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Breve Análisis
La muerte de la ronda de desarrollo
Los países en desarrollo no pueden,
y no deben, abrir plenamente sus mercados a los productos agrícolas
de Estados Unidos, a menos que se eliminen por completo los subsidios
norteamericanos.
Publicada 13 de agosto de 2006, El Diario de Hoy
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| Joseph
Stiglitz*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Las esperanzas de una ronda de desarrollo en el comercio mundial --que
abriera oportunidades para que los países en desarrollo crecieran
y redujeran la pobreza-- hoy parecen haberse desvanecido.
Si bien se pueden derramar lágrimas de cocodrilo, es necesario
calibrar la magnitud de la desilusión: durante mucho tiempo, Pascal
Lamy, titular de la Organización Mundial de Comercio, se había
esforzado por achicar las expectativas, a tal punto que resultaba claro
que cualquiera fuera el resultado, en el mejor de los casos, implicaría
beneficios limitados para los países pobres.
El fracaso prácticamente no causó sorpresa: hacía
mucho tiempo que Estados Unidos y la Unión Europea habían
dejado de cumplir las promesas que hicieron en 2001 en Doha, para rectificar
los desequilibrios de la última ronda de negociaciones comerciales
--una ronda tan injusta que los países más pobres del mundo,
en realidad terminaron mucho peor que antes--.
Una vez más, triunfó la falta de compromiso de Estados Unidos
con el multilateralismo, su obstinación y su voluntad de colocar
la conveniencia política por sobre los principios --e incluso sus
propios intereses nacionales--.
Ante la inminencia de las elecciones en noviembre, el Presidente George
W. Bush no podía “sacrificar” a los 25.000 cultivadores
de algodón adinerados o a los 10.000 cultivadores de arroz prósperos
y sus aportes para la campaña. Pocas veces tantos tuvieron que
renunciar a tanto para proteger los intereses de tan pocos.
Las conversaciones se empantanaron en la agricultura, donde los subsidios
y las restricciones comerciales siguen siendo tanto más elevados
que en la industria. Dado que el 70% aproximadamente de la gente en los
países en desarrollo depende directa o indirectamente de la agricultura,
son los perdedores bajo el régimen actual. Pero el foco en la agricultura
desvió la atención de una agenda mucho más amplia
que podría haberse tratado de manera tal que se hubieran beneficiado
tanto el norte como el sur.
Quizás el ejemplo más atroz sea el arancel de Estados Unidos
sobre las importaciones de etanol de $0,54 por galón, cuando no
hay arancel sobre el petróleo, y sólo un impuesto de $0,5
por galón sobre el combustible.
Esto contrasta con el subsidio de $0,51 por galón que las empresas
norteamericanas (un alto porcentaje del cual va a una sola firma) reciben
sobre el etanol. Por lo tanto, los productores extranjeros no pueden competir
a menos que sus costos sean $1,05 por galón más bajos que
los de los productores norteamericanos.
Los gigantescos subsidios hicieron que Estados Unidos se convirtiera en
el productor de etanol más importante del mundo. Aún así,
a pesar de esta enorme ventaja, algunas compañías extranjeras
todavía no pueden triunfar en el mercado norteamericano.
En las conversaciones comerciales, Estados Unidos dijo que recortaría
los subsidios sólo si otros retribuían abriendo sus mercados.
Pero, como señaló un ministro de unpaís en desarrollo:
“Nuestros agricultores pueden competir con los agricultores norteamericanos,
pero nosotros no podemos competir con el Tesoro de Estados Unidos”.
Los países en desarrollo no pueden, y no deben, abrir plenamente
sus mercados a los productos agrícolas de Estados Unidos, a menos
que se eliminen por completo los subsidios norteamericanos.
En el inicio de la ronda de desarrollo, la mayoría de los países
en desarrollo temían no sólo que la Unión Europea
y Estados Unidos no cumplieran con sus promesas (cosa que hicieron en
gran medida), sino también que el acuerdo resultante nuevamente
los perjudicara aún más. En consecuencia, gran parte del
mundo en desarrollo se siente aliviado de que, por lo menos, se evitó
este riesgo.
De todos modos, hubo un segundo riesgo: que el mundo pensara que el acuerdo
en sí había alcanzado los objetivos de una ronda de desarrollo
planteados en Doha, y que los negociadores luego se propusieran, una vez
más, lograr que la siguiente ronda fuera tan injusta como las anteriores.
Esta preocupación, también, hoy parece haberse apaciguado.
En realidad, todo el mundo pierde si se debilita el sistema de comercio
multilateral. El resto del mundo no debe adoptar el enfoque unilateral
de Estados Unidos: el sistema de comercio multilateral es demasiado valioso
como para permitir que lo destruya un Presidente norteamericano que, en
repetidas ocasiones, demostró su desprecio por la democracia global
y el multilateralismo.
Copyright: Project Syndicate.*Ganador del Premio
Nobel de Economía en 2001.

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