The New York Times
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| Izquierdista. Andrés Manuel López Obrador. Foto
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El
Diario de Hoy
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Durante ocho semanas, Andrés Manuel López Obrador ha convertido su alegato de fraude electoral en la base de lo que amenaza con volverse una protesta permanente hacia las elecciones presidenciales de México. El lunes de esta semana, el tribunal electoral de México echó por tierra los fundamentos de su alegato. En un recuento de 9% de las casillas electorales, los jueces no encontraron pruebas de fraude generalizado y había muy pocos errores para cambiar los resultados.
El tribunal electoral aún no ha declarado que Felipe Calderón, perteneciente al gobierno Partido Acción Nacional, sea el próximo presidente de México. Tiene hasta el 6 de septiembre para fallar con respecto a si el Presidente Vicente Fox y grupos empresariales interfirieron de manera ilegal en las elecciones. Nadie debería pedirle a Obrador que conceda antes de este fallo. Sin embargo, es hora de que él le ponga fin a las protestas y prometa respetar la decisión final del tribunal.
Obrador, quien va a la zaga de Calderón por menos de 0.6% de los votos, alega que él fue el verdadero ganador y jura volver ingobernable el país hasta que se reconozca su alegato. Sus partidarios han establecido campamentos de invasores que han paralizado algunas partes de la Ciudad de México. Obrador argumenta que sólo un recuento pleno habría resuelto la cuestión. En un país donde el fraude electoral solía ser rutinario, un recuento pleno, de hecho, habría sido lo mejor.
Sin embargo, todo parece indicar que esta votación fue bien administrada, y existe un claro y exhaustivo proceso en marcha para lidiar con desafíos. El tribunal electoral es respetado e independiente.
La continua insistencia de Obrador en cuanto a que le robaron, suena ahora como lloriqueo. Si él no desiste, su partido, actualmente el segundo más grande del país, debería decidir que es más grande que él y que su papel es como una oposición dentro, no fuera, de procesos democráticos.
Voces que escuchar
Calderón, sin embargo, también necesita esforzarse por comunicarse. Se equivocó en su oposición a un recuento. Y si bien sus asesores insisten en que ellos no necesitan al Partido de la Revolución Democrática para gobernar eficazmente, están equivocados. Calderón tiene menos de 36 % del voto, y su propio partido no alcanzó una mayoría ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado. El país está dividido por clase y geografía, con los estados ricos del norte apoyando a Calderón y los del sur, más pobres, a Obrador.
Incluso si él pudiera gobernar solo, Calderón estaría legislando en un una cámara de ecos de la élite mexicana. Obrador tiene defectos que al parecer le han impedido alcanzar la presidencia. Sin embargo, eso no significa que los millones de mexicanos que se sienten representados por él no deberían tener voz.

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