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Asentamiento en peligro de caer a despeñadero

Soyapango. Está situado en las cercanías de la colonia El Pepeto. Los pobladores no cuentan con agua potable.


Publicada 30 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Amenaza. Algunas viviendas de la comunidad se encuentran a la orilla del precipicio. Foto: EDH

Enrique Carranza
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

El terreno que refugió a la Comunidad Tres de Enero durante casi 20 años, hoy se niega a proporcionar más espacio para los pobladores.

Las viviendas se encuentran al final de la colonia El Pepeto, en Soyapango.

Allí, la línea férrea hace el estrecho camino que conduce hacia las humildes casas, las cuales en su mayoría fueron construidas de láminas y madera.

El asentamiento se fundó en octubre de 1986, justo después del terremoto.
“Venimos sin nada, buscábamos donde vivir”, recordó María Rodríguez, de 52 años.

En ese entonces varias familias de diferentes partes del país se radicaron en esa zona.
“Éramos de Mercedes Umaña, San Miguel, pero el terremoto nos había dejado sin nada”, dijo Rodríguez.

Al inicio fueron más de 40 familias las que buscaron nuevos horizontes en ese lugar, pero hoy han comenzado a emigrar por temor a perecer.

La decisión la han tomado debido al enorme abismo que avanza incesante hacia la comunidad.

“Estamos olvidados. Nunca hemos recibido ayuda de nadie”, manifestó con desconsuelo Rodríguez.

Riesgo

En ese sector son unas 20 casas las que aún permanecen habitadas y en peligro.
Conforme se avanza en la vereda, las propiedades abandonadas surgen como el escenario de la posible desgracia.

Las lluvias ocurridas a finales de 2005 se encargaron de provocar los derrumbes. El invierno de este año los ha empeorado.

Donde se formó el precipicio antes servía de paso a la línea del tren, y a la vez de acceso al asentamiento.

Los vecinos deben caminar entre predios privados para poder llegar a la urbanización más cercana.

“Con mi papá abrimos el camino. Los dueños del terreno se molestaron, pero no podemos hacer nada más”, explicó Jorge Coreas, de 16 años.

Los problemas para esas personas no acaban allí. Varios paredones amenazan con caer en cualquier momento sobre las pocas champas que aún quedan habilitadas.

Además, están lejos de ser provistos con los servicios básicos, de los cuales sólo tienen la energía eléctrica.

Para hacer los oficios domésticos y beber ocupan agua lluvia, pero cuando es verano caminan grandes distancias para acarrearla.

Esas personas hacen el llamado para que alguna entidad del Gobierno les extienda la mano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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