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Niegan vínculos entre pandilleros y víctimas

Tortura y ejecución. Los cuatro hombres fueron torturados antes de ser ultimados. Dos vendían relojes, uno era albañil, el menor estudiaba y trabajaba


Publicada 21 de agosto de 2006 , El Diario de Hoy

Solo. Parte de la acera donde vendían los hermanos Bonilla. Foto EDH


Jorge beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Los cuatro hombres que la noche del miércoles anterior aparecieron muertos dentro de un auto en la colonia La Floresta, de Soyapango, no eran pandilleros ni vendían drogas o discos piratas, afirmaron ayer parientes, amigos y conocidos de las víctimas.

Según los testimonios, los cuatro ultimados, entre éstos un adolescente, fueron plagiados a las 7:30 p.m. del miércoles frente al acceso principal de la comunidad Samayoa, un asentamiento de damnificados por los terremotos del 2001 ubicado frente al centro comercial Los Ángeles, en Soyapango.

La policía ha dicho que el asesinato de Carlos Enrique y Pátrix Alexander Bonilla, de 19 y 22 años, de José Jonathan Lara Bonilla, 14, y Ricardo Alfredo Ayala Melara, de 27, podría deberse a pleitos de narcos o de maras.

Pero los parientes de las víctimas se sienten indignadas por esos señalamientos.
Afirman que Jonathan era estudiante del sexto grado nocturno de la escuela Agustín Linares y en el día ayudaba a su tío político, Ricardo Alfredo Ayala, en trabajos de albañilería que éste hacía en el Instituto Nacional San Luis, de Soyapango.

En cuanto a los hermanos Bonilla, ambos vendían relojes sobre la Calle Rubén Darío, cerca del Parque Bolívar, deSan Salvador.

Compañeros de labores de ambos dijeron que en más de cinco años que tenían de conocerlos nunca les vieron indicios de que pertenecieran a pandillas o que vendieran drogas.

Amenazado el lunes

Pátrix era novio de Guadalupe N., hija de una vendedora de discos piratas distante pocos metros del puesto del joven. Según testigos, la unión libre entre ambos estaba por concretarse pero la madre de la joven disentía.

El lunes 14, hubo una discusión en torno al noviazgo. Otra mujer, que según las fuentes mantiene una relación sentimental con la madre de Guadalupe, hizo una grave amenaza a Pátrix.

De ahí que parientes, amigos y compañeros de las víctimas funden sus sospechas de que aquella amenaza se concretó.

El plagio

Según parientes de las víctimas, Jonathan llegó a la comunidad Samayoa como a eso de las 7:00 p.m. después de examinarse en la escuela.

En casa de una tía estaba cuando vio llegar a Ricardo, quien andaba empeñando dos anillos de oro porque no tenía dinero.

El hombre no consiguió más que cinco dólares por las prendas. Un conocido le regaló 50 centavos de dólar para que comprara tortillas.

A las 7:15 p.m., Jonathan decidió acompañar a su tío político a comprar las tortillas a una venta que está a la entrada del asentamiento.

Testigos dicen que en ese momento llegaban Pátrix y Carlos y fue en ese instante cuando se los llevaron en un auto gris.

Aproximadamente, a las 9:30 p.m. Carlos llamó desde su celular al padre de Jonathan: “Tío, utualito (en este momento) a Ricardo lo llevan para abajo (rumbo a Montes de San Bartolo 3) a hacer un mandado”. Y la llamada se cortó de golpe sin despedida. “Oí como que le arrebataron el teléfono”, sostiene el doliente.

El testigo afirma que escuchó a Carlos afligido y escuchaba un zumbido como de motor de auto.

De ahí no supieron más, hasta que les avisaron que habían sido asesinados los tres adultos a balazos.

Los parientes desconocen por qué los asesinos se ensañaron tanto con las víctimas. Aseguran, fundamentados en las marcas en los cadáveres, que los torturaron antes de matarlos.

Ricardo tenía quemada gran parte de la espalda con alguna sustancia y le habían pinchado los ojos.

A Jonathan le golpearon el rostro y la cabeza, luego lo ahorcaron. Los dos hermanos también tenían señales de tortura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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