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Comentario de la semana
En el filo de la navaja

En el filo de la navaja como nos encontramos, tenemos como sociedad que confiar y apoyar a la institucionalidad del país, pues la única y verdadera salida está en el Estado de Derecho, el orden y la legalidad

Publicada 26 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Eduardo Torres*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

El “plazo” dado a las autoridades en San Miguel, relacionado con el tema extorsiones, no es un asunto baladí, pero sí potencialmente peligroso. Ciertamente, la droga, la desintegración familiar, la pérdida de valores y, entre otros, la polarización política y la internacionalización de bandas y estructuras criminales, vienen haciendo mella en nosotros, con su incesante actuar delictivo.

Hace década y media, reportó en un amplio trabajo investigativo el periódico “The Was-hington Post”, que los cárteles de la droga en Colombia habían cambiado su estrategia “de mercadeo”, al decidirse con el “crack” a popularizar lo que hasta los años ochenta habría sido la droga de clubes privados, sofisticadas fiestas nocturnas y discotecas: la cocaína.

Ante la erradicación del tristemente célebre “Cartel de Mede-llín” y la sostenida lucha contra el “Cartel de Calí”, surgieron nuevos cárteles de la droga en Colombia y al menos dos en el norte de México. La popularización de la droga con el adictivo “crack” les brindó, en efecto, lo que los narcos esperaban, en los “ghettos” en su primera parte: un ejército de adictos, dispuestos literalmente a hacer cualquier cosa con tal de conseguir su siguiente “piedra” o porción.

Con las guerras en Centro América de la década de los ochenta, impactando los fenómenos de la inmigración y de la desintegración familiar, con los subsecuentes problemas de aceptación y de resignación, tanto aquí como allá se desarrolló una nueva especie --diferente a lo que hasta ese momento se conocía-- de pandillas. La droga, claro está y como le sucede a cualquier adicto en fase aguda, les hizo perder o rechazar tanto su individualidad como sus principios y valores. Pudo más el espíritu de cuerpo y el nuevo sentido de “pertenencia” a la mara.

Una encuesta de la Fundación Salvadoreña Antidrogas (Funda-salva), patrocinada por la Emba-jada de los Estados Unidos y realizada en 2004, muestra con un ligero cruce estadístico que en El Salvador uno de cada dos hogares tiene un problema de adicción --de alcohol y/o de drogas-- al interior de su seno y que habían hace dos años unos 20,000 jóvenes con necesidad de tratamiento sostenido. Asfixiante problema de salud mental, término que paradójicamente, poco es conocido acá en nuestro país.

Se le agrega a tan compleja problemática el nivel de polarización política que vivimos, que en el juicio menos severo para las cúpulas partidarias nos impiden fortalecer nuestra institucionalidad democrática, sintiéndose cada vez que se acerca elección presidencial que podría ser el propio sistema del país el que estará en juego. Por si lo anterior fuera poco, dentro de los alumnos más aventajados en globalizarse estuvieron estructuras criminales que ahora se conocen como de crimen organizado.

Ante semejante contexto, agudizado durante los últimos cinco años tras el inicio de la guerra global contra el terrorismo, cada persona, cada familia, cada sector, cada país, deberá brindar su aporte para hacer del mundo, un mundo mejor. Humano y válido es protestar ante las autoridades, para que brinden mayor seguridad ante la escalada criminal que nos agobia. Lo que no se vale es intentar o mucho menos tomar la ley “en propias manos”.

En el filo de la navaja como nos encontramos, tenemos como sociedad que confiar y apoyar a la institucionalidad del país, pues la única y verdadera salida está en el Estado de Derecho, el orden y la legalidad. Pero también habrá que presionar a la clase política para despolitizar el tema seguridad, pues son salvadoreños los que a diario mueren, por lo que lo menos que pueden hacer es actuar en consecuencia con los tiempos que vivimos.

Que la aprobación de reformas legales en la plenaria del jueves faciliten el proceder de las autoridades y que apoyemos todos, desde la raíz, una política de Estado que nos ofrezca resultados tangibles al más corto plazo.

*Director Editorial de El Diario de Hoy.

 

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