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De marchas blancas al fallo inesperado

Fraude. El haber ganado contratos con el ISSS de forma ilegal le costó la libertad. En los últimos años trabajó como voluntario.


Publicada 1 de septiembre de 2006 , El Diario de Hoy

Disturbios. Las autoridades del ISSS lo ligaron a los disturbios callejeros de la huelga de 2002. Foto EDH
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Yomar Rojaijú Vallejo Marroquín, de 41 años, fue médico oncólogo del Seguro Social, pero en su haber acumuló la participación en desórdenes callejeros, la negación de atención a pacientes y el fraude con Oncoservice, que ahora lo llevará hasta la cárcel.

No obstante, en los últimos años se le vio trabajando, sin recibir paga, en programas de prevención de cáncer.

Las autoridades del Seguro Social lo ligaron a irregularidades en su desempeño en el hospital de Oncología.

Justo cuando la institución era sacudida por la peor de sus huelgas en octubre de 2002, saltó el nombre de Vallejo como uno de los galenos que negaron atención a pacientes.

El oncólogo incluso fue vinculado con la organización de la huelga y las protestas callejeras llamadas “marchas blancas”.

Vallejo, quien nació en el barrio de San Jacinto el 22 de febrero de 1965, fue acusado entonces de no querer atender a un niño que padecía cáncer en apoyo a los huelguistas, pero decirle que podía recibirlo en su consultorio. Pero sus problemas no terminaron ahí.

Las autoridades descubrieron que había favorecido a una empresa de la que él era socio, aprovechando su participación en el comité que decidiría la adquisición de servicios de oncología. Esto último fue lo que le ha valido una condena de cuatro años de prisión.

Las autoridades confirmaron que a partir de 1999 al 2002, la empresa de Vallejo se agenció varios contratos con el Seguro que sobrepasaron el millón de dólares.

Asimismo, se le acusó de utilizar el equipo del Seguro Social para realizar tratamientos a sus pacientes particulares a quienes cobraba posteriormente.

El Ministerio Público sólo comprobó irregularidades en dos contratos por unos 513 mil dólares y de ahí partió su juicio, que culminó con un fallo que quizá no esperaba.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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