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Comentando
¿Mujer política o ama de casa?

Debería aceptarse que natura tiene la mayor culpa de que a la mujer mundialmente, educada o
ignorante, le vale bastante pepino la política, prefiriendo ser madre, esposa, y/o profesional

Publicada 14 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Evangelina del Pilar de Sol*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Apreciable columnista de este periódico, comentando un estudio de la UCA acerca de por qué la mujer salvadoreña no participa más en política, concluía que todo redundaba en la falta de educación de ésta, rematando con la “necesaria igualdad de género”.

Mi respuesta a ese por qué --sin andar efectuando estudios--, habría sido un simple “porque no le da la gana”. En nuestro país hay millares de mujeres profesionales, altamente cultas y apolíticas, que así lo demuestran. También existen iletradas que se arriesgan “por ganas a politizar”, especialmente alcaldesas de pequeños municipios que “politizan” objetando todo progreso para éstos. Así que, cultas o no, todo implica “ganas”.

Dicho estudio --obviamente olvidando al diputado patán, que confirma que para ser político no se necesita educación-- asevera que nosotras, amas de casa no interesadas en política, denotamos ignorancia, ya que “en términos de participación electoral y de “cultura” política, las mujeres que tienen elevados niveles de educación y que laboran fuera del hogar, se parecen más a los hombres que a las mujeres que son “amas de casa” y que tienen poca escolaridad”.

A los ilustres responsables del estudio, les falta admitir que por naturaleza todos somos creados --primordialmente--, para conformar nuestros propios núcleos familiares, decisivos para estructurar toda sociedad, siendo la mujer indispensable para cuidar de los hijos y hogar, sin implicar esto que ella debe quedarse obligadamente trabajando en casa, pues trabajar afuera es asunto de elección o de necesidad, pudiendo combinarse ambos quehaceres, perfectamente.

Efectivamente vivimos en un país subdesarrollado donde la participación política de la mujer es casi cero, pero, convenientemente, el estudio omite aclarar que en los países desarrollados del primer mundo, donde la mayoría de mujeres posee altísimos índices culturales, su participación política es también mínima comparada con la del hombre. Sólo veamos cuántas mujeres en Europa o Estados Unidos desempeñan puestos gubernamentales como ministerios, comparativamente con hombres ministros. Irónicamente, los países como Cuba o Venezuela, comunistas promotores del feminismo de género, muestran asimismo dicha participación política, porcentual y literalmente nula en sus gobiernos.

Indudablemente que --mediante la educación femenina--, deben “modificarse los mecanismos de desigualdad favoreciendo su cambio social...”, pero el que la mujer tenga o no intereses políticos, en absoluto depende de su escasa cultura, siendo también un total absurdo aseverar que el “bajo nivel de formación” hace susceptibles (engatusa) a las mujeres a la propaganda electoral del partido gobernante. Si así fuera, propagandas electorales no existirían en países desarrollados del mundo, porque allí las “amas de casa” no son “ignorantes y tontas”, como despectivamente supone el articulista que somos aquí.

Debería aceptarse que natura tiene la mayor culpa de que a la mujer mundialmente, educada o ignorante, le vale bastante pepino la política, prefiriendo ser madre, esposa, y/o profesional, porque dado su sexto sentido, reconoce que incursionar en política implica pisar campos de intriga, traición y juego sucio, donde muchas veces, intereses poderosos pesan sobre los del bien común.

El estudio denota un velado ataque contra la ama de casa e institución familiar, promocionando abiertamente al feminismo de género, feminismo basado en el neo-marxismo, siendo Frederick Engels en “El origen de la familia, propiedad y el Estado”, quien sentara tales bases entre feminismo y marxismo, afirmando que: “el primer antagonismo de clases en la historia, coincide con el desarrollo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, coincide con la del sexo femenino oprimido por el masculino”.

Cristina Hoff Sommers, en “¿Quién se robó el feminismo?”, dice:

“Pensamos que ninguna mujer debería tener la opción de quedarse en casa. No debería autorizarse a ninguna mujer quedarse en casa para cuidar sus hijos”.
La feminista S. Firestone asevera en su “Dialéctica del sexo”:

“Mamá es una institución sin el cual el sistema familia se destruiría. Entonces mamá debe ser destruida para ser sustituida por una feminista socialista. El colapso de la revolución comunista en Rusia se debió al fracaso en destruir la familia, que es la verdadera causa de la opresión sicológica, económica y política”.

Es comprensible entonces, que para tales logros, la diputación izquierdo-comunista salvadoreña esté reticente a prohibir el matrimonio homosexual e insista en legalizar el CEDAW.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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