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Apoyando
El millón de firmas

Los indecisos, los que no se quieren comprometer deben recordar que a los tibios los vomitará Dios, así como a todos los que por pereza, indolencia o apatía no quieren firmar para completar el millón.

Publicada 13 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Se está llevando a cabo la campaña de conseguir un millón de firmas para apoyar la moción del Dr. Rodolfo Parker del PDC de reformar la Constitución para proteger a la familia, especificando que se considere el matrimonio como la unión del hombre y la mujer, así nacidos.

Y aunque lo de “así nacidos” parece una perogrullada, ya que es de sentido común que las dos personas que constituyen un matrimonio, la pareja y no el par, deben ser del mismo sexo por razones biológicas de procreación, psicológicas de complementariedad y hasta estéticas, urge remacharlo pues este tiempo parece haber acabado con el orden establecido, llevándonos al reinado de lo absurdo, cuyas consecuencias estamos todos padeciendo.

Si todos los salvadoreños soñamos con un país mejor y en la medida de nuestras fuerzas estamos empeñados en ayudar a sanear nuestra sociedad de los problemas de maras, de alcohol, de violaciones, robos y drogas, los que propugnan por la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, deberían explicar las ventajas que esto traería a nuestra sociedad y cómo mejoraría su calidad de vida.

Con una soberbia desmedida, el hombre está intentando convertirse en el centro del universo y hacer las cosas a su medida, olvidando que hay un Creador, que hizo el mundo de la nada, hizo al hombre a su imagen y semejanza y los creó hombre y mujer y puso el Decálogo, para todos los hombres de todos los tiempos, porque encierra los principios básicos para vivir en paz.

Como una prueba de su amor y confianza hacia el hombre, quiso hacerle partícipe de su poder creador, para que uno con una y para siempre, trajeran nuevas vidas al mundo, que crecieran y se desarrollaran en un ambiente de amor, seguridad y alegría, hasta convertirse en hombres y mujeres capaces de volar con alas propias, de lograr su autonomía mediante el uso adecuado de su libertad.

Pero a medida que el mundo se ha hecho menos cristiano, se ha hecho menos humano. Prueba de ello es la violencia y crueldad en que vivimos; la falta de respeto a la mujer, a la familia y a la niñez. El permisivismo sexual, la pornografía incontrolada en los medios de comunicación, justificada con una libertad que realmente no existe. Hasta pretender legalizar esos arrejuntes y llamarlos matrimonio, una institución de ley natural, y que Jesu-cristo elevó a la dignidad de sacramento.

Sin embargo, no deja de ser curioso el anuncio aparecido en un periódico de un concierto en que al publicarse el precio por pareja, se especificaba que se referían a las formadas por un hombre y una mujer. Nada de poder entrar los que como los aritos y los guantes, son únicamente par y jamás llegarán a ser pareja.

Las excusas de que no es necesaria la reforma porque la Constitución dice “unión de hombre y mujer” es ridícula ya que a futuro pueden alegar que aunque nacieron hombres, en el momento de casarse ya son mujeres, aunque en la realidad distan mucho de tener aspecto femenino, y más bien lucen grotescamente disfrazados, porque la feminidad es un regalo de Dios que nadie, ni operaciones ni maquillajes pueden improvisar.

Es obligación grave de todos los salvadoreños sin distinción de credos, ni de partidos políticos el estampar con santo orgullo su firma hasta llegar al millón y lograr que se reforme la Constitución en algo que verdaderamente vale la pena, pues pone un freno a futuros abusos. Este es el momento en que los diputados tienen obligación de tomar partido para defender a la familia y fortalecer las bases de la sociedad.

Los indecisos, los que no se quieren comprometer deben recordar que a los tibios los vomitará Dios, así como a todos los que por pereza, indolencia o apatía no quieren firmar para completar el millón.

*Columnista de El Diario de Hoy

 

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