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Tráfico letal

Una de las películas más vibrantes del año desmenuza el sombrío mundo de la venta de armamento


Publicada 3 de agosto 2006, El Diario de Hoy

José Iglesias Etxezarreta
El Diario de Hoy
vida
@elsalvador.com

Cuando la indignación sofoca la garganta y ahoga el rugido de la rabia, sólo hay un instrumento más poderoso: el sarcasmo.

De éste se ha valido el neozelandés Andrew Nicool, hasta ahora ocurrente pero anodino guionista y productor de Gattaca (1997), El show de Truman (1998), S1m0ne (2002) y La terminal (2004), para desarrollar esta feroz panorámica de la epidemia más mortal del mundo: la venta de armas.

Para ello, narra el ascenso y la caída en su particular oficio de Yuri Orlov, un emigrante ucraniano de la Pequeña Odessa neoyorquina con un objetivo: “Hay 550 millones de armas de fuego en el mundo. Una por cada 12 personas en el planeta.

La única pregunta es: cómo armamos a los otros 11”. Con el poco sugerente historial de su realizador a las espaldas, poco podía esperarse que esta brutal historia no sólo arranque con uno de los más deslumbrantes planos secuencia de los últimos años (la “vida” de una bala, desde su “nacimiento” de una plancha de bronce hasta el momento en que se entierra en el cráneo de un niño en el oeste de África), sino que se mantenga y crezca en ritmo, dureza y agudeza (“Vendo a izquierdistas, y a derechistas.

Vendo a pacifistas, pero no son mis clientes más regulares”). Incluso la excesiva gestualidad habitual de Nicholas Cage, quién además financió parcialmente el film, es ideal para el devenir frenético de la cinta en su rol del cínico traficante de armas (“Sin operaciones como la mía sería imposible para ciertos países conducir una guerra respetable”).

Ácido. Hasta el histrionismo de Nicholas Cage se adecua al sarcasmo vertiginoso de este film.Foto EDH

Un elenco que funciona como un metrónomo (Jared Leto, Ian Holm, Donald Sutherland, Ethan Hawke, entre otros), una cinematografía helada y una banda sonora majestuosa de Antonio Pinto (Ciudad de Dios, Colateral) completan uno de los estrenos más vibrantes, sobresalientes y críticos del año: “Y mientras el mayor traficante de armamento del mundo es su jefe -el Presidente de los Estados Unidos, que distribuye más mercancía en un día que yo en un año- algunas veces es embarazoso el encontrar sus huellas digitales en las armas. Algunas veces necesita un agente libre como yo para suministrar a fuerzas a las que no se le puede ver suministrando.

Así que tú me llamas malvado, pero desgraciadamente para ti, soy una maldad necesaria”. El impacto de su talento y de una historia basada en hechos demasiado reales le ha valido que sea recomendada por Amnistía Internacional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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