The New York Times
John Schwartz
El
Diario de Hoy
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“Es más probable que las personas vean pornografía cuando beben que cuando están sobrias” Foto
EDH
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¿Lo dijo en serio Mel Gibson?¿Fue en serio cuando dijo, según el reporte de una alguacil sobre su arresto bajo sospechas de conducir ebrio, que “los judíos son responsables por todas las guerras en el mundo”? ¿O cuando le preguntó a la oficial que lo arrestó: “¿Eres judía?”
En la primera de su serie de disculpas posteriores, Gibson calificó lo que dijo como “repudiable”, y dijo que hizo declaraciones “que no creo que sean ciertas”.
En una disculpa posterior que abordó directamente sus comentarios acerca de los judíos, afirmó: “Estoy en el proceso de entender de dónde surgieron esas palabras mordientes durante esa exhibición de ebriedad”.
Entonces, ¿de dónde surgieron exactamente esas palabras? Fue este soliloquio propiciado por el alcohol una desagradable visión de la personalidad de Gibson. ¿O no fue más que un producto de ingerir tequila?
Sucede que la ciencia ha trabajado arduamente para entender el cómo y el por qué de lo que todos aprenden en un baile del colegio: el alcohol puede provocar que la gente haga y diga cosas estúpidas. Pero ¿hace que las personas digan cosas que no creen que son, como insistió Gibson en sus declaraciones? En general, los expertos sugieren que la respuesta es “no”.
Mito o realidad
Consultado sobre de dónde vinieron esas maliciosas palabras de Gibson, el doctor Kevin J. Corcoran, un investigador de psicología que ha estudiado los efectos del alcohol en la percepción y el juicio, respondió sencillamente, “de su boca”.
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Estado temporal. La ebriedad puede desencadenar rasgos profundos. Foto EDH
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“Todos tenemos cosas que podríamos creer o sentir, o incluso estar apegados a ellas, que sabemos que son incorrectas”, aseveró Corcoran, quien también es decano de artes y ciencias de la Universidad del Norte de Kentucky.
Por ejemplo, señaló, es más probable que las personas vean pornografía cuando beben que cuando están sobrias; el alcohol reduce las inhibiciones, para bien o para mal.
El alcohol reprime las regiones de la corteza prefrontal y del cerebelo del cerebro, precisó la doctora Nora D. Volkow, directora del Instituto Nacional contra el Abuso de las Drogas.
El cerebelo rige la coordinación motora, lo que explica el andar tambaleante y la menor capacidad para conducir de un ebrio. La corteza prefrontal “realiza normalmente una evaluación de lo apropiado de nuestros actos”, indicó, modulando los deseos y los impulsos. Después de un par de tragos, agregó Volkow, se vuelve mucho más difícil reprimir tales impulsos.
Esto lleva a una condición que los investigadores llaman el “efecto de miopía por alcohol”, en el que alguien que ha bebido demasiado reacciona a señales inmediatas sin importar las consecuencias o el contexto social más amplio.
El doctor G. Alan Marlatt, director del Centro de Investigación sobre Conductas Adictivas de la Universidad de Washington, dijo que, con frecuencia, los psicólogos se enfocan en la diferencia entre “rasgos y condiciones”.
La ebriedad es un estado temporal, pero podría desencadenar nuestros rasgos más profundos y permanentes, aseveró. No obstante, Marlatt aseguró que se ha topado con personas que, bajo la influencia del alcohol y otras drogas, hacen cosas totalmente atípicas o dicen cosas que no son ciertas.
Marlatt destacó que, en “El Extraño Caso del Doctor Jekyll y el Señor Hyde”, de Robert Louis Stevenson, el malvado Hyde no es un extraño para el buen doctor Jekyll: sale de su interior.
Y es por eso que la mejor explicación para los comentarios de Gibson podría venir de la exquisita frase para referirse a hablar incorrectamente: Os italianos dicen “mi e scappato”. Significa “se me escapó”.

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