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Salarios por medicinas

Tres de cada cuatro dólares que entran al Bloom son para el pago de las remuneraciones. ¿Para medicamentos? El centro tenía más capacidad de compra hace cinco años que hoy. Esta enfermedad, de la cual el resto de centros está contagiado, tiene cura: más inversión. Algo que, a la luz del diagnóstico de Hacienda, tendrá que esperar.


Publicada 17 de agosto de 2006 , El Diario de Hoy

Yamileth Cáceres/ J.R./K. Urquilla
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El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

La eliminación de las llamadas cuotas voluntarias por el Ministerio de Salud en mayo pasado supuso un respiro para el bolsillo de miles de familias y un dolor de cabeza, hoy casi crónico, para los hospitales.

Ena García, directora de planificación del Ministerio de Salud, calcula en $12,7 millones el monto que entraba cada año a los centros por esa vía. Este año, ese fondo, toda vez que hay un porcentaje de población que sí colabora, será ostensiblemente menor.

El golpe financiero, al tiempo que obligó a maniobrar de urgencia a las autoridades sanitarias para la búsqueda de recursos con Hacienda, -Salud recibió $600 mil mensuales, la mitad de lo requerido-, dejó al descubierto la raíz del problema: un estancamiento de fondos públicos en los hospitales para medicamentos e insumos médicos.

En 2002, el presupuesto del Estado asignado al Hospital Bloom era algo más de $14 millones 676 mil. De ese monto, el 71,7 por ciento fue para salarios, lo que dejó al director de entonces unos $4,153.000 para el resto de rubros: compra de medicamentos, insumos, combustible e inversiones. Hoy, el centro asistencial recibe $15 millones 214 mil y en remuneraciones se le va el 73,9 por ciento ($11,246,145).

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¿Qué queda para el funcionamiento? Menos de tres millones y medio de dólares, medio millón menos que hace cuatro años. Eso, amén de los recursos propios, un rubro que, en su mayor parte, tenían (y tienen) su base en las cuotas voluntarias.

En estas circunstancias no resulta extraño que el dinero destinado para medicinas, por ejemplo, en 2004 fuese de casi un millón 700 mil dólares, $400 mil más que dos años después. O que la partida de insumos médicos y quirúrgicos, como reactivos, hilos de suturar, guantes, gasas, jeringas sea hoy $900 mil inferior a la de hace dos años y mucho menos a la de hace cuatro y cinco años atrás.

“El presupuesto no alcanza”, repite Ulises Iraheta, director del Bloom. Al panorama antes descrito, el funcionario añade otro más: el encarecimiento de servicios como la luz, el diésel para las calderas u otros nuevos como el pago por el traslado y tratamiento de los desechos bioinfecciosos. Más servicios, más inflación y menos dinero.

Ena García, directora de planificación del Ministerio de Salud, reconoce que la falta de inversión pública, al final se traduce en “un menor gasto per capita”, es decir, menos dinero que el Estado invierte en salud por cada ciudadano. No obstante, la funcionaria subraya el impacto que en el presupuesto juegan los salarios.

“Mucho de nuestro presupuesto, el 62 por ciento, tiene ese fin; el 11 es para medicamentos, ahí va incluido un rubro como es el de vacunas”, apunta García para explicar cómo esa partida es un “corsé” que predispone la inversión.

Para doctores como Melvin Guardado, la demanda insatisfecha en hospitales como el Rosales, donde él trabaja, lleva a la necesidad de crear un monto adicional para la atención más especializada. Una necesidad real para un hospital que, a la fecha, sigue sin poner en marcha el programa de cirugía cardiovascular, el único que hay en el sistema público para adultos.

Con respecto a los salarios, Guardado matizó que, pese a lo que representan del presupuesto, el trabajador del sistema público es el peor remunerado, por detrás del Seguro Social y sanidad militar.

En los últimos cinco años, apunta Gloria Rubio, técnico de la misma área, la distribución del gasto “se ha mantenido rígida”.

“El precio de los productos va en aumento, entonces la compra de medicamentos que usted puede hacer es menor”, infiere la especialista, quien toma en cuenta otro factor: de un lustro para acá hay más de medio millón más de salvadoreños, la mayoría de los cuales se aboca al sistema público de atención, lo que redunda en la tesis del menor gasto por habitante con fondos del Estado.

De acuerdo con el informe del consumo de medicamentos y las recetas no despachadas (por la falta de medicinas), cruzadas con las estadísticas de atención, Salud estima que se necesitan $61,9 millones para el rubro de medicamentos en 2007.

Como dato, para este año, Salud presupuestó 34,1 millones. “Si tuviéramos esa asignación, cubriríamos los déficit, más la demanda que tenemos y la nueva”, dice García, al referirse a la propuesta presupuestaria de $358,7 millones para 2007.

Salud no tiene ese dinero, ni lo va a tener, al menos para el próximo año después de que Hacienda devolviera el proyecto de presupuesto. En el nuevo escenario empiezan a oírse los adjetivos ya conocidos de “optimizar recursos” y “racionalizar compras”, como si estas premisas no tuviesen que estar presentes en cualquier momento.

“Nos ha tocado distribuir un presupuesto de por sí restrictivo, limitado. Se ha tenido que hacer una extrema racionalización del gasto variable”, indicó Rubio para referirse a los poco más de $302 millones, diez menos que de lo que hay para este año.

Lo que sucede en el Hospital Bloom no es algo ajeno a otros centros. Maternidad, por ejemplo, centro de referencia nacional para los partos de alto riesgo, tenía asignados $683 mil para medicinas en 2004. Casi con seguridad, esa misma cantidad, sino menor, será para 2007. Miguel Majano, jefe de Neonatos de ese hospital, afirma que su área no siente el impacto del estancamiento de los fondos.

