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| Afectados. Decenas de ventas de estos alimentos
funcionan en la entrada de la ciudad. Foto EDH |
Jesús Corvera
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Vender pupusas es exponerse a sufrir una agresión o ser asesinado.
Esa es la situación en Olocuilta, La Paz, ciudad famosa por la
preparación de esta delicia típica.
Ahí, las maras extorsionan a muchos de los dueños de estos
negocios desde hace varios meses.
Las autoridades policiales saben de algunos casos e incluso señalan
otras zonas en las que los comerciantes y vecinos deben pagar “renta”
a los pandilleros para entrar. Pero no han logrado controlar la situación.
En gran medida, la Policía Nacional Civil dice estar atada de manos
debido a las pocas denuncias. El miedo amordaza a los afectados y la mayoría
dice tener poca confianza en las autoridades.
La crisis
Hay cerca de 160 pupuserías en tres predios conocidos como El Manguito,
Vistas Hermosa y El Triángulo. Son pequeños comercios que
abren desde muy temprano en la mañana y trabajan hasta la noche.
Ahí las maras les exigen entre cinco y 30 dólares semanales
que son recogidos por menores o mujeres jóvenes. Según la
PNC, son seis negocios afectados y sólo dos denunciaron.
Un miembro del comité de apoyo de la PNC habla de 16 víctimas.
Los comerciantes dicen que no son menos de 60. No denuncian porque piensan
que “de nada sirve”.
Hace mucho tiempo varios establecimientos habían contratado seguridad
privada. Hoy, varios otros han tomado la misma medida, pero sus vigilantes
permanecen de particular.
“Si no es así a ellos también los pueden matar”,
indica el propietario de uno de los negocios.
Pocos ven salida a la situación que sufren, algunos se ven obligados
a pagar a los antisociales regularmente.
Al menos 12 pupuserías han cerrado, una de ellas luego que su dueño
pagó cinco mil dólares.
“Es mi única fuente de ingresos, pero aquí nos pueden
matar”, dice una de las vendedoras, que no quiso identificarse.
La Policía Nacional Civil no es indiferente a los problemas. De
tres denuncias recibidas en el año por extorsiones, han logrado
esclarecer dos casos. Hubo seis detenciones y se decomisaron dos armas
de fuego y tres mil dólares.
Así resume el subinspector Jeremías Ponce, jefe local del
cuerpo de seguridad, el trabajo hecho.
Dos imputados fueron detenidos en uno de los “pupusódromos”.
Eran un adulto y un menor a quienes decomisaron una pistola .357 y una
9 mm.
Ellos exigían 100 dólares quincenales a sus víctimas,
según el policía. Todos pertenecen a la Mara Salvatrucha.
Pocos afectados declaran en los procesos judiciales. Es la razón
por la que del total de detenidos, cuatro salieron libres y otros no son
capturados.

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