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Un magnífico Ejemplo
El coro de la cárcel

Durante el programa se ve una sesión de trabajo con la psicóloga, en la que cada uno explica los problemas que le causó la droga y cómo están asumiendo por voluntad propia la necesidad de recuperación.

Publicada 13 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

Pedro Roque*
El Diario de Hoy

editorial@ elsalvador.com

Quiero contarles sobre el programa de varios capítulos que está emitiendo TVE titulado: “El coro de la cárcel”. He decidido este asunto, por la noticia que leí en la página de la Internet de EDH, sobre la fuga de 38 detenidos en el penal de Cojutepeque.

Todo sucede en el penal de El Dueso, que se encuentra en Canta-bria, en un entorno natural muy bonito y lo que se pretende es mostrar a la sociedad que los penales no son mazmorras donde los reos están en lo oscuro y amontonados y, además, sobre los programas de rehabilitación para preparar a los internos y facilitarles su reinserción social.

El programa muestra cómo se desarrolla la vida en el penal y los protagonistas son doce reos, una profesora de canto y una sicóloga. Los reos son personas condenadas por robos, hurtos y tráfico de drogas, que mediante el esfuerzo y la ayuda de la profesora de canto en un largo proceso de afinamiento y conjunción de sus voces, forman un coro y llegan a cantar canciones populares que ven todos los televidentes españoles.

Además, se ve cómo funciona una cárcel limpia y ordenada, pues las cámaras entran hasta las celdas donde caben dos literas y están cuatro personas, también se ve el comedor, los patios, el gimnasio y las salas de visita.

La terapia, por lo que entendí, consiste en concentrar la atención de los internos en algo que les interesa y que tienen que aprender e irse superando, hasta darse cuenta de que son capaces de hacer cosas buenas, que nunca pensaron podrían llegar a hacer.

Que son capaces de cometer delitos, ya lo saben y por eso es que están detenidos. Ahora el proceso de reeducación consiste en conseguir que se demuestren a si mismos su capacidad para hacer algo bueno por ellos y por sus familias y mediante el proceso aprendido, repetirlo para otras buenas iniciativas cuando estén fuera de la cárcel.

Durante el programa se ve una sesión de trabajo con la psicóloga, en la que cada uno explica los problemas que le causó la droga y cómo están asumiendo por voluntad propia la necesidad de recuperación, para dedicarse a si mismo y a su familia.

Todos tienen compañera de vida o esposa e hijos que los están esperando, pero, por lo que dijeron, su compromiso principal de recuperación es “consigo mismo”, para al salir, buscar un trabajo y reiniciar su vida, pues están claros, de que por su juventud, aún tienen toda una vida por delante y el tiempo en cautividad, lo quieren entender como un paréntesis, en el que aprendieron a conocerse mejor y a entender, que lo que afuera y antes de estar en prisión, consideraban posible, en la realidad va en contra de la convivencia social y que los más perjudicados han sido ellos mismos y sus hijos.

Me impresionó un interno cuyo objetivo es demostrarle a su hijo de cuatro años, que es capaz de reconvertirse y de ser bueno, pues el niño le llevó el dibujo que había hecho en la escuela, cuando les pidieron que dibujaran a su papá. El niño dibujó la cara de su padre detrás de las rejas, pues así es, como el niño lo conoce.

Otro programa que funciona en El Dueso son los permisos temporales a internos para el acompañamiento como camilleros con grupos de personas que llevan enfermos a la Gruta de la Virgen de Lourdes, que con una gran fe buscan el milagro de curarse de alguna enfermedad grave.

No conozco el sistema penitenciario salvadoreño y supongo que tendrán programas parecidos.

Ojalá que cada día haya en El Salvador más inversión y más jóvenes participando en programas de prevención de la delincuencia, que muchachos en las pandillas y detenidos en los penales, pues al final, los programas de prevención no sólo son más económicos en términos monetarios, sino también, en el costo y daños a la sociedad y a las familias por lo que significa, que en lugar de que el padre o la madre esté desempeñando un trabajo y viviendo con su familia, se encuentren detenidos en un penal.

Y para los que ya fueron juzgados y estarán cautivos por un tiempo, lo mejor, supongo, es aceptar la situación y aprender algo bueno y útil para que al salir, vuelvan a la sociedad en paz y que sus hijos, mujeres, parientes y amigos estén orgullosos por ellos.

Y para quienes dentro de los penales lean este artículo, que sepan, que también lo he escrito para ellos.

*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy

 

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