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La
Nota del Día
Con engaño y fraude ganó contratas Alviz
Se debe agregar lo más importante: que en los niveles de emporcamiento ambiental causado por vehículos automotores, para reducirlos es más que suficiente sacar de circulación a los vehículos que a ojo ensucian el aire
Publicada 31 de agosto de 2006, El Diario de Hoy
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Diario de Hoy
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elsalvador.com
Un tribunal de arbitraje en Washington falló a favor del Estado salvadoreño y contra el individuo Joaquín Alviz por las irregularidades y engaños que le llevaron a adjudicarse unas licitaciones públicas, incluyendo el sistema de control de emanaciones de vehículos. Nuestro país demostró que valiéndose de falsificaciones, fraude ideológico y actos de corrupción, Alviz ganó los concursos sin cumplir luego lo pactado. Al informar del fallo, se dijo “los españoles Joaquín Alviz y Felipe Martínez Lavado incurrieron en una serie de fraudes que van desde presentar un título profesional falso hasta ufanarse de trabajar en proyectos ficticios…” En sus actuaciones, ambos violaron las leyes salvadoreñas.
Lo lamentable, sin embargo, es que el ruinoso episodio pudo haberse evitado, de existir procedimientos más transparentes para efectuar licitaciones públicas y, sobre todo, si se hubieran atendido las críticas públicas que se hicieron tanto al sistema de control de emisiones, como al licitante. Al inicio de la negociación se demostró en EL DIARIO DE HOY que la firma representada por Alviz y que ostensiblemente era de su propiedad, no tenía capacidad para ejecutar obras y programas de tal envergadura; la licitación se adjudicaría, dijimos, a un individuo que luego contrató a otros para hacer malos trabajos.
Comencemos por un hecho que revelaba todo: la sede física de la empresa era el apartamento madrileño de los padres de Alviz, ubicado en el piso superior de un edificio residencial. Una empresa a la que se adjudicaban contratos por varios millones de dólares no tenía oficinas propias, como cuando aquí y en el resto de Centro-América ganan licitaciones negocios cuyos activos son cuatro escritorios y la motocicleta del ordenanza. En el pintoresco trópico donde vivimos, el suministro de medicamentos lo hace gente sin laboratorios; las construcciones, grupos que no tienen un martillo, y la publicación de libros, firmas que no pasan de poseer dos computadoras.
Sin transparencia se cae en corrupción
A esto se debe agregar lo más importante: que en los niveles de emporcamiento ambiental causado por vehículos automotores, para reducirlos es más que suficiente sacar de circulación a los vehículos que a ojo ensucian el aire. Si patrullas policiales se apostaran en la Alameda Juan Pablo II quitando placas a buses y vehículos que corren dejando tras sí negras o grises humaredas, lo que está afectando la limpieza del aire y enfermando los pulmones de la población, estaríamos mucho mejor y sin necesidad de contratar sinvergüenzas. El día en que ningún automotor arroje humo visible, se pasa a la siguiente etapa para quedar con un aire más puro que en los Alpes suizos.
Fue la investigación de EL DIARIO DE HOY lo que condujo a retirar las contrataciones a Alviz, y después de demostrar que llevado por engaños, el ex presidente Flores inauguró una obra inconclusa, el Proyecto Río Lempa II, una especie de “aldea Potemkin”, o sea montajes de cartón. Y de allí salió el largo proceso contra el ex presidente de Anda.
Cómo evitar que caigamos en manos de otros Alviz, o en la garrafal metida de patas de la iluminación al aeropuerto, es materia para que todos pensemos. Primordialmente la clave está en volver transparente la adjudicación de contrataciones públicas y que urbi et orbi son la principal causa de corrupción en los países. Al tema volveremos en posteriores notas.

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