Geraldine Varela
El Diario de Hoy
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La llamada fue recibida en el Sistema de Emergencia 911 a las 6:30 de la mañana. “Hay un muerto en el río”, dijo probablemente una lugareña.
El primer informe de un homicidio en el área metropolitana del jueves 10 de agosto fue recibido desde la colonia Luz, al Sur Poniente de San Salvador.
En el lugar, los curiosos observaban desde unos 10 metros de altura. Abajo, a orilla del río Acelhuate, estaba el cuerpo semidesnudo de una mujer que había quedado sobre unas rocas. Cerca del cadáver se mantenían los agentes de seguridad pública destacados en la delegación ubicada en la colonia Flor Blanca.
Los que llegaron posteriormente, a las 9:00 am, fueron los técnicos de la Policía Científica.
El trabajo de los especialistas no tardó más de 20 minutos. En la escena no encontraron ningún elemento que pudieran considerar relevante para el caso. Los técnicos se sentaron a esperar en unas rocas.
A las 9:40 am. llegó el investigador de la policía e inició su trabajo.
Veinte minutos más tarde, a las 10:00 am, entró en la escena el fiscal que estaría a cargo de “dirigir” el procedimiento que ya habían finalizado los peritos policiales.
Los especialistas de la Policía y Fiscalía debieron esperar 50 minutos más para que Medicina Legal llegara a realizar el reconocimiento del cadáver. Antes de ello, una brigada especial del Cuerpo de Bomberos sacó el cuerpo del río, de un terreno, que si bien era difícil, también era posible que bajaran.
Los médicos forenses aguardaban a la entrada de la colonia, en espera que los Bomberos llevaran el cuerpo y los técnicos de la policía, que terminaron su labor a las 9:20 a.m., no pudieron movilizarse a trabajar otras escenas hasta que Medicina Legal finalizara su parte.
El trabajo en conjunto, en este caso en particular como en muchos otros, se limitó a intercambiar resultados y no opiniones durante el procedimiento que pudo tardar menos de dos horas si las entidades hubieran coincidido en tiempo.

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