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Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
“Nihil novo edictus sub sole”, habrían dicho, al
descubrir que ningún edicto o declaración eran nuevos bajo
el sol.
Que ya los hombres de ayer habrían dicho su verdad --sus versos
satánicos, sus amenazas e injurias y su confesión de amor--
y que las nuevas generaciones nada nuevo tendrían que decir.
Lo nuevo no es el suceso, sino la forma de expresarlo o de comprenderlo.
Era el mismo grito repitiéndose, el mismo silencio, el mismo murmullo
de voces ya escuchadas. “Nihil movun sub sole”, nada se mueve
bajo el sol sin la voluntad divina, pensaban los creyentes.
Y en efecto, nada se movía, nada se decía, pues antes ya
se había movido y dicho. Olvidaron tal vez que el presente tendría
una voz nueva y una forma diferente de moverse en el espacio.
Que los hombres venideros inventarían diferentes formas de expresar
la vida y sus sentimientos, de poner nombres nuevos al amor. Y que en
verdad, todo habría de ser nuevo este día luminoso de tu
vida y la mía.
Era el hombre del último paraíso, robando eternamente el
mismo sueño de ayer a la muerte y al destino. El mismo desértico
habitante, pronunciando algo nuevo en el viento.
(palabrasbalaguer@gmail.com)
Día a día
Recurren al terror
No hay diferencia entre los efemelenistas salvadoreños y los grupos
islámicos radicales. Ninguno cede un milímetro en sus posturas,
nunca abandonan la idea de derrotar al que consideran adversario, se han
declarado enemigos a muerte de la civilización occidental y recurren
al diálogo como una manera de ganar tiempo y reagruparse. Cualquier
concesión de sus opositores es vista como una señal de debilidad,
que aprovechan para lanzar nuevos ataques.
Tanto comunistas y fundamentalistas echan mano de la desestabilización,
de fomentar los odios entre clases y etnias, del terror, de las matanzas
de civiles, de las ejecuciones sumarias y del chantaje para lograr sus
objetivos.

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