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Analizando
La necesidad de un nuevo enfoque de seguridad

La seguridad en El Salvador no se logrará ni con más policías ni con más ejército, mucho menos se conseguirá estableciendo regímenes de excepción o decretando leyes más especiales

Publicada 31 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

José Miguel Cruz*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El asunto de la seguridad en nuestro país no es simplemente un problema de maras, crimen y violencia social y organizada. El problema de la seguridad en nuestra sociedad es, más bien, un problema mucho más amplio, que toca el problema de las relaciones sociales, de las relaciones de las personas entre sí, con el Estado y con el medio ambiente que les rodea.

Hace más de una década el Programa de las Naciones Unidas introdujo el concepto de “seguridad humana”, para atender la necesidad de una noción que subrayara la contención de las amenazas en contra de las personas.

Hasta entonces, los abordajes sobre seguridad habían estado enfocados en temas como la protección de los territorios nacionales en contra de agresiones extranjeras, o la protección de los intereses nacionales en contra de amenazas internas o foráneas o, en el más cotidiano de los casos, en la protección en contra de la delincuencia. El nuevo enfoque, por el contrario, llamaba la atención sobre la necesidad de colocar en el centro de la discusión de seguridad a la persona misma y no al Estado.

En el pasado, hablar de seguridad implicaba hablar de la seguridad de los estados por encima de los ciudadanos y ello condujo a modelos que llegaron a ser terriblemente perversos para sociedades autoritarias y subdesarrolladas como la nuestra, y que alcanzaron una de sus máximas expresiones en las doctrinas de seguridad nacional.

El concepto de seguridad humana, por el contrario, significa la protección de la gente de condiciones de amenaza; significa la creación de sistemas políticos, sociales, medio-ambientales, económicos, militares y culturales que den la oportunidad a las personas de construir las bases para una vida digna. En otras palabras, significa seguridad en contra de amenazas crónicas como el hambre, la enfermedad y la violencia.

Como dice uno de los documentos fundamentales del PNUD, “la seguridad humana se expresa en un niño que no muere, una enfermedad que no se difunde, un empleo que no se elimina, una tensión étnica que no explota en violencia, un disidente que no es silenciado. La seguridad humana no es una preocupación por las armas: es una preocupación por la vida y la dignidad humanas” (Informe de Desarrollo Humano 1994, p. 25).

En El Salvador, las fuentes de inseguridad para la población no sólo tienen que ver con el crimen y la violencia, tienen que ver también con la pobreza, con la exclusión y marginalidad de un sector importante de la población, tienen que ver con la incapacidad del Estado para asegurar y garantizar los derechos fundamentales de la población, tienen que ver con el deterioro acelerado de los recursos naturales y del medio ambiente, tiene que ver con la incapacidad de las instituciones para normar, controlar y ordenar las relaciones sociales a un punto adecuado para la convivencia.

Los principales riesgos que afrentan los salvadoreños no tienen que ver sólo con violencia. Es cierto, la violencia es uno de los problemas fundamentales, pero los salvadoreños mueren o son afectados también por las enfermedades respiratorias e intestinales, sobre todo en el caso de los niños y por enfermedades asociadas a la desnutrición; los salvadoreños mueren por los accidentes de tránsito, mueren por la incapacidad de acceder oportunamente a servicios de salud de calidad; mueren por enfermedades cardiovasculares que están relacionadas con modos de vida; mueren por complicaciones relacionadas con el consumo del alcohol; mueren por falta de educación en salud sexual y reproductiva, y mueren en su intento por migrar hacia otro país.

La guerra, los Acuerdos de Paz, las transformaciones políticas y las reformas económicas que han tomado lugar en estas tres décadas no han deparado más seguridad a la población, y eso ha ocurrido así porque a final de cuentas se ha dejado de lado al ciudadano en la construcción del nuevo orden y se han privilegiado los intereses económicos y políticos de unos cuantos.

La seguridad en El Salvador no se logrará ni con más policías ni con más ejército, mucho menos se conseguirá estableciendo regímenes de excepción o decretando leyes más especiales. La seguridad se logrará cuando logremos establecer un nuevo modo de convivencia ciudadana, uno basado en los derechos y en la justicia de todos los habitantes, independientemente de su propia condición socioeconómica.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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