| Segunda parte
Luis Fernández Cuervo*
El
Diario de Hoy
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Los países europeos desarrollados tratan de salir de esa natalidad inferior a la mortalidad, estimulando económicamente a las mujeres y matrimonios que tienen hijos. Y sin embargo, sólo algunos han conseguido elevar algo la cifra, pero siempre muy por debajo de la cifra de 2,1 hijo por mujer en edad fértil, que es cuando se produce el “crecimiento cero”, situación en que se igualan los nacimientos a las defunciones.
Alemania, que de esos países es el que más favorece económicamente a la natalidad, anda buscando un culpable, pues su tasa de fecundidad anda por 1,37 hijos por mujer. Una presentadora de TV, Eva Herman, se ha atrevido a exponer una causa muy “políticamente incorrecta” con un artículo en la revista Cicero (Die Emanzipation --ein irrtum?-- mayo 2006), donde plantea la emancipación de la mujer como un error. Herman no cuestiona el trabajo de la mujer fuera de la casa, pero considera culpable al feminismo del suicidio demográfico europeo.
Hermann sostiene que Dios ha creado a la mujer y al hombre iguales en dignidad pero distintos y complementarios y no como seres destinados a competir entre sí por el poder y la riqueza. “Desde hace algunas décadas” --insiste-- “las mujeres hemos luchado contra todas aquellas leyes que han garantizado la supervivencia de la especie humana.”(...)”la presión materialista nos somete. Tanto que estamos dispuestas a sacrificar a nuestros hijos y el dinero que tanto nos ha costado ganar para que otra persona los cuide. ¿Absurdo?” (...) “la mujer trabajadora se ha convertido en una parte esencial de la sociedad de consumo. Pero libertad y verdadera emancipación sólo hay en muy pocos casos. Y esta sopa, queridas amigas, nos la hemos cocinado nosotras solas”. Añade, además, que los maridos, ante esa situación, se sienten menos vinculados y con menor responsabilidad hacia la mujer y hacia su familia.
Por supuesto que hay quienes se oponen a querer ver los motivos culturales equivocados como los culpables. Pero cada vez se oyen más voces, como la del sociólogo Thomas Klein, de Heidelberg, que después de estudiar a 5.000 mujeres durante 12 años, concluye que lo decisivo para tener o no tener hijos no son los aspectos materiales ni el trabajo o la profesión, sino la percepción del valor que puedan aportar los hijos a la propia vida.
Hanna-Barbara Gerl-Falko-vitz, profesora de Filosofía de la Religión (Universidad de Dres-de), define la mentalidad del ser humano postmoderno como un hombre que quiere ser dueño de su destino. Todo se planifica y la vida pierde su sentido de don divino. Los hijos deben llegar cuando los padres lo han decidido y si se puede, incluso con las manipulaciones genéticas adecuadas, deben ser como los han imaginado. Los hijos, entonces, son algo calculado, comprado, “propiedad”, un “derecho”.
Con esa mentalidad de hijo-objeto, no se admite el misterio ni el respeto a cada nueva vida. Tampoco se admite un hijo no deseado, que llega a destiempo, y se decide el aborto. Por eso las parejas se lo piensan una y otra vez antes de decidirse a ser padres y se retrasa la del primero. Así, en España también, muchas mujeres cuando se deciden a tener uno ya son lo que en Obstetricia se conoce como “primípara añosa”, lo cual requiere cuidados especiales por los riesgos de un parto difícil. Otro sociólogo alemán, Günter Bukart, en Die Zeit, llama a esta mentalidad calculadora y egoísta como “cultura de la duda”.
La crisis de la natalidad es, desde luego, un fenómeno de causas y motivos complejos y ni la visión económica ni las cifras estadísticas dan una explicación completa. Hay que tener en cuenta otros factores, además de los habitualmente considerados. Por eso el demógrafo norteamericano Nicholas Eber-stadt, menciona tres buenas diferencias norteamericanas con respecto a Europa y otros países desarrollados: “Mayor optimismo, mayor patriotismo y valores religiosos más firmes”. ¿Patrio-tismo, religión?¿Esos no son valores anticuados, propios de países subdesarrollados?
Otra idea que se abre paso, que honra al silenciado economista Julian Simon --el que demostró lo que ahora se va admitiendo-- y a los pocos columnistas salvadoreños que lo publicamos, es lo que el The Wall Street Journal escribía (2-6-2006) en una editorial sobre la superior natalidad de Estados Unidos: “Nuestra floreciente economía atestigua que los seres humanos, durante tanto tiempo condenados como la suprema amenaza para el planeta, son su recurso más indispensable”.
Añado yo que es bien fregado que hayan sido y sigan siendo todavía instituciones norteamericanas --más de veinte-- las que nos sigan vendiendo la idea, con elegantes chantajes si queremos oponernos, de que para progresar nosotros tenemos que seguir frenando más nuestra natalidad. ¿Se enterarán de una vez por todas los señores del gobierno?
*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. lfcuervo@telemovil.net

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