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Diario de Hoy
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La pizza será “pan elástico”, el helicóptero “avión de alas móviles”, el chat “una corta conversación” y Dios sabe cómo se denominará el teléfono o la Internet, al entrar en vigor la prohibición de usar, en Irán, palabras extranjeras. Irán, la teocracia montada en 1978 por Jimmy Carter con los derechos humanos.
Los iraníes, nos cuenta el diario italiano Corriere della Sera, usan corrientemente el inglés y el francés para tratar con extranjeros, para lucirse con sus amigos, para educarse y para comunicarse, considerando que sólo en su país se habla el farsi, un idioma de origen indoeuropeo, vale decir emparentado con el latín, el español y, en gran medida, con el inglés. De esto a obligar a toda la gente a vestirse con pijamas y camisones además de taparse la cabeza, es sólo un paso. Desde Carter los iraníes van como los cangrejos, caminando para atrás.
Creemos que fue Ortega y Gasset quien dijo que los idiomas estancos eran lo propio de los pueblos decadentes; lo que caracterizó al Bajo Medioevo, la edad feudal, fue el uniformemente malo y primitivo latín que se hablaba y escribía en toda Europa; cuando el continente comenzó a salir de su letargo, también se fue abandonando el latín en favor de las nuevas lenguas como el italiano, el francés y el español, idiomas que más de alguno en su momento, estimó que eran degeneramientos del latín.
Eso es precisamente lo que intentan impedir las prohibiciones de los ayatolas iraníes: que Persia se mueva, que salga de la mazmorra religiosa en que se encuentra, que la mujer se libere y asuma su dignidad, que la razón sustituya a la superstición, que en vez de estar anclados en el Siglo VII de nuestra era, se sitúen en el Siglo XXI.
Sin razón, como los animales
Es válido que se cuide el buen hablar, que se cumpla con las normas gramaticales propias de cada idioma, que se atesore la belleza de cada lengua, especialmente cuando muchos de sus tesoros y esto sucede con la poesía, se traducen mal. Cuando hace muchos años estuvimos en Teherán nos alojamos en el hotel Firdusi, así nombrado por un gran poeta persa del Siglo X. Pero nunca pudimos leer uno de sus poemas y lo que conocemos de otra de sus enormes luminarias literarias, Omar Kahram, es gracias a la versión muy libre al inglés de Edward Fitzgerald. Muchos nos lamentamos de las pobres traducciones de la poesía de Goethe que hay en español y en inglés, temibles barreras a un universo de inconmesurable belleza y profundidad filosófica.
Es un deber de todos atesorar los legados de cada cultura, pero de eso a prohibir que la venta de pizzas se llame La Góndola o que enviemos e-mails, es demencia de la grave, la que llevó a destruir los budas de Kandahar y a forzar a muchachas a suicidarse porque se ven con un novio. La esencia de los fundamentalismos, se trate de los islámicos, de los marxistas o de los que prohiben las transfusiones, es cerrarse a la realidad, al progreso, a los argumentos, a la lógica. Es no ver lo que se tiene frente a los ojos, negarse a admitir los argumentos del contrario, creerse en posesión de la verdad absoluta, estar privados de razón como los animales.

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