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| Empaque. Los campesinos envuelven el queso en
hojas de huerta, y los revendedores, en bolsas plásticas. Foto
EDH |
Primera entrega
Investigaciones
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Dos hombre bajan las marquetas amarillentas del camión. Bajo el
sol de las 3 p.m., otros dos lo reciben en el muelle y dos más
lo acomodan en la lancha que lo llevará desde el puerto nicaragüense
de Potosí, donde están, hacia las islas salvadoreñas
del Golfo de Fonseca.
Mientras ellos embarcan la carga, un pick up doble cabina color blanco,
placas salvadoreñas, entra en la base militar de la Fuerza Armada
de Nicaragua en Potosí. En el asiento trasero viaja el subteniente
que permitió el ingreso del vehículo. Mientras que en la
cama del pick up, el fotógrafo, que cedió su lugar al subteniente,
ve a través del zoom de su cámara la faena en el muelle.
“¡Aquí no se pueden hacer fotos!”, grita un empleado
de la delegación de la aduana en el puerto, quien ha corrido tras
el vehículo al observar que uno de sus ocupantes lleva una cámara
cuyo lente apunta al muelle. Cuando el fotógrafo ya está
frente a las aguas del golfo, el funcionario de aduana le increpa: “Venga,
venga para acá que no me lo voy a comer”.
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| Mercado. El Ayote es calificado como un puerto
de montaña desde donde, incluso, vienen productos a El Salvador.
Foto EDH |
Luego sigue una breve conversación:
—“¿Usted sabe que eso va de contrabando para su país?”
, pregunta el burócrata.
— “Sí, pero eso a mí no me interesa. Lo que
quiero es hacer la foto del mar”, responde el fotoperiodista.
— “No, aquí no se puede”, reitera el empleado
de aduana.
Esa carga que el pasado 6 de agosto era preparada para ingresar a El Salvador
de forma ilegal, pudo llegar a dos destinos: desembarcar en uno de los
10 puntos ciegos por los que ingresa esta mercadería vía
marítima o caer en las manos de la policía de finanzas que
vigila algunos de esos puntos.
Desde enero de 2000 hasta el 6 de julio pasado, agentes de esta división
habían decomisado 460 mil libras de quesillo, 3 millones 625 mil
libras de queso morolique y 217 mil libras de crema. El contrabando, al
otro lado de la frontera, del que fue testigo El Diario de Hoy, era sólo
un eslabón en una larga cadena de distribución que inicia
en las cordilleras nicaragüenses que separan el centro del país
de su costa atlántica.
La ley del más fuerte
Hasta el viernes pasado, en el centro de San Salvador, una libra de queso
morolique valía $1.85. Durante el invierno, cuando el pasto y la
leche abundan, en el municipio de El Ayote, en la Región Autónoma
del Pacífico Sur, una libra de este queso se cotiza en 11 centavos
de dólar, lo que en la moneda de curso nicaragüense se traduce
a 2 córdobas por libra (cuando 1 dólar equivale a 17 córdobas
y 50 centavos).
Aquí el precio sube de forma natural en verano, cuando el pasto
escasea, y de forma artificial cuando la compra se hace a través
de un intermediario.
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Para llegar a El Ayote desde Managua, primero se deben recorrer los 139
kilómetros de carretera pavimentada que separan la capital nicaragüense
de Juigalpa, cabecera departamental de Chontales.
Luego faltará paciencia y un vehículo de doble tracción
y buenos amortiguadores, para avanzar sin demasiado sobresalto en los
100 kilómetros de carretera no pavimentada que llevan de Juigalpa
a El Ayote. El estado de la calle es deplorable pero eso no amilana a
quienes, según una habitante del lugar, explotan a los campesinos
y, a precios bajos, adquieren una mercancía mejor cotizada en tierra
salvadoreña.
En El Ayote, desde el mediodía del viernes hasta las 3 p.m. del
sábado, un intermediario puede adquirir una marqueta de morolique
de 44 libras tras cancelar 88 córdobas (5 dólares). Este
es el dinero que recibe el campesino a cambio de ordeñar sus vacas,
cuajar la leche, salar la cuajada, prensar el queso cuatro días
y recorrer varios kilómetros a lomo de bestia (caballo, mula o
burro) y bajar hasta lo que ellos llaman “la ciudad”.
El queso morolique que aquí se comercializa se elabora con leche
no pasteurizada. Esto debido a la falta de electricidad en la zona y a
la falta de dinero para que un campesino, o un grupo de ellos, adquiera
una máquina que lo pasteurice. El queso es revendido a los propietarios
de camiones que lo llevan desde ahí hasta los mercados Oriental
y Mayoreo de Managua, donde los contrabandistas salvadoreños se
abastecen para llevarlo a los puntos ciegos con Honduras y el Golfo de
Fonseca.
El precio que un camionero paga por cada libra de morolique puede ir desde
los $0.11 hasta los $0.61, dependiendo de la cantidad que compre y de
lo familiarizado que esté con el lugar. Llegar por primera vez
a este municipio en un automóvil doble cabina, convierte a sus
tripulantes en sospechosos de narcotráfico.
Sí, El Ayote, según las autoridades, también es paso
de droga hacia Bluefields, capital de la Región Autónoma
del Atlántico Sur. Según María, una vecina del lugar
cuya identidad no se revela por seguridad, los narcotraficantes llegan
al lugar en camionetas

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