Francisco Torres
El
Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
No es raro ver deambulando por las calles a personas que sufren de enfermedades
mentales sin que alguna institución se interese por su atención
y recuperación. Ni el Ministerio de Salud Pública y Asistencia
Social. Las excusas: falta de fondos y del personal que se encargue del
trabajo.
La situación es tal que los casos se cuentan por decenas. Las calles
de ciudades y pueblos sirven de hogar para estos enfermos que muchos casos
son abandonados por sus propias familias.
En la zona rural se presenta un fenómeno bastante particular, y
es que muchas veces los afectados son encerrados, amarrados o encadenados
por sus parientes, quienes cansados de lidiar con la situación
prefieren aislarlos de esta manera. En ocasiones no los asean ni les proveen
de alimentos.
Para muchos se trata de un escena grotesca, para otros, la única
alternativa de estas familias para evitar que el enfermo, que sufre trastornos,
se haga daño a si mismo o a los demás.
Como ejemplo, sólo en el centro de la ciudad de San Miguel vagan
no menos de ocho enfermos mentales que sobreviven gracias a la caridad
de la gente o de buscar comida entre la basura que encuentran a su paso.
Por su apariencia y actitud, algunos de ellos atemorizan y en ocasiones
atacan a los transeúntes, a quienes les piden sus pertenencias.
Al respecto, las autoridades policiales no pueden hacer mucho para ayudarles,
pues a ellos no les compete.
Sin dinero
Entidades como el Hogar de Ancianos San Antonio, administrado por la iglesia
católica y la alcaldía migueleña, sostienen que no
cuentan con el presupuesto necesario para atender este tipo de necesidades.
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Desorientado. Este orate se expone a ser arrollado.
Foto EDH
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Mientras que en el hospital nacional San Juan de Dios, de SanMiguel,
no hay un servicio especializado para ellos dentro del área de
psiquiatría.
Sólo trabaja un especialista que da atención ambulatoria
(tratamiento de enfermedades que no requieren de hospitalización).
Nelly Castaneda, vocera del nosocomio migueleño, indicó
que en dicho centro no se presta una atención a enfermos mentales
que son indigentes.
Por ello afirma que es al Hospital Nacional Psiquiátrico José
Molina Martínez, Psiquiátrico de San Salvador, la única
opción. Ahí deben ser referidos la mayoría de pacientes.
En La Unión, Usulután y San Francisco Gotera la situación
es similar.
En muchas de las ocasiones, los enfermos caminan por las carreteras sin
precaución, exponiéndose a ser heridos o perecer en el caso
de ser atropellados por su propio descuido. Pese a ser humanos, no reciben
la atención que necesitan.
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