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La Nota del Día
Sigue la impunidad: sueltan a los robacasas

Crear el caos es parte de la estrategia comunista para derrumbar nuestra sociedad,
estrategia que se apoya en los camaradas jueces

Publicada 13 de agosto de 2006, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Como ya se volvió norma en nuestro pobre país, la seguridad y la tranquilidad de la gente —la gente que trabaja con honestidad— para los jueces está por debajo del interés de los criminales. Valiéndose de toda suerte de subterfugios, de interpretaciones retorcidas de la ley, de ocurrencias y arbitrariedades, la mayoría de criminales sale libre tan pronto la policía la presenta al tribunal. En cuanto a las víctimas, “muy bien, gracias por preguntar”.

Hay un trasfondo en esos sobreseimientos, muchos de los cuales van a engrosar la enciclopedia de las barbaridades judiciales. Una primera razón es que aquí sueltan criminales porque nuestras leyes, las leyes para suizos, sólo admiten como prueba las deposiciones de víctimas y testigos, ignorando las evidencias circunstanciales, el dicho de decenas de personas, el reconocimiento que de ellos hicieron muchos de los asaltados y lo que se encontró en poder de los delincuentes al capturarlos.

Pero sobre todo por desconocer a propósito lo que el buen instinto y la sana crítica debe decirle al juez como lo dice a los ciudadanos: que los sujetos que caen tras una minuciosa investigación policial no es por error o malicia de la autoridad, sino porque un cúmulo de indicios, de pruebas circunstanciales, de señalamientos y de antecedentes, los identifican como los autores de un atraco, una violación o una masacre.

Un número de jueces libera criminales para cumplir consignas cuyo objetivo es generar un clima de terror, socavar la confianza ciudadana en sus instituciones y hacer perder a los partidos democráticos en la elección del 2009. Crear el caos es parte de la estrategia comunista para derrumbar nuestra sociedad, estrategia que se apoya en los camaradas jueces que con harta frecuencia han obligado a testigos a mostrar su rostro y ser asesinados.

Carne de unos, veneno para el resto

¿Por qué fueron liberados los robacasas, cuando hay tantas evidencias que los incriminan? La respuesta es que nadie declaró en contra de ellos, pues nadie quiere convertirse en testigo asesinado, como es ya la rutina en toda clase de procesos contra mareros, homicidas, violadores y narcotraficantes. Se mata a testigos porque dejarlos vivos acabaría con el clima de impunidad de que se vale el crimen organizado para expandirse y para anular la resistencia de la gente. Que doce mil mareros mantengan secuestrado a Soyapango es sólo posible por las leyes para suizos y la impunidad que estas han generado.

A la par de los sobreseimientos dictados por los camaradas jueces, se ha montado una campaña culpando al gobierno del incremento en la delincuencia y la inseguridad ciudadana. La policía hace las pesquisas, recoge pruebas, gasta muchos recursos en averiguar el paradero de los delincuentes, pone en riesgo a sus agentes, interroga a los capturados y lleva todo eso al tribunal para que el camarada juez, un baluarte de la revolución comunista, lo eche al suelo de un plumazo.

Todo excelente para la revolución y el crimen organizado, pero a costa del sufrimiento y las vidas de los salvadoreños, que en su mayoría no sólo no puede salir a la calle por la noche por los asaltos, sino que tampoco está segura en su casa por las bandas de asaltantes, que son extorsionados en sus sitios de trabajo y sus negocios y padecen los atascos y cierres de calles de la muchachada roja.



 

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