Morena Azucena
Colaboradora
El
Diario de Hoy
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Actriz. Naara Salomón es Angélica, quien cuenta su vida. Foto
EDH
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Pero muy pocas veces estas historias dejan de ser simples notas duras y logran trascender artísticamente.
Éste es el caso de “Ángel de la Guarda”, una obra testimonial escrita por el periodista Jorge Ávalos e interpretada por la actriz suiza-salvadoreña Naara Salomón, miembro del Teatro Luis Poma.
“Ángel de la Guarda” puede describirse como una propuesta que tiene un alma angelical. Y no sólo lo digo por su nombre, y por su alusión al ser que es invocado en la clásica oración que se aprende en la infancia, sino por todo el aura altamente celestial que se dibuja de Angélica y su entorno.
Y aunque el tema es espinoso, Jorge logra que el texto, basado en la experiencia periodística, cale de manera mesurada gracias a los versos musicalizados que son interpretados por la actriz.
Si bien hay una abundancia en el lenguaje poético, los versos no quiebran el hilo conductor, por el contrario ellos se encargan de conmover y guiar a los espectadores hasta el fin de la trama.
Ahora, estos atributos del texto no serían igual sin el trabajo de Naara. Las diversas etapas de desarrollo de Angélica están bien marcadas. El perfil psicológico y emocional del personaje son vividos por la actriz. Sobresale también su dominio del teatro de objetos, ya que manipula todas las cosas como si se tratara de un juego.
El momento en donde revela el abuso de su padre es crucial. La actriz transmite la angustia y el dolor que Angélica vive cuando su propio padre se adueña de su cuerpo.
El montaje está apoyado con la escenografía y el juego de luces que comunican el dolor, la tristeza y la muerte. También sobresalen las proyecciones del periodista Tomás Guevara y de la banda sonora. En el conjunto teatral, “Ángel de la Guarda” plasma algo más que números y notas periodísticas que no se preocupan por las alas perdidas.

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