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| Amenaza. Algunas viviendas de la
comunidad se encuentran a la orilla del precipicio. Foto:
EDH |
Enrique Carranza
El Diario de Hoy
metro@elsalvador.com
El terreno que refugió a la Comunidad Tres de Enero durante casi
20 años, hoy se niega a proporcionar más espacio para los
pobladores.
Las viviendas se encuentran al final de la colonia El Pepeto, en Soyapango.
Allí, la línea férrea hace el estrecho camino que
conduce hacia las humildes casas, las cuales en su mayoría fueron
construidas de láminas y madera.
El asentamiento se fundó en octubre de 1986, justo después
del terremoto.
“Venimos sin nada, buscábamos donde vivir”, recordó
María Rodríguez, de 52 años.
En ese entonces varias familias de diferentes partes del país se
radicaron en esa zona.
“Éramos de Mercedes Umaña, San Miguel, pero el terremoto
nos había dejado sin nada”, dijo Rodríguez.
Al inicio fueron más de 40 familias las que buscaron nuevos horizontes
en ese lugar, pero hoy han comenzado a emigrar por temor a perecer.
La decisión la han tomado debido al enorme abismo que avanza incesante
hacia la comunidad.
“Estamos olvidados. Nunca hemos recibido ayuda de nadie”,
manifestó con desconsuelo Rodríguez.
Riesgo
En ese sector son unas 20 casas las que aún permanecen habitadas
y en peligro.
Conforme se avanza en la vereda, las propiedades abandonadas surgen como
el escenario de la posible desgracia.
Las lluvias ocurridas a finales de 2005 se encargaron de provocar los
derrumbes. El invierno de este año los ha empeorado.
Donde se formó el precipicio antes servía de paso a la línea
del tren, y a la vez de acceso al asentamiento.
Los vecinos deben caminar entre predios privados para poder llegar a la
urbanización más cercana.
“Con mi papá abrimos el camino. Los dueños del terreno
se molestaron, pero no podemos hacer nada más”, explicó
Jorge Coreas, de 16 años.
Los problemas para esas personas no acaban allí. Varios paredones
amenazan con caer en cualquier momento sobre las pocas champas que aún
quedan habilitadas.
Además, están lejos de ser provistos con los servicios básicos,
de los cuales sólo tienen la energía eléctrica.
Para hacer los oficios domésticos y beber ocupan agua lluvia, pero
cuando es verano caminan grandes distancias para acarrearla.
Esas personas hacen el llamado para que alguna entidad del Gobierno les
extienda la mano.

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