“Hay sobrepoblación de neonatos y necesidad, pero en los insumos nos han colaborado”, afirma el galeno. Eso sí cataloga el gasto del hospital como “ajeno a la realidad”. “No puedes incrementar horas de trabajo de especialistas sino lo autoriza Hacienda, a pesar de que se necesitan. El resultado: la calidad de atención no es la adecuada porque las horas no son suficientes”.

Con unas 240 camas cada uno, los hospitales de Maternidad y Primero de Mayo, de Salud Pública e ISSS respectivamente, son los principales centros maternoinfantil del país. Al primero, el Estado le otorga menos de $9 millones (su presupuesto es mayor por los recursos propios); el otro tiene más de $18 millones y medio, casi el doble, al año.

Raúl Morán, profesor de la Universidad “José Matías Delgado”, es consciente de que los fondos públicos no alcanzan e insta a las autoridades a que vean la salud “más como una inversión que como un gasto”. El especialista ve con buenos ojos que los que puedan, paguen por los servicios.

“Cuando fui director se hizo un estudio para ver quienes daban la cuota y quienes no. Cerca del 80 por ciento de las personas que no daba el aporte, podía hacerlo, pero era eximida porque era pariente o recomendada de los médicos”, afirma Morán.

Su colega Ernesto Selva Suter, docente de la UCA y con una maestría en Salud Pública, coincide en que el país gasta bastante en sanidad, pero no lo hace bien. “Gastamos más que Cuba en producto per cápita y un poco menos que Costa Rica, pero no tenemos los rendimientos que ellos tienen”, explica el especialista, quien ve un sesgo hacia el gasto corriente y en el rubro de las especialidades lo que va en detrimento de la atención de los principales problemas.

Según el último reporte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), El Salvador invirtió $378 por habitante en este rubro. El estudio toma en cuenta el gasto en el sector privado y el ISSS lo que se traduce en un gasto igual al ocho por ciento del PIB, un punto más, por ejemplo, que Costa Rica. A modo de ejemplo, Cuba utilizó $251 por persona ese mismo año.

De ser así, para dos de cada tres personas que hace uso del sistema público, el gasto equivale al 1,56 del PIB (2004). El resto, la tercera parte, asegurados y personas que hacen uso del sector privado, “utilizan” los seis puntos del PIB restantes.

Notables diferencias que están sobre la mesa donde se discute cómo debe ser y cómo financiarse el sistema nacional de salud.

Destaca apoyo de Fosalud y espera logros de reforma

OPS. Eduardo Guerrero, representante en el país.

Con la ampliación de los horarios de atención de los centros médicos, el Fondo Solidario para la Salud (Fosalud) se ha convertido en una especie de “salvavidas” para los hospitales, indicó Eduardo Guerrero, representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

“Somos conscientes de las restricciones financieras que se tienen para poder atender todas las necesidades”, agregó el funcionario, quien destacó la búsqueda de otras estrategias que “alivien” la carga de atención en los principales hospitales.

“Puede ser un complemento del actual presupuesto y subsanar limitaciones que uno sabe que hay de medicamentos e insumos”, añadió Guerrero.

La reforma del sistema de salud deberá incluir una serie de mecanismos que permitan con el tiempo superar las deficiencias económicas del sector.

Uno de los aspectos destacables con los que cuenta el país, a juicio de representante de OPS, es el compromiso público que manifiesta el Presidente de la República, Elías Antonio Saca, con el área social.

“Reducción es en inversión”

Chequeo. Una doctora del Bloom examina a un niño con sospecha de dengue.

Salud Pública tendrá un presupuesto de $10 millones menos que el actual en 2007 y la promesa del Gobierno de un refuerzo adicional, según indicó ayer el viceministro de Salud, Ernesto Navarro, en conferencia de prensa.
“En caso de emergencia o si tenemos carencias nos han prometido reforzarnos con lo que sea necesario”, indicó el infectólogo.

Por si fuera poco, Salud asumirá ese año el pago salarial de los médicos cuyo sueldo salía de las llamadas cuotas voluntarias. “Van incluidas las plazas de ellos para el próximo año”, matizó el funcionario, quien destacó que “las reducciones son prácticamente en inversiones, más que todo lo que tiene que ver con la construcción de los hospitales”.

Aunque insistió en que no se tocarán rubros ya críticos como los medicamentos, la realidad parece dictar otra cosa. En 2006, $194,5 millones se destinan para ese fin, es decir, el 62 por ciento del total.

Si a eso se le suma, para el próximo año, un incremento del ocho por ciento en ese rubro, pues los salarios se rigen en Salud por el escalafón lo que obliga a incrementos anuales, sólo quedan las partidas de medicamentos, insumos médicos y otros gastos para corregir ese desbalance.

En la misma línea, el Presidente de la República, Antonio Saca, aseveró que el aumento a Salud lo hará de forma paulatina, de acuerdo a las necesidades de las instituciones médicas.

Anexo. Médicos durante la consulta.

“Le hemos dicho al ministerio que en la medida que vaya requiriendo los fondos, se los vamos a entregar.

No hay necesidad de poner los fondos al principio, si lo que pretendemos es un presupuesto equilibrado”, expresó el mandatario.

Insistió en la austeridad del Gobierno y en que Salud y Educación “tienen total prioridad, y ésa es la orden que tiene el Ministerio de Hacienda”.

La última vez que Salud pidió un refuerzo a Hacienda fue por la “crisis” de las cuotas voluntarias. En aquel entonces, a la entidad social se le aprobó $600 mil mensuales hasta final de año. Resultó ser la mitad de lo que había solicitado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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