Francisco Torres
El
Diario de Hoy
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Jesús Franco. La falta de lucidez mental
lo hace que se quite la ropa y siempre esté desnudo. Foto
EDH
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Los días transcurren sin pena ni gloria para Jesús Franco,
un ex militar que sufre de trastornos mentales. Una habitación
de dos metros cuadrados, donde la pestilencia a orines es insoportable,
y una cadena alrededor de su pie izquierdo son su mundo. Así permanece
en la casa de los parientes que lo cuidan.
Franco tiene problemas mentales desde hace 15 años. Su enfermedad
comenzó meses después que desertara del Ejército.
Marcelo, su hermano y quien se encarga de vigilarlo desde hace ocho años,
relata que Jesús estaba en un curso en el Centro de Entrenamiento
Militar de la Fuerza Armada, Cemfa, de La Unión, cuando los guerrilleros
se tomaron las instalaciones y él vio cómo degollaban a
sus compañeros.
Logró salvarse al esconderse tras un catre. Luego dijo que no deseaba
regresar a la milicia y desertó.
Meses después Jesús intentó formar una familia. “Se
consiguió una chamaca, pero no sabemos si fue el ataque (militar)
lo que le dañó la mente o si la familia de la muchacha le
hizo brujerías”, dice Marcelino.
Al inicio de la enfermedad lo llevaban al hospital psiquiátrico,
donde pasaba interno hasta por una semana. Después les decían
que tenían que ir a recogerlo.
“Un médico nos dijo que si queríamos tenerlo ingresado
teníamos que pagar”, explicó Marcelino.
Buscaron curanderos. Jesús iba perdiendo cada vez más la
lucidez.
Hubo días en los que la familia temía dormir en la misma
habitación, pues no sabían si los atacaría cuando
estuviesen dormidos.
Los parientes fueron a la unidad de salud de Chinameca para pedir que
lo internaran en algún lugar. Ahí les aconsejaron que construyera
una celda en su casa para recluirlo.
“Sin nombre”
Es una de muchas historias en las calles unionenses
- Una mujer alta, morena vive de la caridad pública e ignora hasta
su nombre.
- Camina con un saco lleno de desperdicios y lleva un bordón
que algunos temen use para agredirlos.
- Habla correctamente y le disgusta que le pidan su identidad. “No
tengo nombre, no me molesten”, dice.
Policías no pueden lidiar con los enfermos
Ante la situación y sin contar con alguien que les brinde una
orientación, muchas familias recurren a la Unidad de Prevención
Juveniles y Familia de la Policía Nacional Civil.
La sargento Asela Guandique, jefa de dicha unidad, dice que ellos han
tenido que acoger a los enfermos porque sus parientes no saben qué
hacer con ellos. “Eso nos causa problemas porque después
somos nosotros los que no sabemos cómo lidiar con ellos”,
indicó.
El problema, según la suboficial, es que en San Miguel no existe
un centro que atienda a estas personas, pues el único a nivel nacional
es el Hospital Psiquiátrico, en San Salvador.
En dicha unidad dan prioridad a menores de edad y ancianos con deficiencias
mentales, pues trabajan en coordinación con asilos y orfanatos.
“En el caso de un adulto recomendamos que presenten una denuncia
en un juzgado de familia para que un juez emita una orden de remisión
al hospital Psiquiátrico y nosotros los trasladamos”, explicó.
La oficial dijo que es frecuente recibir quejas por dementes que causan
desórdenes o agredan a peatones.
“Yo fui atacada una vez. Caminaba a mi casa y una loca me insultó
y me siguió para atacarme a pedradas”, recordó.
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