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| Reto. Vista de la champa donde conviven los jóvenes.
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Eugenia Velásquez
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
“Al final terminamos concientizándonos a nosotros mismos”.
Stefanie Madriz lo dice con tanta seguridad que, ahora más que
nunca, su labor dentro de la organización “Un Techo para
mi País El Salvador” tiene mayor sentido.
Ella, junto a tres jóvenes más, permanecen desde el 21 de
agosto en una champa sin paredes, sin un techo seguro y sin agua potable,
en medio de la ciudad de San Salvador, específicamente en la plaza
del Salvador del Mundo.
Vivir en carne propia las dificultades que las familias de escasos recursos
afrontan a diario, especialmente en el área rural del país,
para esta voluntaria “ha reforzado lo que sentíamos antes”.
Comenta que antes veía llover desde la comodidad de su casa y le
parecía un panorama placentero.
Desde hoy, que ha conocido los desvelos de amanecer “empapados”,
en la lucha por tapar las goteras del techo de plástico y bañarse
cada dos días porque el agua es escasa le ha enseñado a
valorar las cosas.
El reto para estos jóvenes termina el sábado, día
en que saldrán de la champa improvisada con la firme voluntad de
construir en diciembre más de 230 casas a familias pobres de San
Vicente, Sonsonate, San Miguel y Chalatenango. Con lo recaudado hasta
ayer, el techo para 150 familias ya está asegurado.

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