180 escuelas en los sitios de riesgo
Sin descartar que las extorsiones que sufren los docentes, por parte
de las maras, puedan terminar por disminuir la asistencia a clases, el
viceministro de Educación, José Luis Guzmán, afirmó
ayer que están pendientes de unos 180 centros, ubicados en zonas
de alto riesgo por la delincuencia.
Tras reiterar que se trata de un fenómeno focalizado en el marco
de la delincuencia que afecta al país, Guzmán afirmó
que se hará un trabajo coordinado con los directores y docentes
de las instituciones educativas. También se buscará un mecanismo
de información y una estrecha comunicación con la PNC.
“De ser necesario se gestionará algún tipo de seguridad”,
precisó con respecto a la situación del grupo de escuelas,
que en su mayoría están identificadas dentro del programa
nacional del Plan 2021 conocido como Escuelas Solidarias y Efectivas.
En algunas escuelas de San Salvador ya empezaron las reuniones con las
autoridades de los centros para discutir sus planes, las normas internas
de ingreso de alumnos. También cómo captar los problemas
de violencia dentro de las instalaciones y cómo evitar el ingreso
de drogas y armas.
En la actualidad, el Ministerio de Educación (Mined) aún
revisa, caso por caso, las peticiones de traslado que más de 76
docentes agobiados por las pandillas han formulado desde distintos puntos
del país. A la fecha, seis han sido reubicados con celeridad por
el Tribunal Calificador después de comprobarse que su petición
obedecía a la presión de mareros.
Guzmán agregó que se tienen que generar espacios de discusión
sobre ese tema, actividades positivas tanto para docentes como para alumnos,
a modo de contrapeso.

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