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Los beta y sus contradicciones

Este grupo, muy popular entre los migrantes, es una policía migratoria desarmada. Sólo pueden hacer detenciones cuando encuentran a un traficante en flagrancia.


Publicada 23 de agosto de 2006 , El Diario de Hoy

Avances. En Veracruz construyen la que será la segunda estación migratoria más grande México. Allí internarán a los indocumentados. Foto EDH
Cuarta entrega
Textos y fotos / Leyre Ventas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

El Grupo Beta es un ente cuya definición está plagada de contradicciones. Es una policía migratoria desarmada.

El cuerpo que probablemente más información maneja sobre los indocumentados y las rutas por las que estos transcurren en su travesía hacia el norte, pero que carece de la potestad para denunciarlos.

Un brazo más del Instituto Nacional de Migración (INM) mexicano que tiene como obligación informar de los excesos y abusos que cualquiera comete contra los migrantes, incluida su propia gente.

Surgió bajo los artículos 137 y 138 de la Ley General de Población, un reglamento federal que sanciona al mexicano que auxilia a cualquiera sin papeles. Y surgió precisamente para eso: para asistir, rescatar y prevenir a los migrantes que pasan por México.

Encargados además de elaborar y actualizar constantemente el mapa de las arterias de la transmigración, se les atribuye en ocasiones el papel de la inteligencia migratoria.

Los Beta son mucho menos publicitados que “la migra” mexicana o la Border Patrol estadounidense, pero son más populares entre los indocumentados que deciden atravesar México con el norte como objetivo. Son los agentes que les proporcionan alimentos y agua en los trechos más duros, mientras les advierten no pasar por esos caminos.

Todas estas contradicciones afectan el quehacer diario de un Beta, tal como comentan Guadalupe Rojas y Héctor Castro, dos de los cuatro miembros del Grupo Beta Acayucan, único de su especie que opera en todo el estado de Veracruz. “Muchas veces no sabemos cómo deberíamos actuar, otras veces nos sentimos impotentes”, admite Rojas, mientras critica la falta de claridad del código interno al describir sus funciones. “Deberían incluir un artículo que especifique nuestra labor en la ley (General de Población)”, sugiere como solución.

Estas son algunas de las contradicciones:

1. Es un cuerpo de defensa del migrante no armado. Al respecto, Guadalupe Rojas sostiene: “Somos un cuerpo de protección, pero ¿cómo vamos a proteger a un migrante de un mara con pistola, con una mirada?”. En sus patrullajes habituales por Coatzalcoalcos, Medias Aguas, Tierra Blanca decomisan con frecuencia puntas, navajas, hasta armas de fuego artesanales. En sus informes, solicitan armas. “Todo queda en eso, en peticiones”, se lamenta Rojas.

2. Es un cuerpo policial, no civil. La vestimenta acompaña la definición. Un pantalón azul oscuro y botas altas militares, según el reglamento. Al respecto, Guadalupe Rojas: “No llevamos los pantalones por dentro de las botas porque los migrantes no se nos acercarían. De lejos se nota que no somos cualquier civil”.

3. Es un cuerpo dependiente de Migración, pero sin potestad para arrestar, salvo de encontrarse con el traficante en flagrancia. Al respecto, Héctor Castro: “yo leo y releo todos los papeles (el reglamento interno), y ahí dice que puedo asegurar “a criterio”, o sea, si quiero sí y si no, no”. Aunque admite que hay ocasiones en los que no duda, como cuando uno de los migrantes, por borracho o agresivo, molesta al resto de indocumentados. “Entonces va directamente a la cajuela (de la camioneta), para entregarlos a la delegación local (del INM)”. Su compañero Rojas matiza que detienen “solo cuando es necesario”, como aquella vez que a un camión que transportaba 28 sin papeles se le zafó una rueda y a punto estuvieron de accidentarse.

CON TODO EN CONTRA
- En el Programa Anual de Obras 2006 del Instituto Nacional de Migración se incluyen tres macroproyectos: dos estaciones migratorias, una en Acayucan (sur de Veracruz) y la otra en Janos (Chihuahua), y la primera etapa del cambio de imagen de sus oficinas centrales.
- El presupuesto total asciende a 91 mil 300 pesos, y la obra que requerirá de mayor inversión es el centro de detención para migrantes de Acayucan: 69 mil 200 pesos, por un contrato bianual.

La redefinición de muchos conceptos
 
“La transmigración escapa de toda lógica de sillón y de calefacción de invierno; de un pasaporte en el bolsillo...”
 
Personal por Leyre Ventas
El último día de julio llegué a un pueblón del sur de Veracruz llamado Acayucan con la firme convicción de que allí encontraría nuevas aristas de la transmigración centroamericana por México.

Según yo, periodista española descubriendo México para El Salvador, cuanto menos podría comprender el fenómeno con cinco días ubicada en el punto por donde todo indocumentado centroamericano que viaja por tren (por tanto, el de menos recursos) con rumbo a los EE.UU. está obligado a pasar.

Pero tras una semana de “convivir” con los migrantes en las vías del ferrocarril, y de platicar con agentes varios involucrados de distinta manera en la circunstancia de estos (Grupos Beta, delegados de Migración, encargados de albergues, vecinos, etc.), llegué a la conclusión de que el comprender solamente puede adoptar la forma de una frase para salir del paso y disimular tremenda incapacidad: “migran en busca de una vida mejor, porque en El Salvador no hay empleo y abundan mareros, porque el salario no les alcanza, porque no hay qué comer, porque no pueden inscribir a sus hijos en la escuela”.

Porque la transmigración escapa de toda lógica de sillón y de calefacción en invierno; de un pasaporte en el bolsillo que permite transitar por territorio ajeno como por el salón de la casa propia.

Nadie que no sea un migrante puede encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de un migrante. A no ser que se quiera hacer un ejercicio de redefinición, y reinventarse el significado de comprender.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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