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Palabras
Piedra sagrada del fuego

Los antiguos místicos mayas buscaban en las dimensiones invisibles el subyacente origen de la realidad. Para ellos, todo lo real tenía un origen mágico y oculto.

Publicada 30 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El secreto de la vida radicaba en la humana sabiduría de encontrar esas fuentes. Así, muchos de ellos buscaron mediante su visión profética, en las cosas, seres y lugares comunes la esencia animista de la creación.

El templo de fuego --temascal-- era un horno iniciático, generalizado en las culturas mayas, lencas y nahuas.

En esas ancestrales ceremonias, los iniciados se encerraban entre piedras candentes a fin de encontrar el misterio solar y purificarse.

Teniendo en cuenta su sabio principio de que la paz del cosmos debía inundar de igual forma su mundo interior.

Los baños rituales en el horno sagrado eran anticipo del surgimiento de un nuevo ser dentro de los participantes. La luz interior como manifestación de la luz universal. Por eso trababan que dentro de ellos prevaleciera la misma paz cósmica, que alguna vez perdieran las civilizaciones paganas de ultramar.

El mismo hombre moderno dejó de ver la magia del círculo y olvidó en cierta forma la misma paz de las estrellas. Sin un sistema solar de interpretación de la vida nos volvimos insensibles a la caída de una hoja, de una pluma o del mismo ser humano con su gloria perdida.

(pintorbalaguer@hotmail.com)


Día a día
La fidelidad comunista

El gran problema del Medio Oriente es que no existen naciones en el sentido occidental, sino etnias y creencias que se entrelazan, borrando las fronteras.

Los chiitas iraquíes se sienten más hermanados con Irán, que es donde predomina esa tendencia, que con los sunitas; eso facilita los movimientos de los terroristas, que siempre encuentran aliados y comunidades que les protegen.

Y lo mismo se dio en Centro-América durante los años de la locura: los comunistas de un país guardaban más fidelidad a sus homólogos de otro, que a sus naciones de origen.

 

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