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Del ejército a una prisión en la casa de su hermano

Del ejército a una prisión en la casa de su hermano

Publicada 14 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Francisco Torres
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com

Jesús Franco. La falta de lucidez mental lo hace que se quite la ropa y siempre esté desnudo. Foto EDH

Los días transcurren sin pena ni gloria para Jesús Franco, un ex militar que sufre de trastornos mentales. Una habitación de dos metros cuadrados, donde la pestilencia a orines es insoportable, y una cadena alrededor de su pie izquierdo son su mundo. Así permanece en la casa de los parientes que lo cuidan.
Franco tiene problemas mentales desde hace 15 años. Su enfermedad comenzó meses después que desertara del Ejército.

Marcelo, su hermano y quien se encarga de vigilarlo desde hace ocho años, relata que Jesús estaba en un curso en el Centro de Entrenamiento Militar de la Fuerza Armada, Cemfa, de La Unión, cuando los guerrilleros se tomaron las instalaciones y él vio cómo degollaban a sus compañeros.

Logró salvarse al esconderse tras un catre. Luego dijo que no deseaba regresar a la milicia y desertó.

Meses después Jesús intentó formar una familia. “Se consiguió una chamaca, pero no sabemos si fue el ataque (militar) lo que le dañó la mente o si la familia de la muchacha le hizo brujerías”, dice Marcelino.

Al inicio de la enfermedad lo llevaban al hospital psiquiátrico, donde pasaba interno hasta por una semana. Después les decían que tenían que ir a recogerlo.

“Un médico nos dijo que si queríamos tenerlo ingresado teníamos que pagar”, explicó Marcelino.

Buscaron curanderos. Jesús iba perdiendo cada vez más la lucidez.
Hubo días en los que la familia temía dormir en la misma habitación, pues no sabían si los atacaría cuando estuviesen dormidos.

Los parientes fueron a la unidad de salud de Chinameca para pedir que lo internaran en algún lugar. Ahí les aconsejaron que construyera una celda en su casa para recluirlo.

“Sin nombre”

Es una de muchas historias en las calles unionenses
- Una mujer alta, morena vive de la caridad pública e ignora hasta su nombre.
- Camina con un saco lleno de desperdicios y lleva un bordón que algunos temen use para agredirlos.
- Habla correctamente y le disgusta que le pidan su identidad. “No tengo nombre, no me molesten”, dice.

Policías no pueden lidiar con los enfermos

Ante la situación y sin contar con alguien que les brinde una orientación, muchas familias recurren a la Unidad de Prevención Juveniles y Familia de la Policía Nacional Civil.

La sargento Asela Guandique, jefa de dicha unidad, dice que ellos han tenido que acoger a los enfermos porque sus parientes no saben qué hacer con ellos. “Eso nos causa problemas porque después somos nosotros los que no sabemos cómo lidiar con ellos”, indicó.

El problema, según la suboficial, es que en San Miguel no existe un centro que atienda a estas personas, pues el único a nivel nacional es el Hospital Psiquiátrico, en San Salvador.

En dicha unidad dan prioridad a menores de edad y ancianos con deficiencias mentales, pues trabajan en coordinación con asilos y orfanatos.

“En el caso de un adulto recomendamos que presenten una denuncia en un juzgado de familia para que un juez emita una orden de remisión al hospital Psiquiátrico y nosotros los trasladamos”, explicó.

La oficial dijo que es frecuente recibir quejas por dementes que causan desórdenes o agredan a peatones.
“Yo fui atacada una vez. Caminaba a mi casa y una loca me insultó y me siguió para atacarme a pedradas”, recordó.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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