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Conversando sobre
política
Mercado y Estado de Derecho
Ese es el Estado de Derecho, aquel que
cuida la libertad de unos, restringiendo la de otros, si estos últimos
ocuparan su libertad para abusar de aquella que el derecho ha concedido
a los primeros.
Publicada 30 de agosto de 2006, El Diario de Hoy
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Luis
Mario Rodríguez R.*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Mi paso por ANEP me permitió conocer a Jesús Monroy, licenciado
en Ciencias de la Información y con estudios de Derecho en la Universidad
Complutense de Madrid.
Este profesional ejerció y creo lo sigue haciendo, como jefe de
comunicaciones internas de la Confederación Española de
Organizaciones Empresariales (CEOE), cúpula de las organizaciones
gremiales de empresarios españoles. Ese cargo le valió para
adquirir tal experiencia que fungió como profesor titular de “técnicas
en comunicación”, en el curso de especialización en
gerencia de organizaciones empresariales que el INCAE realiza año
tras año y por el cual deben pasar todos aquellos que ejercen las
funciones de director ejecutivo en dichas entidades; asimismo Monroy plasmó
todos sus conocimientos en un didáctico libro que tituló:
“El empresario y la comunicación”. Es a esto último
a lo que me quiero referir.
Este genial comunicador supo rápidamente identificar la percepción
que los ciudadanos españoles tenían de los empresarios y
la urgencia que existía en cambiar dichos sentimientos por otros
que permitieran a éstos ser reconocidos por su espíritu
de responsabilidad social, por su respeto a la ley y por el interés
que demuestran en el bienestar general.
Esa tarea no fue fácil ya que Jesús podía comunicar
sólo aquello que realmente los empresarios hacían en la
práctica y que por tanto repercutía en su buena imagen,
deteniendo así el acelerado deterioro acumulado por años
de mala comunicación que este periodista resumió en una
famosa anécdota, que escuchó hace tiempo sobre un empresario
que se fue a confesar y le dijo al sacerdote: “Ave María
Purísima. Padre me quiero confesar. -Esta bien hijo. Dime a qué
te dedicas. -Soy empresario padre. El sacerdote le contestó: -Mal
empezamos hijo, mal empezamos”.
Monroy identificó la manera en que el sistema de libre empresa
estaba siendo sobredimensionado por algunos empresarios. Se desechaba
por completo la intervención del Es-tado, aunque ésta fuera
en su papel de regulador de ciertos servicios considerados como públicos
y básicos para la ciudadanía, así como en aquellos
donde debía privar el bien entendido interés de los consumidores;
se especulaba con los precios; se evadían impuestos; se imponían
barreras de entrada para nuevos competidores; se incumplía con
el pago de las retenciones para la seguridad social y en algunos casos,
se propiciaba la corrupción del burócrata, con el pretexto
que sólo de esa manera se podían agilizar los trámites
para el inicio de una nueva empresa o para la obtención de un permiso
como requisito para comercializar un producto o edificar una construcción.
Pronto la CEOE entendió que había que contrarrestar este
sentimiento de antipatía de la gente hacia el sector empresarial,
el cual no era más que el resultado de las acciones de un reducido
grupo de comerciantes inescrupulosos, que incumplían la ley y no
les interesaba el bienestar de la gente. Por esta razón, los empresarios
españoles agrupados en la cúpula empresarial empezaron una
agresiva campaña comunicacional de todas aquellas actividades que
les concedían un rédito importante.
Hicieron pública la cifra global de impuestos que aportaban al
Estado y lo que esto representaba en el presupuesto general en materia
de inversión pública y gasto social. Presentaron una serie
de medidas orientadas al aumento en la recaudación tributaria,
impidiendo la evasión y la elusión fiscal.
Se comprometieron a denunciar ante las autoridades el incumplimiento por
parte de sus socios --a quienes por cierto expulsaron de su organización--
de toda aquella normativa incluida en la respectiva legislación
de protección al consumidor y firmaron convenios con los entes
reguladores para difundir entre sus agremiados la legislación aplicable
a los distintos sectores que incluía los derechos y las obligaciones
de empresarios y consumidores en actividades tan diferentes como la banca,
el comercio, los servicios de energía eléctrica y de telefonía
( esta última ya privatizada).
Nunca se aceptaron las opiniones que generalizaban, hechas por aquellos
que con otras intenciones acusaban a todos los empresarios de abusar de
su posición privilegiada dentro del sistema de libre empresa. Se
entendió que dicho sistema tenía pesos y contrapesos, lo
que era equivalente a los servicios y a las entidades estatales que regulaban
la adecuada prestación de los mismos; a la libertad de contratación
con su equivalente sanción cuando se incluían cláusulas
consideradas en el lenguaje técnico como “abusivas”.
En definitiva, el empresario español entendió que, o cambiaba
la imagen que algunos de sus miembros habían creado, o se enfrentaba
a una tormenta de acusaciones y a un posible régimen político
que utilizaría la excusa de dichos abusos para imponer un orden
que iría más allá de lo que la misma ley le permitía.
Entender que el sistema de libre empresa y el de economía social
de mercado tiene dos balanzas es de suma importancia para cualquier Estado:
por un lado existen las empresas, los servicios y bienes que éstas
proveen, la justa rentabilidad a la que tienen derecho pues han arriesgado
su capital para acrecentarlo y ofrecer así una vida digna a su
familia, además de exigir del Estado la seguridad jurídica
que no es más que saber qué constituye derecho en un determinado
momento.
Todos estos son aspectos básicos de dichos sistemas. Pero por el
otro lado existen también los controles por parte de Estado, que
si bien deben ser excepcionales, tienen que estar presentes, con el propósito
de corregir las desviaciones del mercado, provocadas o por el mismo crecimiento
de la economía o por la maliciosa conducta de algunos inmorales.
Ese es el Estado de Derecho, aquel que cuida la libertad de unos, restringiendo
la de otros, si estos últimos ocuparan su libertad para abusar
de aquella que el derecho ha concedido a los primeros.
*Secretario de Asuntos Jurídicos y Legislativos
de la Presidencia de la República.

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