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| Avances. En Veracruz construyen la que será
la segunda estación migratoria más grande México.
Allí internarán a los indocumentados. Foto
EDH |
Cuarta entrega
Textos y fotos / Leyre Ventas
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
El Grupo Beta es un ente cuya definición está plagada de
contradicciones. Es una policía migratoria desarmada.
El cuerpo que probablemente más información maneja sobre
los indocumentados y las rutas por las que estos transcurren en su travesía
hacia el norte, pero que carece de la potestad para denunciarlos.
Un brazo más del Instituto Nacional de Migración (INM) mexicano
que tiene como obligación informar de los excesos y abusos que
cualquiera comete contra los migrantes, incluida su propia gente.
Surgió bajo los artículos 137 y 138 de la Ley General de
Población, un reglamento federal que sanciona al mexicano que auxilia
a cualquiera sin papeles. Y surgió precisamente para eso: para
asistir, rescatar y prevenir a los migrantes que pasan por México.
Encargados además de elaborar y actualizar constantemente el mapa
de las arterias de la transmigración, se les atribuye en ocasiones
el papel de la inteligencia migratoria.
Los Beta son mucho menos publicitados que “la migra” mexicana
o la Border Patrol estadounidense, pero son más populares entre
los indocumentados que deciden atravesar México con el norte como
objetivo. Son los agentes que les proporcionan alimentos y agua en los
trechos más duros, mientras les advierten no pasar por esos caminos.
Todas estas contradicciones afectan el quehacer diario de un Beta, tal
como comentan Guadalupe Rojas y Héctor Castro, dos de los cuatro
miembros del Grupo Beta Acayucan, único de su especie que opera
en todo el estado de Veracruz. “Muchas veces no sabemos cómo
deberíamos actuar, otras veces nos sentimos impotentes”,
admite Rojas, mientras critica la falta de claridad del código
interno al describir sus funciones. “Deberían incluir un
artículo que especifique nuestra labor en la ley (General de Población)”,
sugiere como solución.
Estas son algunas de las contradicciones:
1. Es un cuerpo de defensa del migrante no armado. Al
respecto, Guadalupe Rojas sostiene: “Somos un cuerpo de protección,
pero ¿cómo vamos a proteger a un migrante de un mara con
pistola, con una mirada?”. En sus patrullajes habituales por Coatzalcoalcos,
Medias Aguas, Tierra Blanca decomisan con frecuencia puntas, navajas,
hasta armas de fuego artesanales. En sus informes, solicitan armas. “Todo
queda en eso, en peticiones”, se lamenta Rojas.
2. Es un cuerpo policial, no civil. La vestimenta acompaña
la definición. Un pantalón azul oscuro y botas altas militares,
según el reglamento. Al respecto, Guadalupe Rojas: “No llevamos
los pantalones por dentro de las botas porque los migrantes no se nos
acercarían. De lejos se nota que no somos cualquier civil”.
3. Es un cuerpo dependiente de Migración, pero
sin potestad para arrestar, salvo de encontrarse con el traficante en
flagrancia. Al respecto, Héctor Castro: “yo leo y releo todos
los papeles (el reglamento interno), y ahí dice que puedo asegurar
“a criterio”, o sea, si quiero sí y si no, no”.
Aunque admite que hay ocasiones en los que no duda, como cuando uno de
los migrantes, por borracho o agresivo, molesta al resto de indocumentados.
“Entonces va directamente a la cajuela (de la camioneta), para entregarlos
a la delegación local (del INM)”. Su compañero Rojas
matiza que detienen “solo cuando es necesario”, como aquella
vez que a un camión que transportaba 28 sin papeles se le zafó
una rueda y a punto estuvieron de accidentarse.
CON TODO EN CONTRA
- En el Programa Anual de Obras 2006 del Instituto Nacional de Migración
se incluyen tres macroproyectos: dos estaciones migratorias, una en Acayucan
(sur de Veracruz) y la otra en Janos (Chihuahua), y la primera etapa del
cambio de imagen de sus oficinas centrales.
- El presupuesto total asciende a 91 mil 300 pesos, y la obra que requerirá
de mayor inversión es el centro de detención para migrantes
de Acayucan: 69 mil 200 pesos, por un contrato bianual.
| La redefinición
de muchos conceptos |
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| “La transmigración
escapa de toda lógica de sillón y de calefacción
de invierno; de un pasaporte en el bolsillo...” |
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| Personal por Leyre
Ventas |
El último día de julio llegué
a un pueblón del sur de Veracruz llamado Acayucan con la firme
convicción de que allí encontraría nuevas aristas
de la transmigración centroamericana por México.
Según yo, periodista española descubriendo México
para El Salvador, cuanto menos podría comprender el fenómeno
con cinco días ubicada en el punto por donde todo indocumentado
centroamericano que viaja por tren (por tanto, el de menos recursos)
con rumbo a los EE.UU. está obligado a pasar.
Pero tras una semana de “convivir” con los migrantes en
las vías del ferrocarril, y de platicar con agentes varios
involucrados de distinta manera en la circunstancia de estos (Grupos
Beta, delegados de Migración, encargados de albergues, vecinos,
etc.), llegué a la conclusión de que el comprender solamente
puede adoptar la forma de una frase para salir del paso y disimular
tremenda incapacidad: “migran en busca de una vida mejor, porque
en El Salvador no hay empleo y abundan mareros, porque el salario
no les alcanza, porque no hay qué comer, porque no pueden inscribir
a sus hijos en la escuela”.
Porque la transmigración escapa de toda lógica de sillón
y de calefacción en invierno; de un pasaporte en el bolsillo
que permite transitar por territorio ajeno como por el salón
de la casa propia.
Nadie que no sea un migrante puede encontrar justificados o naturales
los actos o sentimientos de un migrante. A no ser que se quiera hacer
un ejercicio de redefinición, y reinventarse el significado
de comprender. |

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