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Comentando
El problema agrario
Si el gobierno lleva a cabo más
repartos de propiedad privada expropiada, equivaldrá a cortarle
otra rodaja al país, como sucedió con parcelas anteriores,
hoy mal cultivadas cuando no abandonadas.
Publicada 30 de agosto de 2006, El Diario de Hoy
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Manuel
F. Meza Ayau*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Ciudad de Guatemala.- Los salarios de los campesinos subirán
cuando la industria prospere y demande más trabajadores y haya
mayor demanda de mano de obra. Sin esas oportunidades, los campesinos
seguirán pobres.
Esto lo ilustra la historia de los países ricos, donde para retener
trabajadores en el campo, los hacendados tuvieron que incrementar sueldos,
y para poder hacerlo sin subir los costos de sus productos, invirtieron
capital en equipos y aumentar así la productividad. Así
sucede siempre: la demanda de trabajo en unas actividades como maquilas
sube los salarios en las demás actividades.
Llamar ociosas a las reservas de tierras no es lógico. ¿Acaso
podríamos hablar de reservas ociosas de cualquier recurso para
cuyo fruto aún no hay suficiente demanda rentable? Simplemente
su explotación no sería rentable. Los recursos naturales
(tierra, minas, petróleo, gas, etc.) se extraen o explotan según
los requerimientos de consumo de la sociedad.
Cuánto de cada recurso se extraerá lo determina su precio,
comparado con el costo de su explotación o de extracción
pues, por ejemplo, si con la tierra utilizada se satisface lo que la gente
puede y está dispuesta a comprar (la demanda), el resto de la tierra
quedará en reserva para cuando suba la demanda.
Aumentar la explotación de cualquier recurso obliga a competir
por recursos complementarios que tendrán que desviarse de la producción
de otras cosas quizá de mayor prioridad. La relativa rentabilidad
indicará dónde quiere la sociedad que se usen.
El recurso más abundante suele ser el recurso humano, los trabajadores.
Y el recurso más escaso es el capital, cuya función económica
es la de incrementar la demanda y aumentar la productividad de los trabajadores.
Pero la afluencia de capital dependerá exclusivamente de un rendimiento
competitivo, que compense los riesgos inherentes a cada inversión.
La forma usual de desalentar una actividad es fijándole impuestos.
Si se desea que no se produzca algún producto, históricamente
se le castiga con un impuesto, y si se desea fomentarla se le exonera.
Es por ello que para ahuyentar el capital, los países estúpidos
establecen impuestos progresivos al rendimiento del capital (el impuesto
sobre la renta).
Así logran mantener a sus campesinos en la miseria, todo ello por
el prurito ideológico que nos exigen las entidades de ayuda extranjera.
Mientras China, para continuar reduciendo la pobreza a ritmo acelerado,
hace alarde ante el mundo que respetará el derecho de propiedad
privada, el gobierno de Guatemala considera la violación de ese
derecho, anunciando una confiscatoria reforma agraria. Deberíamos
aprender de la experiencia de la reforma agraria de El Salvador que, según
el informe del Inspector General de AID (#1-519-34-2, del 1/18/84) fue
un fracaso total.
No hay ningún caso en la historia de una reforma agraria basada
en expropiación de propiedad que haya tenido éxito. Sin
embargo, “expertos” internacionales, por razones ideológicas,
nunca aprenderán. Reco-miendo el libro “The peasant betrayed”
(El campesino traicionado), el cual describe los fracasos que a los expertos
nacionales e internacionales suelen presentar como éxitos.
Si el gobierno lleva a cabo más repartos de propiedad privada expropiada,
equivaldrá a cortarle otra rodaja al país, como sucedió
con parcelas anteriores, hoy mal cultivadas cuando no abandonadas, porque
sin los recursos complementarios la tierra no produce para mejorar el
nivel de vida del campesino.
La pobreza del campesino se reducirá --al tiempo que subirán
los ingresos fiscales-- cuando se elimine el impuesto sobre la renta.
*Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de
la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad
Mont Pelerin. © www.aipenet.com

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