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La Nota del Día
El horror terrorista que logró abortarse

Es casi inimaginable la sacudida emocional y el desquiciamiento que hacer estallar diez aviones
en pleno vuelo habría causado, un hecho de tanta gravedad como la destrucción de las torres gemelas
en Nueva York

Publicada 14 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Estallar diez aviones en vuelo hacia Estados Unidos planificaba una banda de musulmanes enloquecidos, que fueron apresados pocos días antes de llevar a cabo el atentado. Desde hace más de un año, a raíz de las explosiones en buses y trenes subterráneos en Londres, fuerzas policiales venían siguiendo los movimientos de un grupo de individuos con nexos en Pakistán y la red terrorista de Al Qaeda. Según se informa, la captura en Pakistán de dos cabecillas terroristas hizo que uno de los conjurados llamara de Karachi a Londres urgiendo actuar cuanto antes, lo que abortó todo el plan, cuando la llamada fue interceptada.

La amenaza obligó a las autoridades a imponer severas medidas de seguridad en los aeropuertos, incluido obligar a los pasajeros al abordaje de los aviones con sólo sus documentos y su billetera. Toda clase de líquidos, de gelatinas y hasta de lápices de labio fueron decomisados; a partir del jueves, en adelante ningún pasajero podrá abordar un vuelo con líquidos o gel en su equipaje de mano.

Las aeronaves son un blanco terrorista de primer orden, pues en un instante pueden matar a centenares de personas y desbaratar el tráfico aéreo en el mundo, como sucedió con los atentados del 11 de septiembre de 2001. Antes los secuestros de aviones fueron la gran desgracia, la modalidad introducida por Fidel Castro al poco tiempo de asaltar el poder en Cuba. Nadie ha calculado el costo para el mundo de las medidas de seguridad, la pérdida de tiempo y las alzas en el precio de los pasajes y el transporte aéreo, causados por los secuestros. Que nosotros los viajeros seamos sometidos a molestos, tardados y humillantes registros, lo debemos al señor Castro.

Cada cierto tiempo se inventan nuevas formas de ataque. Hace unos cuatro años, un pobre inglés al que fundamentalistas islámicos le habían lavado el cerebro, intentó estallar un avión con una bomba que portaba dentro de su zapato. El sujeto está condenado a pasar el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad, como los pasajeros de aviones a Estados Unidos o dentro del país, tienen que quitarse los zapatos al pasar los controles de seguridad.

Terrorismo es victimizar inocentes

Es casi inimaginable la sacudida emocional y el desquiciamiento que hacer estallar diez aviones en pleno vuelo habría causado, un hecho de tanta gravedad como la destrucción de las torres gemelas en Nueva York. Muchos de nosotros recordamos que en algunas ciudades palestinas, como en el centro de San Salvador, hubo chusmas que festejaron la matanza como un gran logro para la “guerra santa” contra Occidente. Hay perturbados mentales que celebran cuando una bomba humana se hace estallar matando a decenas de pobres transeúntes o gente que compra en los mercados, como hubo aquí quienes se alegraron por la muerte de dos policías de la UMO el 5 de julio pasado.

El terrorismo puede definirse como el conjunto de actos que conscientemente victimizan personas inocentes, sean estos los espectadores de un teatro en Moscú, los oficinistas de edificios en Nueva York, pasajeros de metro en Madrid o parroquianos de un local nocturno en Bali. Es terrorismo emplazar baterías de misiles en medio de un barrio residencial, montar fábricas de artefactos nucleares o financiar guerrillas en cualquier sitio del mundo.



 

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